La osteoporosis está entre las primeras causas de fractura de hueso en mujeres mayores de 40 años

Edad: las 4 principales enfermedades de los huesos

Pocas bromas con esto. Y los que tengan cierta edad, seguro que lo tienen claro.

Los huesos son tejidos vivos compuestos por células óseas que van muriendo y regenerándose. De hecho, aproximadamente cada 10 años, los huesos de nuestro cuerpo se han renovado por completo.

Disponemos de 206 huesos, los cuales son las estructuras más rígidas y duras del organismo y cumplen con muchas funciones.

Junto a los músculos, el sistema óseo permite la locomoción, es decir, la realización de movimientos precisos y coordinados. Además, al ser tan resistentes, tienen la responsabilidad de proteger a los órganos vitales, como por ejemplo el cerebro, los pulmones o el corazón.

Y no solo eso, pues en el interior de estos huesos se encuentra la médula ósea, un tejido esponjoso encargado de generar todos los tipos de células sanguíneas distintas.

Dada esta importancia y el hecho de que sea un tejido vivo como cualquier otro, los huesos pueden enfermar y causarnos trastornos que, pese a que pueden ser simples molestias, llegan a comprometer la calidad de vida de la persona aumentando el riesgo de sufrir fracturas e incluso afecciones letales como el cáncer.

Aunque la osteoporosis está entre las primeras causas de fractura de hueso en mujeres mayores de 40 años, no es lo único que puede afectar al sistema óseo…

1. Osteoporosis
La osteoporosis es una enfermedad de los huesos en la que la masa ósea se va perdiendo más rápido de lo que se regenera, cosa que hace reducir la densidad de los huesos y, consecuentemente, hacer que estos sean más débiles.

Es un trastorno propio de edades avanzadas y afecta especialmente a mujeres en edad posmenopáusica. La pérdida de densidad ósea hace que los huesos sean cada vez más quebradizos, por lo que es muy probable que ante leves caídas o golpes poco contundentes, se fracturen. Los huesos más afectados suelen ser los de la cadera, muñeca y columna vertebral.

El tratamiento consiste en la administración de medicamentos que fortalecen los huesos. De todos modos, la mejor terapia consiste en la prevención. Como más contribuyamos durante nuestra juventud a mantener los huesos fuertes, menor impacto tendrá esta pérdida natural de masa ósea. Por ello, es importante tomar siempre calcio y vitamina D, además de hacer deporte para fortalecer los huesos.

2. Cáncer óseo
El cáncer de huesos es poco frecuente. De hecho, no está ni entre los 20 más comunes y representa solo un 1 % de todos los cánceres diagnosticados cada año en el mundo. De todos modos, se trata de uno de los cánceres más peligrosos, por lo que es de vital importancia localizarlo rápidamente e iniciar el tratamiento oncológico cuanto antes.

Se desconoce la causa de la mayoría de casos de cáncer de hueso, aunque un pequeño porcentaje puede explicarse por el factor hereditario. Más allá de esto, sigue siendo un misterio por qué muchos casos se diagnostican en niños y adultos jóvenes, algo poco frecuente en otros tipos de cáncer.

Generalmente, el cáncer óseo se manifiesta con los siguientes síntomas: dolor de huesos, inflamación en la región en la que está el tumor maligno, debilidad y fatiga, tendencia a sufrir fracturas óseas, pérdida de peso involuntaria…

En cuanto al tratamiento, si el cáncer está localizado y no se ha expandido, la extirpación quirúrgica puede ser suficiente. En caso contrario, habrá que recurrir a la radioterapia o a la quimioterapia en función del estado en el que se encuentre el cáncer y del estado de salud general del paciente.

3. Osteomielitis
La osteomielitis es una enfermedad ósea causada por una infección por parte de algún patógeno, generalmente del género “Staphylococcus”. Estos gérmenes pueden llegar al hueso y colonizarlo si el propio hueso queda expuesto al entorno a causa de una lesión o, de forma más frecuente, si viajan a través de la sangre hasta llegar a los huesos.

La causa de la osteomielitis suele ser sufrir otra enfermedad infecciosa (neumonía, cistitis, uretritis…) en la que los patógenos diseminan a los huesos o sufrir heridas punzantes o abiertas en las que la contaminación ambiental llega al hueso.

Los síntomas, además de la inflamación y enrojecimiento de la región afectada, son la fiebre, el dolor en la zona de la infección, la debilidad y la fatiga. El problema es que puede derivar en la muerte de las células óseas, provocando una necrosis que puede poner en riesgo la vida de la persona.

Por ello, el tratamiento suele consistir en la administración de antibióticos para matar a las bacterias patógenas. Sin embargo, es posible que, si ha sucedido la muerte de las células óseas, sea necesaria una extirpación quirúrgica de la masa afectada.

4. Osteogénesis imperfecta
La osteogénesis imperfecta es una enfermedad ósea que aparece a causa de un trastorno genético, el cual es responsable de que los huesos sean mucho más débiles de lo normal. Esto hace que el afectado sufra fracturas con mucha frecuencia, a veces incluso sin traumatismos aparentes. Por ello, se conoce popularmente como “huesos de cristal”.

La causa es un error genético que impide que el cuerpo sintetice colágeno, una molécula imprescindible para mantener fuertes los huesos. Esto deriva en, además de las constantes fracturas, debilidad muscular, problemas de audición, desviaciones de la columna vertebral y dientes quebradizos.

