ODIO LA LEY DEL EMBUDO
“(…) Algunos eran modestos y no se creían infalibles. Pero hasta el más modesto se sentía seguro. Eso era lo que me crispaba, Bruno, que se sintieran seguros. Seguros de qué, dime un poco, cuando yo, un pobre diablo con más pestes que el demonio debajo de la piel, tenía bastante conciencia para sentir que todo era como una jalea, que todo temblaba alrededor, que no había más que fijarse un poco, sentirse un poco, callarse un poco para descubrir los agujeros. En la puerta, en la cama: agujeros. En la mano, en el diario, en el tiempo, en el aire: todo lleno de agujeros, todo esponja, todo como un colador colándose a sí mismo (…)”.
Julio Cortázar, en “El perseguidor”.
En el informe leí IRA,
Insuficiencia renal
Aguda, y la terrenal
Y humana sensación de ira
Del punto adueñó de mira.
Que el FRA existió yo no dudo,
Fracaso renal agudo;
Tampoco que los galenos
Al tal no fueron ajenos.
Odio la ley del embudo.
Emilio González, “Metomentodo”
Ángel Sáez García
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