Indescriptible y deplorable

Por Javier Pardo de Santayana

( Diputados fraudoelectos, Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 21 de mayo) (*)

Deplorable es el adjetivo más amable que se me ocurre a la hora de calificar el ambiente que cualquiera pudo percibir en la sesión inaugural del nuevo elenco de diputados españoles. Ni a propósito podría haberse producido cosa igual: aquello parecía la representación de todos los pecados empezando por los capitales. La ambición, la envidia, la mentira y el odio estaban bien representados como lo estaban la falta de respeto y el insulto, la presunción, la caradura y la vileza. Todo ello matizado por el miedo. Y no digamos también por la ignorancia, como, por descontado, la mentira, que de eso bien sobraba.

Bonito panorama, dirán con sorna ustedes. Y aún nos quedamos cortos, porque tendríamos que subrayar el aspecto y las maneras. Baste con señalar la abundancia de camisetas serigrafiadas en lengua castellana con la clara intención de que se entendieran; pues como ustedes saben y yo he señalado muchas veces aquí lo normal es que expresen frases en inglés ininteligibles para la mayor parte de los españoles.

En efecto, nadie diría que la desmelenada muchedumbre que bullía en el recinto sacro de nuestro Parlamento representaba a una nación moderna y avanzada, puesto que parecía más bien un aquelarre de desgarramantas encantados consigo mismos de haber llegado allí por carambola, mas que se detestaban mutuamente. Vamos, que si pudieran nos volverían a los años treinta, cuando podía uno cargarse al jefe de la oposición previa amenaza desde los escaños.

Por haber había hasta un representante de “los mayores” cuya existencia yo desconocía y que se tomó tan en serio su trabajo que optó por disfrazarse de ancianito y expresarse continuamente medio en broma supongo que para transmitir la imagen de un abuelo venerable y asegurar cierto respeto a su persona, Cosa que se agradece en la medida que sus mal llamadas señorías se comportan como adolescentes mal criados.

Así veríamos a nuestros representantes (?) pugnando por coger el mejor sitio y haciendo ostensibles gestos de cómplice amistad con quienes estaban allí de carambola – puesto que su residencia actual se halla en la cárcel – o buscando un pie de foto a la manera del artista que hace méritos. Hasta vimos a un presidente de gobierno “in pectore” haciendo el caldo gordo al cabecilla de todos los golpistas para quedar con él más tarde y echarle una mano o cosa parecida. Es decir, nada que fuera verdaderamente lógico y formal, nada con cierto orden y sentido, nada de buena educación y de respeto: tan sólo muecas y posturas o gestos ofensivos conformando una estética de caos y desconcierto. En resumen, una total tomadura de pelo no apta para menores , como tampoco para quienes supongo les votaron pensando que se trataba de personas serias, bien formadas y conscientes del respeto que indudablemente merecen los votantes: gente con experiencia, conocimientos y criterio que, imbuida de su responsabilidad ante quien tomó la decisión de confiar en ella, procuraría estar a la altura del momento.

¡Con el esfuerzo y la ilusión que tantos pusimos en hacer que España fuera respetada y admirada! Lo digo porque no está aún tan lejos aquel tiempo en que lo conseguimos, y decir español era como decir algo bien hecho y a la altura de una Europa que tras el trance de la guerra fría pretendía recuperar la condición intelectual que le asignó la Historia, pero que sin embargo ahora muestra maneras rufianescas en políticos que hicieron su carrera reventando cajeros automáticos, profanando templos y capillas, o intentando volar la democracia pese a contar con la financiación de los dineros del Estado. En suma, agitadores revolucionarios y delincuentes actualmente en prisión pero que cobran del gobierno: profesionales todos ellos del odio y del engaño.

He aquí el curioso panorama de una democracia perteneciente a una nación con un nivel de vida como pocas y que en muchas cosas pudiera ser modelo de cualquiera, pero que, acongojada por las actitudes violentas y totalitarias de buena parte de sus representantes que se permite utilizar “escraches”, es decir, acosos personales – amén de insultos y maniobras ofensivas – a través de las redes sociales, ni se atreve a aplicar el reglamento del congreso para poner en su sitio a los rufianes de la nueva “agitprop” que trata de imponernos la revolución bolivariana como promesa de futuro.

O a quienes pretenden romper una España que es de todos para instalar en ella su particular negocio.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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