Pese a no existir cura, el tratamiento en base a analgésicos, fisioterapia, cirugía, etc, puede ayudar a que el afectado, en caso de que el trastorno no sea muy grave, no vea su calidad de vida demasiado afectada. Para casos más serios, es posible que sea necesario ir en silla de ruedas.

5. Enfermedad de Paget
La enfermedad de Paget es un trastorno de origen genético en el que algunos huesos son demasiado grandes, por lo que tienen poca densidad y, consecuentemente, son más débiles y hay un mayor riesgo de sufrir fracturas. No todos los huesos del cuerpo están afectados, por los que sí lo están presentan deformidades.

No se conoce la causa. Se cree que la mayoría de los casos se explican por el simple azar genético, aunque algunos de ellos son debidos a infecciones víricas. En los casos más leves, es posible que no haya síntomas. En el resto, estos incluyen dolor, tendencia a sufrir fracturas en unos huesos concretos, problemas en los cartílagos de las articulaciones, etc.

Al ser una enfermedad genética, no hay cura. De todos modos, hacer ejercicio, llevar una dieta equilibrada y, en caso de que sea necesario, tomar medicamentos e incluso someterse a cirugías puede ayudar a que el trastorno no afecte tanto.

6. Osteomalacia
La osteomalacia es una enfermedad ósea provocada por la falta de vitamina D, lo que conduce a un reblandecimiento de los huesos. Al no disponer de la cantidad suficiente de esta vitamina, los huesos no pueden absorber el calcio y no se mantienen fuertes.

La causa es el déficit de vitamina D, el cual suele ser debido a problemas con la alimentación, aunque a menudo es provocado por problemas metabólicos de origen genético. Los síntomas incluyen, además de la tendencia a sufrir fracturas en distintos huesos, debilidad muscular, dolor en los huesos, calambres en extremidades, entumecimiento en boca, brazos y piernas…

El tratamiento consiste en incluir en la dieta alimentos ricos en vitamina D, aunque si así no se soluciona, pueden administrarse suplementos vitamínicos.

7. Acromegalia
La acromegalia es un trastorno óseo que cursa con un crecimiento anómalo de los huesos, provocando deformidades que suelen estar caracterizadas por el tamaño inusualmente grande de las manos y los pies, aunque también suele dar lugar a facciones faciales más pronunciadas de lo normal.

Está causada por un problema hormonal en el que la glándula pituitaria produce una gran cantidad de hormona del crecimiento durante la edad adulta, etapa en la que no debería estar tan activa.

Además de las manifestaciones anteriormente mencionadas, suele generar los siguientes síntomas: debilidad muscular, piel más gruesa de lo normal, sudoración excesiva, dolores de cabeza, voz áspera y grave, disfunción eréctil, problemas de visión…

El problema es que puede derivar en trastornos de la salud graves como la hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares… Por ello, es importante aplicar un tratamiento en base a fármacos que reducen el progreso de la enfermedad y que incluso pueden revertir algunas de las deformidades propias de la afección.

8. Raquitismo
El raquitismo es una enfermedad ósea propia de los niños en la que, por una deficiencia de vitamina D, sus huesos están muy debilitados. De todos modos, este ablandamiento también puede ser explicado por factores genéticos independientes de la dieta.

Los síntomas del raquitismo son: debilidad muscular, retraso en el crecimiento, dolor en los huesos (especialmente columna vertebral, pelvis y piernas), problemas en el desarrollo de las habilidades motoras, proyección del esternón, aumento de tamaño de las muñecas y tobillos…

El tratamiento suele consistir en incluir más productos ricos en vitamina D en la dieta, aunque para los casos de origen genético en los que, por algún error, el niño no puede absorber esta vitamina, es posible que sean necesarios algunos medicamentos. Incluso cabe la posibilidad de que se requieran cirugías para corregir las alteraciones que causa la enfermedad.

9. Fracturas óseas
Una fractura ósea es una rotura del hueso. Puede estar causada por las enfermedades que hemos visto, aunque también puede ser debida a traumatismos puntuales en personas perfectamente sanas. Caídas, golpes contundentes, accidentes… Todas estas situaciones pueden hacer que los huesos sufran lesiones.

Las fracturas cursan con mucho dolor y pueden ser totales o parciales. Es posible que requieran de intervención quirúrgica, aunque normalmente es suficiente con una inmovilización durante más o menos tiempo, además de la administración de fármacos para aliviar el dolor.

10. Enfermedad de Perthes
La enfermedad de Perthes es una enfermedad ósea propia de la niñez en la que, por causas que siguen siendo un misterio, se interrumpe la irrigación sanguínea a los huesos de la cadera. Esto provoca que las células óseas de esta región empiecen a morir.

Pese a que, con el tiempo el cuerpo vuelve a hacer llegar la sangre, estos niños tienen un riesgo mucho mayor de sufrir artrosis, fracturas u otros problemas de la cadera en la edad adulta. Los síntomas más comunes incluyen cojera y dolor en la zona de la cadera.

El proceso de renovación y de cura de la enfermedad puede llevar varios años. Durante este tiempo, los médicos pueden ofrecer tratamientos que, en función de la etapa del trastorno, de la gravedad y de la edad del niño, pueden incluir cirugía, sesiones de fisioterapia, inmovilización, etc.

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