Valderas, en León, viaje al bacalao

Por José María Arévalo

( Arco de Santiago en Valderas) (*)

La última excursión en la que he participado, el pasado mes de febrero, con la asociación de jubilados a la que pertenezco, Amsafa, ha sido al museo del pan de Mayorga, a Valderas y al museo de Semana Santa de Medina de Rioseco. De los dos museos escribiremos más adelante, hoy vamos a reseñar lo mucho que vimos en Valderas. Me apetecía esta excursión a volver probar el buen bacalao que recordaba de la villa leonesa, y que tomé hace unos veinte años en visita en coche con mi mujer, cuando ella vivía, y otro matrimonio amigo, y de la que solo recordaba, además del buen guiso, un arco que hay a la entrada del pueblo, próximo al cual aparcamos.

Así que me han sorprendido esta vez las muchas cosas que vale la pena disfrutar en Valderas. Como en ocasiones anteriores, se me ha adelantado con su crónica de lo sucedido, mi compañero José Ignacio Morillo, que ha publicado en la revista de la asociación, “El Mirador”, un muy completo y además divertido artículo, que va a ser la base de este. Lo titula “Viaje al bacalao” y comienza: “Al llegar a Valderas ya nos estaba esperando la guía en el antiguo seminario, hoy residencia de ancianos y sede de servicios municipales como el de turismo. Nos hizo una breve semblanza de la historia del pueblo y de sus casas blasonadas así que os voy a incorporar su reseña.”

“El nombre de Valderas proviene del latín Vallis Ferax (valle feraz). Esta villa posee un gran peso histórico sobre todo a partir del siglo XII cuando aparecen sus primeros documentos escritos con el nombre de Valderas. En el siglo XIV aparece formando parte del señorío de los Osorio siendo cabeza de las llamadas «Siete Villas de Campos» (Becilla de Valderaduey, Castroverde de Campos, Roales de Campos, San Miguel del Valle, Fuentes del Ropel, Villaornate y Valderas). Con el paso del tiempo se convirtió en una villa muy importante gracias a su apoyo a diferentes reyes en las sucesivas guerras contra Castilla, que le concedieron varios privilegios obteniendo así mucha riqueza y renombre.

Nos habló de los diferentes hombres ilustres del pueblo como el obispo Panduro, el padre Isla, los Osorio, los Arias… e iniciamos un recorrido por el pueblo para descubrir sus casas y sus huellas dentro del pueblo. El pueblo llegó a tener 5000 habitantes, hoy está en torno a 1000 y se mantiene por la agricultura y el turismo. Lo primero que visitamos fue el seminario que se construyó con la ayuda de Mateo Panduro obispo de Perú, pero originario del pueblo, que facilitó los medios para la construcción de este edificio de gran porte y que sirvió como seminario primero, luego como colegio y ahora se utiliza como edificio de servicios múltiples.

( Edificio de correos en la plaza Mayor de Valderas, que era la antigua casa consistorial. A la izquierda puede verse la casa más antigua de la villa) (*)

Desde allí iniciamos un largo y tortuoso camino, como dice la canción de los Beatles; primero paramos ante el busto del padre Isla que estuvo muy ligado al pueblo, incluso lo recoge en su obra más conocida, «Historias de Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes». A continuación llegamos primero a la casa de los Arias, y después a la de los Osorio. Os incorporo la reseña que figura en las mismas [se refiere al cartel explicativo que figura en un poste delante de cada una de ellas, que fotografió con su móvil delante de mí]:

La casa de los Arias es una casa del siglo XVIII que perteneció a esta rica familia; entre los miembros de este linaje destaca don Francisco Arias de Valderas que estudió derecho en Bolonia. En la fachada de la casa hay dos escudos, uno perteneciente a la familia Arias (compuesto por flores de lis, cuñas, llaves y jarrón con azucenas). Y otro, una vaca de sable, representa al linaje «Cabeza de Vaca». Precisamente esta última familia es oriunda de Valderas, como se puede comprobar en el cuartel derecho del escudo, una mano sosteniendo la bandera y una estrella, símbolo característico del escudo de la villa. La construcción presenta las características típicas de la arquitectura señorial de Tierra de Campos: un primer cuerpo realizado en piedra y el piso superior en ladrillo. También disponía de una bodega de grandes dimensiones que tenía una capacidad de 3500 cántaras (56.000 litros de vino).

