Todos en la luna

Por Javier Pardo de Santayana

( Imagen en la Luna, de las primeras que se toman desde la superficie lunar en 37 años)

Doy un vistazo a los periódicos del día y no hay nada que así, de golpe, me sorprenda, salvo por una excepción: el ABC, cuya portada ocupa totalmente una composición fotográfica que representa la aparatosa superficie de la Luna. Con un detalle significativo, una pequeña banderita roja de la que parece desprenderse la noticia de que China ha conseguido colocar en ella un artefacto.

Saltemos a la noche. El programa en el que habitualmente se presentan y comentan los acontecimientos diarios discurre por los cauces habituales: asuntos que atañen a la política de corto alcance como en cualquier jornada precedente, hasta que llegando ya al final, cuando parece que se van a cerrar los temas programados con el repaso de los titulares y el avance de lo que sucederá el día siguiente, un contertulio insinúa que convendría mencionar siquiera un hecho que podría también ser interesante: que la República Popular China puso en la Luna una sonda con la novedad no desdeñable de que el aterrizaje (1) tuvo lugar en la llamada “cara oculta” del satélite. Y aun siendo comprensible que la hazaña traiga sin cuidado a la inmensa mayoría de una “ciudadanía” que imagino pendiente de terminar el mes sin grave daño para su economía, no deja de llamarme la atención que tanta gente permanezca totalmente ajena a la relevancia del suceso.

Sobre todo teniendo en cuenta la acusada intención que se desprende de la noticia revelada, puesto que es evidente que estos astutos chinos emergentes, conscientes de lo que importa la publicidad en nuestros días, pretenden llamar nuestra atención poniendo su osadía en una parte de la Luna cuyo nombre sugiere la aventura y el misterio: la de “la cara oculta”. Porque – curioso detalle del comportamiento de los astros – esta faz del satélite vecino jamás pudo ser vista desde el planeta Tierra por un ser humano.

Sí, señores: el astro-mujer que desde siempre acompaña nuestras vidas y cuya triste faz seduce a los poetas, tiene además una alma misteriosa oculta; algo que ella nos hurta celosamente cada noche. De aquí que revelarlo se semeje a profanar su natural más íntimo; algo que en todo caso no admite medias tintas: la prueba fehaciente de la intención que tiene de escandalizar en este caso al mundo entero. Y aún se añade otra noticia llamativa: el anuncio de un experimento novedoso consistente en sembrar un par de especies vegetales: el algodón y la colza. Sí, la colza, la famosa colza que hoy vuelve a las andadas. Que cómo se hará será una nueva incógnita.

De lo cual se deduce que lo que desea la China comunista es gritar al mundo “aquí estoy yo”, que es como decir que ya se encuentra en situación de ser considerada la potencia mundial que ella se siente. Que no sólo reta a la norteamericana en el terreno de la producción mundial de bienes y servicios, sino que ya ha alcanzado un nivel de avance tecnológico que la permite retar al más pintado. Y para hacerlo ver quiso crear una imagen de impacto poderoso: la de un gesto significativo de voluntad y de poder. Un gesto que parece merecer bastante más que un simple comentario lateral; basta con recordar lo que fue en su día el pugilato entre Estados Unidos y la Unión Soviética: aquél que se libró por la conquista del espacio y que acabaría dando al traste con la supremacía comunista en medio mundo.

Porque aunque parezca traernos al pairo y estar muy cerca de importar un bledo a nuestros compatriotas, no nos podemos limitar a valorar lo que es la observación desde el espacio como un entretenimiento para sabios cuando lo que en él se está jugando es el futuro, y éste se gana con cosas como éstas: en territorios y niveles a veces aparentemente exóticos mas no por ello menos importantes, como es el caso de un espacio exterior cada vez más transitado y más poblado de medios de comunicación y observación. Como lo es también otro mundo apenas explorado pero que gracias al deshielo se abre más y más al movimiento de los hombres.

Sí señores: mientras estas cosas ocurren y las grandes potencias mueven a la brega sus peones, cuando debiéramos estar pendientes de la evolución de los signos de los tiempos, aquí no pasamos del último fichaje deportivo – qué digo yo “deportivo”, futbolero – o de la última ocurrencia del político de turno cuya perspectiva respecto del futuro no va mucho más allá de la distancia que marca su poltrona.

(1) También en la Luna “se aterriza”, como se aterrizará en su día en el planeta Marte, pues no me digan ustedes que en Marte se “amartiza”.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leido