El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (XI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (XI) 

   Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
 
   Acepto tu crítica a propósito de los tópicos de Otramotro (en amarillo —yo hubiera elegido, sin duda, por más notorio, el color rojo—), pero es que la aparición de los tales estaba buscada, motivada, por ser esa, en concreto, y no otra la intención del autor.
 
   Espero superarme (a tus ojos) en mis relatos futuros, que tengo en la mente y en el telar, a medio urdir.
 
   Las “consecuencias de aquello” (me temo) las tendrá que aportar el atento lector (o lectora) del cuento, quiero decir, deberá extraerlas de su propio magín y/o zurrón.
 
   Como ves, acabo de resucitar. Alberto ha abierto el cíber-café “Praga” hoy, como cualesquiera otros días de fiesta, a las seis y media. Tengo diez correos que contestar, pero tú eres el primero (y por partida doble, si sumamos el escolio en mi blog) que recibirá mis respuestas.
 
   Te agradezco mucho, de veras, que me hayas servido en bandeja y primicia tu breve crónica sabatina.
 
   Insisto en recordarte lo que te he dicho otras veces, que conoces los recursos literarios y tienes la inteligencia imprescindible y el humor necesario para trenzar “urdiblandas” y/o urdiduras; pero no basta con ponerse a ello; hay que ser constante, perseverar.
 
   Te consta que no me disgusta que me compares con el “Fénix de los ingenios” y/o el “Monstruo de la Naturaleza” (según el parecer de otro genio, Cervantes), don Félix Lope de Vega y Carpio. Es chanza.
 
   No es mi propósito molestarte, pero ahora me nace escribirte (espero y deseo que con arte) esto, que es bueno discrepar de lo que sostiene/n otro/a u otros/as, si, sensu stricto, eso sentimos, que disentimos. Yo, aquí y ahora, verbigracia, como no me ajusto a tu sentir, soltaré (ponte tapones en los oídos o, al menos, gafas de sol, si quieres mitigar su resonancia o reverbero) ¡benditas rutinas! Bienvenidas, bienhalladas y bienhadadas fueron, son y serán las tales siempre que sean creativas, aunque empiecen y terminen con las ya habituales, casi proverbiales, marcas de la casa.
 
   Como no le deseo el mal a nadie, a la infanta Cristina, recientemente imputada, tampoco anhelo que le sobrevenga ningún daño. Ahora bien, si España es un Estado de Derecho, en él debe imperar la ley. Si el artículo 14 de la Constitución Española de 1978 dice lo que dice, demuéstrese que es verdad de la buena eso que allí se lee de “sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de…” y cúmplase lo que manda. Que cada palo aguante su vela; o sea, que cada quien asuma sus responsabilidades, si, tras un juicio con plenas garantías, se demuestra que las tiene.
 
   Sigue cultivando ese humor (cuya horquilla va del más blanco al nigérrimo) tuyo, muestra inconcusa de tu despierto raciocinio.
 
   Grosso modo, por mor de la brevedad, si no recuerdo mal, que puede, con la primera quintilla de la décima quería completar o complementar al poeta Rabindranath Tagore, cuando urdió aquello de que “si cierras la puerta a todos los errores, la verdad también se quedará fuera”. Con la segunda, claramente, refutarlo, cuando afirmó que “el que se ocupa demasiado de hacer el bien no tiene tiempo de ser bueno”.
 
   Te agradece la crítica y, asimismo, tu felicitación (espero que escribas otro día más extensamente sobre tu visita a los monasterios de Suso y Yuso) por mi cumpleaños quien te saluda (a ti y, en tu nombre, al resto de tu familia), aprecia y abraza,
 
Ángel Sáez García
[email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído