Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 19) (*)

Escribo hoy, 19 de marzo, Día de San José; Día del Padre. Y reflexiono sobre lo que ahora es esta vocación, este destino. Sobre la responsabilidad de tener hijos. No quisiera asustar a nadie; que ya están como están las estadísticas mostrando el grave problema de que los españoles son cada vez menos generosos, poniendo así en peligro hasta el futuro de los jubilados. Ya conocen ustedes las razones: que las familias – o lo que ahora se toma como tales – son cada vez más cortas y los bebés no llegan ya a cubrir las bajas por fallecimiento de quienes se van al otro mundo.

¿La razón? Pues supongo que la comodidad; el deseo de no complicarse una existencia ya de por sí exigente en la que seguramente influye el panorama actual de nuestros jóvenes. Sí; los mayores les tenemos miedo; hay que decirlo. Nos preocupa sobre todo no llegar a ser capaces de evitar comportamientos no adecuados por no crear un ambiente familiar desagradable. Miedo a los jóvenes y si me apuran hasta a los pequeños. Temor a decirles la verdad, incluso.

De entrada está el problema de los tiempos, porque no es fácil encontrar los cuándo. La vida se ha hecho ya tan complicada que, no teniendo ninguno de los dos – me refiero al padre y a la madre – la responsabilidad del funcionamiento diario de la casa, los horarios de trabajo de ambos, los de los colegios y las guarderías, y los de tantas otras cosas que presionan, componen un panorama difícilmente manejable a la hora de organizar la vida de familia y lograr espacios de sosiego.

Luego está la tiranía del ambiente como factor de desorientación respecto a los problemas familiares, ya que para resolverlos nos guiamos, más que por principios morales asumidos, por latiguillos de corrección política según los cuales la culpa no es de nadie sino de una sociedad que no se sabe bien lo que es. Así que tenderemos a ponernos el parche en otro sitio que la herida.

Se trata de un ambiente desplazado desde el entorno familiar de amigos y de gente con cierta relación con ellos – recordemos los “guateques”, que aseguraban relaciones más seguras – a la inmersión en una noche sin perfiles, donde todo se mezcla y se desmadra. Que aquí puede venir a cuento un verso mío que describe las noches madrileñas. Se titula “La luna sobre Madrid” y reza así:

Flautista de Hammelin,
pretenciosa luna urbana,
luna maquillada, luna
del gran negocio comparsa.
Tú que pierdes en la acera
todas las noches el alma
y te ocultas tras los ruidos
y las muecas de las máscaras,
pervertidora de jóvenes:
luna de las noches largas,
luna travestida, luna
de vómitos y navajas,
¿qué ha sido de aquella luna
de silencios y añoranzas,
de aquella luna serena
de nuestras noches románticas?
¡Cuando la luna era luna
y eran de amor las palabras!

Sí; hoy la noche es un sórdido negocio y un ambiente artificial en el que todo se entremezcla y en el que muchos pierden el rumbo y se pervierten. Y, naturalmente, un peligro y una obsesión para los padres.

Luego está el tema del acceso fácil y temprano a cualquier tentación que aporta el “móvil” y otros muchos artefactos digitales; un problema que alcanza ya a los niños más pequeños con los tentadores juegos que, si quizá pudieran dar alas a la imaginación, ocuparán – e invadirán a veces – el territorio del estudio y la lectura. Y sobre todo que causan dependencia.

Y aún cabe mencionar otros peligros graves, como la pornografía. Hace unos días el psiquiatra español Enrique Rojas se decidía a dar un grito de alerta sobre lo que ya se está convirtiendo en una plaga. Según los datos recogidos, en el mundo civilizado más del 80% de los jóvenes ven pornografía casi diariamente. Así que más que preguntarles si la ven, habría que preguntarles “cuánta” ven. Y es que, aunque parezca exagerado, está ocupando el 50% de Internet. No es de extrañar, por tanto, mucho de lo que luego nos quejamos, y entre ello ese temor a formar una familia.

Así, efectivamente, ahora ya se puede comprender gran parte de lo que nos está pasando, sobre todo si añadimos los esfuerzos oficiales por imponer la tiranía del relativismo erradicando las convicciones religiosas, aquellas que ponían un tope moral, social y personal al desvarío. Las que aportaban un aliciente a la virtud y una llamada a la conciencia con el sentido del pecado.

Con lo cual podemos comprender mejor la “cosificación» actual de la mujer y quizá también de los abusos relacionados con el sexo. Además de muchas otras cosas.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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