Los expertos coinciden en que, en las sociedades desarrolladas, la alimentación que llevan las personas no es todo lo equilibrada que debería ser. De hecho, se calcula que siete de cada diez españoles deberían mejorar su alimentación en términos generales. Paradójicamente, algo más del 70 % de los ciudadanos toma algún suplemento alimenticio, según un estudio de la Academia Española de Nutrición y Dietética y la Fundación Mapfre. Las razones para hacerlo son muy variadas, ya que conviven las personas que buscan reforzar sus defensas con las que incrementan la ingesta de determinados productos con fines deportivos, para dormir mejor o para rendir en los estudios. Así comienza el artículo original de Universitat Oberta de Catalunya con declaraciones de María José Alonso, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) que por su interés aquí incluimos, agradeciendo la información.
La pregunta de fondo es si realmente sirven para algo estos suplementos. «Cuando se utilizan bien, bajo el consejo individualizado de un profesional, pueden ser muy útiles, pero dejan de serlo cuando se consumen sin necesidad, solo atendiendo a la publicidad y sin consejo profesional», explica María José Alonso, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
A pesar del dictado de las modas, las redes sociales y lo que hagan los famosos de turno, la toma de suplementos alimenticios o vitamínicos «siempre debería individualizarse y aconsejarse según la alimentación y la actividad de cada persona», advierte la experta. Sin embargo, hay ciertos nutrientes «básicos» que no deberían faltar en la dieta de ninguna persona y que puede convenir suplementar si no se consigue llegar a las dosis diarias recomendadas con la alimentación o en condiciones de mucho desgaste. Entre ellos, «el grupo de vitaminas del complejo B, que intervienen en las reacciones del organismo que nos permiten mantener el nivel de energía, ayudan a disminuir el cansancio y la fatiga, y también contribuyen al buen funcionamiento del sistema nervioso y la función psicológica», destaca.

Otro básico que no debería faltar es el magnesio, que, «además de ayudar a disminuir el cansancio y la fatiga, contribuye al mantenimiento de músculos y huesos en condiciones normales», apunta. Para los usuarios más avanzados, aunque quizás debería aplicarse a todos, «las plantas adaptógenas (rodiola, ashwagandha, ginseng…), que ayudan al organismo a adaptarse al estrés físico y mental, o los ácidos grasos omega-3, que tienen un papel fisiológico clave en la salud cardiovascular, la función cerebral y la reducción de la inflamación», sugiere la experta.
Aunque en realidad bastaría con esto y una alimentación equilibrada que permita obtener todos los nutrientes necesarios para una salud aceptable, la población de las sociedades desarrolladas presenta carencias que deben ser observadas y subsanadas. Por ejemplo, varios estudios calculan que entre el 70 % y el 80 % de los españoles ingiere menos calcio del recomendado. Por no hablar de la vitamina D, de la que se considera que casi el 75 % de los españoles presenta niveles por debajo de los esperados.
Quienes se preocupan más por estas carencias a menudo recurren a suplementos alimenticios, independientemente de las modas o la búsqueda de una mejora física visible. Pero el ecosistema de los complementos alimenticios tiene sus propias normas, y es aquí donde entran en juego las particulares «alianzas» entre componentes, ya que, como destaca la experta, «el magnesio ayuda a la absorción del calcio», pero, al mismo tiempo, «calcio y magnesio pueden competir por los mismos sitios de absorción en el intestino, lo que puede reducir la absorción de ambos», explica. Sucede algo similar con la vitamina C y la vitamina B12. «Tomar dosis elevadas de vitamina C al mismo tiempo que vitamina B12 puede reducir la absorción de la B12», advierte. En este sentido, la forma en que se toman los suplementos también impactará en el resultado final. No solo en cuanto a las combinaciones que hay que evitar, sino a las cantidades diarias recomendadas.

