Para que lo trabajara y custodiase. 11. Cebadales

Por Carlos de Bustamante

( Rastrojos.1969. Óleo de José María García Fernández, “Castilviejo”. 65 x100) (*)

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Se comprende que en aquellos tiempos se hacían panes con harina de cebada. Seguramente por las personas más pobres.

Salvo para elaborar pan con alto contenido en fibra, hoy no es lo habitual. Se preguntarán entonces, “a qué ton” este título incluso malsonante. Cebadal: terreno sembrado de cebada; el que lo es en extensiones mucho mayores que el del cereal rey.
Muy triste pero cierto, cuando se ven en las papeleras grandes trozos de pan, podría pensarse: ¿Es que sobra el que desde siempre fue alimento básico en el mundo mundial? Por supuesto que no. Millones de personas mueren de hambre en el mundo.

¿Entonces…? Aunque contundente en exceso, vivimos, digo, en el mundo de la alimentación con hamburguesas o en el del lujo de los chuletones y solomillos, para quienes, lejos de toda austeridad, existe el desmadre de no privarse de nada. Bienestar a toda costa y sálvese quien pueda.

“¿Será verdad —no creo, no creo— que en la tierra no hay hombres sino vientres?”, dijo para meditar el “santo de lo ordinario”.

Como el relator (brrr…) tampoco lo cree, para encontrar explicación a este cambio de tendencia, para nuestros labradores hay una explicación: la ley de la oferta y la demanda; de la producción y el consumo. Hasta la ocasión presente (aunque esto nunca se sabe por aquello de las algas marinas o productos sintéticos en píldoras), al pan, pan, y al vino, vino.

Barrunto, que no aseguro, dos motivos al menos para el desequilibrio entre los países pobres y poco desarrollados y viceversa: con el progreso en las producciones agrícolas – de otros aquí no se trata- las producciones alimentarias de todo tipo, se han incremento en cantidades asombrosas. Al tiempo de humanizar los trabajos y por ende el esfuerzo en realizarlos, junto a la disminución de mano de obra precisa para ejecutarlos, fue parejo el menor consumo del alimento más nutritivo y básico durante siglos: el pan. Por el contrario – y puede ser ésta la segunda causa del desequilibrio- paladares más exigentes, demandan alimentos más caprichosos.

El pescado (mariscos etc.), y la carne, han pasado a primer plano. Al no ser suficientes en estado “salvaje”, han sido precisos piscifactorías y cebaderos, gallineros etc.. Miles, millones de bocas que alimentar para los paladares cada vez más exigentes en exquisiteces en detrimento del pan. Y rápido incremento de piensos para la multiplicación de estas especies demandadas. Y de la cebada y cebadales ¿qué? Ahora.
Los animales que viven libres en estado que llamamos salvaje, no necesitan de la alimentación por mano de hombre, sino que de forma más o menos violenta, ellos mismos se buscan la vida.

Viene a colación cómo esto sucede así desde el momento mismo de ser creados por Dios. El único en el que creemos libremente los cristianos.

Y dijo Dios:” Produzca la tierra seres vivientes según su género: ganados, reptiles y bestias de la tierra según su género. Y fue así. E hizo Dios las bestias de la tierra según su género, y el ganado según su género, y todo lo que se arrastra sobre la tierra según su género. Y vio Dios que era bueno”. Item digo que dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves de los cielos, y sobre las bestias, y sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Si lo referido es parte y parte importe -fundamental-de esta serie, no lo es menos que, con transgresiones flagrantes a veces, el hombre cumple, y aún se excede en este beneficio divino. Dominó algunas de las bestias libres sometiéndolas al cautiverio para satisfacer necesidades o, ¡ay!, caprichos. Hizo – entiéndalo los animalistas si les pete-, lo que le fue concedido desde la creación de mundo. Mas a los que libremente se buscaban la vida, los tuvo que alimentar.

Llegamos así – y me perdonaréis tantos “arrodeos”-, al porqué del incremento de los cebadales y detrimento de los trigales. Es mucho mayor el número de animales cautivos que el de hombres libres en nuestro planeta. Nuestro pienso, con perdón, es el de verduras, sí, pero en cantidad y calidad creciente, pescados y carnes. La alimentación de las especies, precisa por lo general y en grandes cantidades, de la cebada.

Así, un mar de espigas bañadas por el sol, se mecen con un ondular suave en grandes “cachapales” de este cereal. Y el oro viejo en las espigas de trigo maduro, ha cedido el paso a mayores mares, tierra adentro, de los castellanos lugares con el imprescindible grano. El componente básico para pienso de los animales.

Ni mucho menos está dicho todo sobre trigales y cebadales, sin embargo y por mor de otros cultivos que esperan salir a la palestra, dejo el rollo macabeo de estos “ceriales”, para si Dios es servido, lean mis amigos y probables únicos lectores, otros productos que el Creador puso en la naturaleza para que el hombre trabajara y custodiase.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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