EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CLIV)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Tengo para mí que la única manera que hay (al menos, es la señera que yo he hallado) de superarnos, un día sí y otro también, es (pre)disponiendo nuestra mente cada mañana para ello. Si no nos preparamos a conciencia para, sabedores de que vamos a tener que superar diversas pruebas o trabas, poder coronar nuestro objetivo u obra, difícilmente lograremos hollar dicha cumbre o superar tal altura o listón.
Tal vez, el contenido o fondo del asunto (“nihil novum sub sole”, “nada hay nuevo bajo el sol”) haya sido ya dicho, pero nos queda la posibilidad de encontrar una nueva forma de decirlo, una manera distinta de expresarlo.
Peter Angelina dio con su ejemplar manera de proceder, con su decoroso comportamiento, que no miento, una lección de honradez. Espero que su actitud haya servido de espejo dónde mirarse o modelo a seguir a unas/os cuantas/os niñas/os, en quienes algunos tenemos depositadas muchas de nuestras esperanzas.
Ciertamente, hay alguna Dolores a la que, si escuchas con suma atención, puede provocarte con su poco arte, unas veces, risa a tutiplén y, otras, un montón de dolores.
Abundo contigo en tu parecer de que a los jueces (ellas y ellos) de este país hay que suministrarles los medios humanos y materiales adecuados para que puedan llevar a cabo en tiempo y forma su labor de impartir justicia, de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado, sea el encausado Perico de los palotes o el sursuncorda.
José Ortega y Gasset en “En torno a Galileo” escribió que “no sabemos lo que nos pasa, y esto es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”. No niego que, a veces, me pasa lo que adujo Ortega. Ahora bien, en otras ocasiones, a mí también me ocurre lo que tú y otros argumentamos, “que estamos hartos de estar hartos”. Y eso también le pasa, pesa, pisa y posa a mi musa (me acaba de comentar tal cosa mi esposa, la literatura).
Puede que esta vez quienes conformamos el pueblo nos demos el batacazo (quiero decir, triunfe inopinadamente el partido que ni tú, ni yo, ni nadie esperaba que lo hiciera) en las próximas elecciones.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
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