( Palacio de los Osorio) (*)

Continuamos nuestro camino y nos encontramos con la casa de los Osorio. Sus orígenes se remontan al siglo IX. Este palacio perteneció a la familia Osorio cuyos miembros ostentaron importantes cargos como el de adelantado mayor del Reino de León, guarda mayor del rey o alférez mayor. Su relación con Valderas ya era patente en el siglo XII cuando don Gonzalo Osorio era teniente de la Villa y mayordomo real de Fernando II, rey de León. A partir del siglo XIV, el feudo de Valderas ya aparece como señorío de los Osorio cuya cabeza y personaje destacado fue Álvaro Pérez Osorio señor de Villalobos y de las siete Villas de Campos. De su cercanía a la corona y su poder da muestras la concesión en 1465 del marquesado de Astorga por el rey Enrique IV.

El palacio destaca por su fachada de piedra de sillería, el amplio portalón sobre el que ostenta el escudo de armas y como detalle más distintivo el balcón esquinado. Salvando las distancias, como el palacio de la Diputación de Valladolid o el palacio de los Guzmanes de León.

( Casa noble en la calle Demetrio Castrillo) (*)

Continuando con nuestro recorrido accedemos a la Plaza Mayor cuyo antiguo Ayuntamiento, de estilo renacentista, es como una copia del de Astorga. Hoy es el edificio de correos. Fue edificado sobre el solar donde se supone que estaba la casa de María de Zarzas. Data de 1701 y su estilo es herreriano, con dos torrecillas en los costados, con sendos balcones, rematadas por chapiteles que terminan en estípites. A la izquierda puede verse la casa más antigua de la villa.

Después accedemos a la iglesia de Ntra. Sra. la Virgen del Socorro que forma parte de un antiguo convento fundado por la orden de Carmelitas; fue un importante centro de cultura en el que estudiaron personajes ilustres, entre ellos el padre Isla. Vinculado a la iglesia se encuentra el Museo de Arte Sacro, gracias a la labor desinteresada de D. Niceto Tirados –que nos lo enseñó- existe y se mantiene como puede, pues él lo cuida, obtiene cesiones temporales, etc. sin ningún apoyo económico. El Museo ocupa el claustro del Convento del Socorro. Alrededor de la sala capitular está una sillería de nogal del siglo XVI. Por una puerta de la sillería se accede al Museo.

( Iglesia Stª Mª del Azogue, de Valderas) (*)

En el ala norte hay una colección de Cristos de los siglos XIII al XVIII entre los que podemos destacar al gran Cristo del fondo, con postizos naturales y también un Cristo del siglo XIII románico-bizantino, donado por un descendiente de Vitiza. También encontramos un Cristo yacente articulado del taller de Gregorio Fernández. Hay una Piedad del siglo XIV y al lado izquierdo un cuadro bordado sobre cera fundida. En el ala oeste hay un San Pedro gótico, una serie de exvotos y un San Francisco. Otras piezas de buena factura son un San Antón, un San Andrés y un San Juan que fue decapitado por los soldados napoleónicos. También se pueden ver allí La Cruz de los Espejos y el primer retablo que hubo en el convento, de principios del siglo XVII.

Seguimos la visita viendo otras casas señoriales y de repente, en el camino, nos encontramos con la panadería de los hermanos Estébanez especializados en productos artesanales. Se produjo un movimiento imparable hacia las hogazas de León, las mantecadas de Astorga, las magdalenas, los coquitos… en fin, la perdición. Después de este fracaso, algunos desertores buscamos la protección del bar «El canario» donde recuperamos el tono muscular y nuestro nivel de hidratación, además de saludar a un «soldadito de Pavia» (bacalao rebozado) de generosas proporciones.”

Los demás nos fuimos a ver los arcos de Valderas, uno en el interior, sobre el que se ha construido el Ayuntamiento actual, y otro a las afueras, que es el más conocido, el Arco de Santiago, magnífica joya mudejar.

( Escudo de Valderas en la fachada del antiguo Ayuntamiento) (*)

Ya que José Ignacio se perdió este importante tramo, tomamos la historia de lo que vimos de Wikipedia: Los dos arcos que se conservan son el arco de Santiago, que se encuentra al final de la calle de Santiago, y el arco de las Arrejas. El primero es mudéjar del siglo XIV y conserva su estilo por la parte de fuera donde puede verse el arco rodeado de un alfiz. Por la parte interior, sin embargo, hacia la calle de Santiago, el arco está bastante desvirtuado a causa de las sucesivas modificaciones que se le hicieron. Tiene una hornacina con la imagen de Santiago a caballo, obra del siglo XVIII, flanqueado a la izquierda por el escudo policromado de los Osorio y a la derecha por el de la villa, también policromado.

El arco de las Arrejas o Rejas o Rastrillo es un arco mudéjar reconstruido en el siglo XIV en sustitución de un simple pasadizo. Está casi escondido entre las edificaciones del moderno Ayuntamiento. Pertenece a la primera muralla y conserva el rastrillo y el arco mudéjar del interior, más el que mira al norte. La puerta que da al sur está muy desfigurada, con un ventanal abierto. En 2008, el arco fue restaurado retirándose elementos impropios del conjunto.

Pero sigamos la crónica de José Ignacio Morillo: “Poco después vino el resto del pelotón y el camarero del bar hizo el negocio del día. Desde allí, para seguir nuestro proceso de recuperación, nos fuimos a comer, al restaurante Casa Zoilo, el más típico. Terminada la operación bacalao, de forma relajada, haciendo la digestión como podíamos, pensábamos en una mini siesta hasta llegar a Medina de Rioseco, pero no fue posible, pues todos estábamos muy contentos y dicharacheros.”

( Comida en el restaurante Casa Zoilo de Valderas. Esteban Abarquero, Virgilio Maldura, J.M. Arévalo y los Esbec) (*)

Sobre el tema del bacalao tomo de la crítica gastronómica que también incluye la revista, una interesante explicación del presidente de la Asociación, Jesús Morentin: “Cuentan que Valderas, por su estratégica situación al sur de León y al lado de las provincias de Palencia, Valladolid y Zamora, se convirtió en un punto de encuentro de gentes que iban a comprar, vender o intercambiar sus enseres. Se trataba de uno de los mercados más importantes de ganado y aperos allá por principios del Siglo XX y que todavía hoy, se celebra los lunes de cada semana Este hecho hizo que en el mercado de los lunes se congregaran numerosas personas y, por este motivo, surgió la necesidad de dar alimento a todos ellos. Nace entonces un plato que dará fama para siempre a este pueblo leonés, el bacalao al ajoarriero. Una comida “de pobres” que con el paso del tiempo se ha convertido en un verdadero manjar.”

Y, ya que recojo parte de su crítica, Jesus, que es un experto culinario, sobre el bacalao que comimos dice: “Su elaboración no presenta excesivas complicaciones, ahora bien, hay que asegurar una serie de condiciones, como son: Un bacalao de buena calidad, una buena operación de “desalado” y generosidad en su servicio. A partir de ahí y tras una ligera cocción de un par de minutos, se sumerge en cazuelas de barro con abundante aceite de oliva, con mucho pimentón y ajos y se sirve a la mesa borboteando en la propia cazuela. Las cazuelas se distribuyen a lo largo de la mesa para cada cuatro o cinco personas. La verdad es que estaba exquisito y servido con gran generosidad. Las lascas de los trozos de bacalao se soltaban perfectamente y aun estando completamente bañado por el aceite, no producía ninguna sensación de grasiento.”

A mi, la verdad, me costó acabar mi ración, y el recuerdo del que comí en el mismo restaurante veinte años antes era mucho mejor. Claro que entonces era más joven y tenía un estómago a prueba de bombas.

En fin, muy interesante visita a la villa del bacalao, llena de arte e historia.

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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