El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Día sin reír es día perdido

DÍA SIN REÍR ES DÍA PERDIDO

Dilecta Pilar:

Celebro sobremanera que te lo pasaras estupendamente en Zaragoza durante los últimos Pilares. ¡Muchas felicidades!, con días de retraso (por tu santo u onomástica).

Aunque había recibido una primera citación para el día 15 de noviembre, una semana después recibí otra que adelantaba la puesta (que no apuesta, aunque suene igual); así que mañana, miércoles, 24 de octubre, subo al Hospital “Reina Sofía” (HRS) para que me coloquen el holter de Cardiología. No he vuelto a tener (salvo que no me haya enterado, claro) otro episodio de fibrilación arterial rápida (ahora tomo una medicación para que mi corazón vaya más lento, en el supuesto de que coja carrerilla). Lo peor es el estado de indeterminación, incertidumbre o duda por no saber la causa concreta de la susodicha (acaso todo se deba al efecto indeseado del otro medicamento que me fue prescrito). El holter de Medicina Interna, para medir mi tensión arterial (la baja la suelo tener alta), se demora hasta el 4 de diciembre. La verdad es que las malas noticias que me están dando últimamente (esta mañana me he enterado de que Jesús Carbonel, miembro de la Peña “La Teba” con quien, junto a su esposa, Arantza, y otras personas, he cenado varias veces en dicho recinto, había muerto de un aneurisma) no ayudan. Menos mal que tú me das hoy (por ayer) una buena nueva, que tu madre, Eusebia, ha celebrado los años que ha cumplido, 84. Felicítala en mi nombre (quedas encargada de darle, de entre el vagón repleto de besos que te mando, para que lo erogues con equidad, los dos ósculos exclusivos que te mando hoy para ella).

Así es, la rutina, que tiene sus contras o facetas negativas, sin duda, también tiene sus pros o positivas caras.

Pensé que este año, quizá, podríamos juntarnos de nuevo los colegas de la promoción de Filología, pero, como no me has comentado nada al respecto, colijo que nadie ha meneado ese asunto de la manera conveniente u oportuna.

Al parecer, el holter solo son siete cables con una petaca que recoge la información cardiaca. Se porta (si uno se comporta bien; yo lo procuraré hacer, por la cuenta que me trae; ya he intentado aleccionarle al respecto, a mi corazón, se sobreentiende, pero él me ha soltado muy ufano que es un músculo involuntario, que creo que quiere decir sin voluntad; mecachis en mi mala suerte, otro abúlico, me he dicho por lo bajini) durante 24 horas, un día. Te haces a la idea de que no me han puesto nunca uno. La poca información que tengo del aparato me la ha suministrado mi primo Jesús Roberto, que es cardiólogo.

Cierto. Aunque hoy son muchos (ellas más que ellos) los que mueren tras cumplir los noventa (y más años), mi padre murió con 70 y mi madre con 80. Y este mismo mes mi dilectísimo primo José Félix con 54 y el mentado Jesús con 66. Descansen en paz todos (los citados y los que no lo han sido aquí por este menda).

A ver cuando volvemos a juntarnos y a reírnos a carcajada tendida. Cuánto bien nos hace reírnos a mandíbula batiente. Ya sabes lo que decía Charles Chaplin, “Charlot”, que un día sin risas es un día perdido.

Me dispongo a continuación a urdir la epístola que he ido diseñando mentalmente mientras bajaba desde el Centro Cívico “Lourdes” hasta la biblioteca pública de Tudela. Se la trenzaré a tu tocaya gallega, mi amada Pilar.

Abrazos y besos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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