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Madrid es mucho más que la capital.
La gastronomía es un punto fuerte de la Comunidad aunque a veces pasa desapercibida ante los importantes recursos culturales y naturales que tienen mayor exposición.
Cada destino en Madrid cuenta con una personalidad propia y con platos tradicionales. La riqueza gastronómica de la Comunidad se remonta a 1561, cuando Felipe II trasladó la Corte a esta villa, lo que generó una ampliación de la gastronomía local. La oferta es una de las más ricas entre las capitales europeas porque desde hace 500 años se ha convertido en un crisol de recetas y hábitos por el intercambio cultural, tanto nacional como internacional.
Enclaves que son Patrimonio Mundial y pueblos con inmenso encanto ofrecen rincones que merecen ser visitados y degustados. Uno de los aspectos más llamativos de estos municipios es su gran apuesta por poner en valor el producto local como punto diferencial de su oferta gastronómica, por ejemplo los vinos de la región, la carne de la Sierra de Guadarrama o los productos de la huerta de la Comarca de Las Vegas y Alcarria de Madrid.
En esta ocasión, nos centramos en cuatro destinos que mezclan los puntos más fuertes de la Comunidad como son esa riqueza cultural e histórica con una gastronomía que por sí sola, merece una visita.
Aranjuez
Una de las joyas de la Comunidad de Madrid, es un ‘destino obligado’ al explorar la región.
La visita al Palacio Real y a sus jardines merece ser complementada con una experiencia en algunos de sus restaurantes como Casa José, con recetas de alta cocina basadas en los productos de la huerta, así como de caza; Casa Pablo, con su gran oferta de setas en temporada y el emblemático plato de faisán; Aguatinta, que ofrece tanto los platos más clásicos como creaciones modernas, elaborados con productos frescos locales; Carême, que complementa sus vistas al Palacio con una innovadora propuesta, o Casa Delapio, con sus platos realizados con ingredientes de primera calidad.
Otro plan infalible es visitar el Mercado de Abastos de Aranjuez. Ubicado en un edificio diseñado por el reconocido arquitecto Enrique Sánchez Sedeño en 1894. Es uno de los primeros ejemplos de la arquitectura del hierro en España. Ahí se pueden encontrar una amplia variedad de productos frescos y de alta calidad provenientes de la Huerta de Aranjuez.
A cualquiera de estos planes se puede añadir la visita a las bodegas de la zona, como El Regajal o la del Real Cortijo.

Casa José.
Chinchón
La imprescindible visita a la Plaza Mayor de Chinchón se debe complementar con una experiencia gastronómica de alto nivel.
El singular restaurante-museo Mesón Cuevas de Vino, ubicado en un edificio de trescientos años, ofrece una propuesta de corte tradicional que ‘resucita’ las recetas de antaño con materias primas de la mejor calidad. Se suma el restaurante El Convento, del Parador de Turismo, con su cocina típicamente madrileña con asados, sopas y guisos de cuchara; La Casa del Pregonero, con su cocina tradicional renovada al reinterpretar los platos más clásicos, o el Café de la Iberia, que acompaña su exquisita carta con selectos vinos.
La excursión a este pueblo de la comarca de Las Vegas y Alcarria madrileña se puede complementar con una visita a las bodegas o, si se va en coche, a la Huerta Carabaña, ubicada en el pueblo del mismo nombre.

La Casa del Pregonero.
Patones de Arriba
Ubicado en la Sierra Norte de Madrid, es uno de los pueblos más bonitos de la Comunidad. Patones de Arriba destaca por su arquitectura negra en un enclave natural envidiable.
En este pequeño ‘reino’ se paró el tiempo y ofrece una excursión inolvidable en la que recomendamos hacer la ruta de las Edades de la Arquitectura o la Arquitectura de los Alimentos, itinerarios ofrecidos por la Oficina de Turismo.
En esta aldea hay más de una decena de restaurantes de cocina tradicional madrileña, donde no faltan la carne y productos naturales como la miel, el queso fresco o el yogur natural de granja.
Entre alguno de los exponentes de la comida castellana tradicional destacan El Rincón de Patones, con sus judiones con perdiz o su solomillo con crema de trufa; El Rey de Patones, en el que destacan el cabrito lechal, las migas y las fabes; El Lavadero de Patones, con sus espectaculares lomo alto y chuletón de ternera o sus patatas revolconas con torreznos, y El Bodegón de Patones, donde se pueden degustar los clásicos huevos fritos con pisto o los judiones caseros con matanza.

El Bodegón de Patones.
San Lorenzo de El Escorial
Otro de los ‘destinos obligados’ de Madrid con su imponente Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, sus jardines, el Real Sitio o la excursión a la silla de Felipe II, también presenta una oferta gastronómica ideal para hacer esta visita histórico-cultural inolvidable.
Destacan los restaurantes El Charolés, uno de los más tradicionales y conocidos en especial por su cocido, que tiene la reputación de ser uno de los mejores de toda la comunidad; Montia, que con su estrella Michelin como carta de presentación, ofrece platos realizados con productos de agricultores y ganaderos de la zona; Vesta Taberna, con un menú confeccionado con productos locales y una carta de vinos producidos de la forma más tradicional; Luz de Lumbre, con su exquisita comida cocinada con el poderío del horno y la paciencia del fogón, o Cava Alta, que con su propuesta que mezcla la cocina tradicional con toques modernos, ofrece platos para todos los gustos.
A estos, hay que sumar los locales situados en la Plaza de la Constitución, junto al Ayuntamiento, en los que se puede encontrar una amplia variedad de platos de la cocina tradicional, así como tapas y raciones de todo tipo. Entre ellos están Ku4tro con sus raciones frías y calientes, de cuchara o de la huerta; La Cabezuela con sus quesos artesanales madrileños, o la Taberna del Corcho, con sus espectaculares vistas al Monasterio desde su terraza.

Montia.

