Mercado de Vallehermoso, más que un mercado, pero, ante todo, un mercado

Abierto desde 1933, este edificio emblemático del Mercado de Vallehermoso vive desde hace algo más de tres años una época de bonanza gracias al compromiso de los comerciantes y a la acogida que han dado a los hosteleros, junto a los cuales hoy forman una gran familia. El resultado es un espacio único, lleno de vida, que a mediodía transforma mostradores en ‘sala’ de un gran restaurante con opciones para todos los gustos y cuyos ingredientes salen directamente de los puestos vecinos.

Y es que el centro neurálgico del madrileño barrio de Chamberí se retroalimenta y recibe cada día con los brazos abiertos a todo aquel que busca calidad y sabor en los platos, en los productos que cocina… pero sobre todo trato humano, cercanía y una gran sonrisa que va ‘incluida’ en el ticket, por decirlo de alguna forma. Veámoslo en mayor detalle.

El tiempo pasa, todo avanza y quien no se sube al carro, se queda atrás. En los últimos años, los mercados de abastos han sufrido una evolución hacia lo gastronómico y el Mercado de Vallehermoso no iba a ser menos… Pero el cambio se ha realizado respetando al pequeño negocio, mimando a los tenderos de toda la vida e integrando a las nuevas generaciones a través de restaurantes de lo más cosmopolita que atraen a público de todas las edades. El valor añadido, y lo que lo hace más especial, es que es un ecosistema abierto donde productores, comerciantes y hosteleros se nutren unos de otros como una gran familia. Aquí, la calidad que se encuentra en los mostradores se refleja en las mesas. Vallehermoso se definde así con estos atributos: proximidad, honestidad, tradición y vanguardia.

El mercado está compuesto por más de 60 locales y se apoya en tres patas fundamentales: los comerciantes de los puestos de abastos -entre los que hay carnicerías selectas e incluso exclusivas de carne ecológica, fruterías repletas de ingredientes de temporada, pescaderías con lo más fresco de la lonja, una charcutería y tienda de ultramarinos con todo lo que pueda ‘necesitar’ una despensa, queserías artesanas, una de las pollerías más populares de Madrid, la que nutre a los mejores restaurantes de la capital e incluso una venta de tés y especias-; los comercios con degustación -como uno especializado en caracoles que no tiene parangón, otros tres centrados en productos asturianos, italianos y canarios respectivamente, cada uno con lo más característico de su zona, un templo del bacalao, otro de embutidos artesanos y un pequeño rincón dedicado a los huevos ecológicos: de gallina, avestruz, de pato… ¡y hasta de cocodrilo!-; y por último y no menos importante, la restauración. De hecho esta es la pata joven, la última en llegar y la que llena los pasillos a mediodía y por las noches de paladares hambrientos y curiosos que comprueban en primera persona que la vida de mercado es especial, es mucho más que ir a comprar al súper o cenar en un fast food.

Porque gran parte de lo que se come en el mexicano, los argentinos, en la bocatería, en el local más dulce, en el más macarra y picante, en el japonés o en el ‘bib gourmand’ de Vallehermoso y en sus cafeterías, bares y cervecerías, sale de esos puestos vecinos. Calidad, sabor, frescura y siempre temporada, ¡que para eso es un mercado!, pero lo más importante: la sonrisa y el trato humano de cada persona que hay tras los mostradores. Unos, como Alberto, el carnicero o Alejandro, el charcutero, que llevan 41 y 50 años respectivamente al frente de sus negocios; y otros, casi recién llegados, como el relojero del corazón de la primera planta o los instalados en el corredor de la baja, que despachan con las ganas y la ilusión contagiada de sus colegas. Y es que no hay un mercado igual…

Podemos ver que estamos ante una gran familia, abierta y entregada siempre a su público y a los nuevos integrantes, elegidos con mimo para sumar en especialización y para que todo el que atraviese sus puertas encuentre lo que busca y salga con la compra hecha y el estómago y el corazón contentos. Así lo refleja su lema: “ENTRA, COMPRA, COME, AMA*”.

Para hacer todas estas tareas tan necesarias, el Mercado de Vallehermoso abre todos los días de la semana: los lunes de 9 a 14:30 horas y de 17 a 21 horas (los restaurantes cierran por descanso); de martes a sábado de 9 a 24 horas ininterrumpidamente (abastos cierra a la hora de comer y a partir de las 20 horas dando más espacio a restauración); y los domingos, que les toca descansar a los de abastos, de 11 a 18 horas. ¿Se anima a una visita? Sin duda vale la pena.

Mercado de Vallehermoso
c/Vallehermoso, 36
Madrid

Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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Juan Luis Recio

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