Ellos sí tuvieron mérito

Por Javier Pardo de Santayana

( Avión. Acuarela de Teresa Santos en Hispacuarela de Facebook) (*)

Hay que ver con qué facilidad nos acostumbramos a los adelantos de la técnica… Principalmente ahora, cuando cada día se producen cambios de enormes consecuencias en los medios de que disponemos sin que la gente siquiera lo comente. Lo asumimos, lo disfrutamos o sufrimos, y ahí se ha acabado la presente historia.

Sin embargo el hombre de hoy es bien consciente de vivir rodeado de inventos que le solucionan todo; lo que pasa es que suele integrarlos tan pronto como surgen y como si llevaran ahí toda la vida. Esto sucede por ejemplo con los sucesivos sistemas que nuestra generación ha utilizado para grabar la música, rodar escenas familiares o proyectar fotografías hasta llegar a la situación actual en que podemos hacer casi todas las cosas referidas con un solo aparato, que es el móvil.. Concretamente mi generación no pudo hacer ninguna de estas cosas hasta que yo no tuve los treinta y bastantes, y ahora recuerda con nostalgia el Cine Nic, los magnetófonos, los pick ups, los walkman, los CDs, las diapositivas, y las cámaras y proyectores de 8 milímetros.

Todos estos aparatos y otros muchos artilugios semejantes se quedarían por el camino y engrosarían la multitud de artefactos que pasaron ya al retiro. Unos fueron guardados por no saber qué hacer con ellos o descargados para entregar sus contenidos a los técnicos, y otros serían eliminados para que no estorbaran en la casa. La cuestión es cuánta información interesante, cuántos recuerdos imperecederos puedan haber caído de esta forma en el olvido. Supongo que este fenómeno complejo de nacimiento y desaparición a corto plazo es algo peculiar de nuestro tiempo: un exponente del impulso creativo probablemente más dinámico – yo diría que incluso hasta frenético – de la historia del hombre.

Decía yo que estamos tan acostumbrados a avanzar con los inventos que éstos ya ni siquiera nos sorprenden, y esto quiere decir que no valoramos suficientemente el valor de los hallazgos. Pero sí que estamos orgullosos de ser así y esto nos lleva a despreciar a nuestros parientes de otras épocas, a los que consideramos bastante menos listos que nosotros. Y ahí es donde quiero yo entrar para negarlo. Porque los descubrimientos más complicados y asombrosos – los más interesantes – quizá no sean los de ahora, cuando, ya vencidos los grandes obstáculos que el hombre encuentra en su existencia, nos encontramos en la explotación del éxito. Además partimos de un conocimiento acumulado por nuestros predecesores que resolvieron ya las incógnitas más esenciales para el ser humano.

Sí; en efecto, los grandes descubridores de la Historia – y quizás los de mayores méritos – sean personas desconocidas sin microscopios ni satélites; sin tan siquiera gafas en bastantes casos. Aquel hombre, por ejemplo, al que un buen día se le ocurrió fabricar aquella nada menos que la rueda. Porque ¿está usted seguro, improbable lector mío, de que en similares circunstancias usted habría tenido tan esencial idea y habría sido capaz de fabricarla sin contar con las herramientas de las que hoy dispone? Por un instante suponga que su casa es una cueva y que circula medio en cueros o con una piel de oso alrededor del cuerpo. Y que tan sólo cuenta con sus manos.

¿Le resulta fácil imaginar cómo un antepasado nuestro de la edad de piedra podría darse cuenta de la utilidad del hierro, ese metal que se nos muestra enmascarado? Porque lo que el hombre veía entonces a su alrededor era tan sólo la naturaleza tal como se nos presenta, y además había que extraer de la roca el mineral para fundirlo a una temperatura difícil de alcanzar frotando palitroques. ¿Y qué me dice del descubrimiento de la electricidad que ahora tenemos incluso en nuestras propias casas? Porque usted podría ver rayos y relámpagos, pero seguramente pensaría que se trataban de cosa de las nubes, así que ni se le ocurriría ir más allá. Sí, confiéselo usted, amigo mío, ya que se cree tan listo. Lo más seguro es que no fuera capaz de nada de eso. Y sin embargo la electricidad estaba en cualquier parte, y para producirla basta con hacer girar una bobina en un campo magnético… Pero dígame usted a quién puede ocurrírsele una cosa tan estúpida y tan rara.

Para rematar lo cual podría hacerle ver que algo que hoy nos resulta tan habitual como montarse en un avión y volar a Londres no pudo hacerse en una línea comercial hasta años después de que yo mismo hubiera nacido, es decir, al cabo de miles y miles – ¿millones ? – de generaciones.

Quisiera señalar, en fin, con este artículo, que aunque el hombre del siglo XXI dé por supuesto que quienes no manejaron el móvil y el ordenador serían personas de menor categoría intelectual que quienes sí lo hacemos, hay que reconocer que en muchos aspectos sí tuvieron por lo menos tanto mérito, ya que si no fuera por ellos no podríamos disfrutar de tantos chismes útiles como es perfectamente demostrable.

Reconozcamos, pues, el valor de su legado. Porque, mientras ellos no pueden volver para tomar conciencia del progreso que entre todos hemos alcanzado, cualquiera de nosotros sí puede situarse en su lugar retornando a estados más sencillos, más dependientes de la naturaleza. Cualquiera puede, efectivamente, irse a vivir a un caverna y rodearse de idénticos paisajes – que no han cambiado tanto con el tiempo – para plantearse el reto de vivir como en aquellas épocas y así admirar que superaran sus carencias, para, generación tras generación, llegar a ser capaces de comunicarse vía satélites o viajar a la luna, por ejemplo. O freír un huevo o curarse un catarro, simplemente.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c2.staticflickr.com/8/7883/40184760303_acb115b226_b.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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