El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Cuando la lumbre alumbraba

CUANDO LA LUMBRE ALUMBRABA

Hay quien, se halle donde se halle (no importa dónde), siempre repite la misma cantilena o cantinela, que antes (sin parase a especificar cuándo) los tiempos y las costumbres eran mejores que los/as hodiernos/as. O peores, que de todo hay en la viña del Señor. Ante las/os tales, suelo pensar lo idéntico (y, solo si la confianza lo favorece o propicia, proferir, poco más o menos, esto) que lo que a mí me consta es que eran otros y otras.

Me encuentro entre (o sumo a) quienes entienden que otrora ocurrieron unos hechos que hoy no se entienden bien del todo y que se yerra, de modo morrocotudo, cuando se tiende a valorar comportamientos antiguos con la mentalidad moderna. Lo lógico y normal es juzgar el pasado (y todo lo que a él concierne) con los criterios del pasado y el presente con los del presente, como así, supongo, en el futuro harán quienes opinen sobre el porvenir, que para las generaciones que vienen será presente o pretérito reciente.

Quien haya superado la cincuentena y acudió, siendo un crío (hembra o varón) a la casa de sus abuelos (y, si estos vivían en un pueblo, con más razón), seguramente, recordarán que en la cocina de la susodicha había un hogar (con la preceptiva chimenea), donde se hacía la lumbre. Allí se colocaba, rodeado por las brasas o encima de un trípode de hierro (“las truedes”), el puchero para hacer la comida. Al calor de la lumbre, se tostaban las rebanadas de pan de hogaza, que con un chorretón de aceite del trujal y, de manera optativa, con ajo y sal o azúcar, estaban de rechupete. Al mismo calor, subían los colores a los mofletes de la cara, si una/o se aproximaba más de la cuenta. Por las noches, en torno al hogar, se narraban y escuchaban relatos de todo jaez; unos iban acompañados de risas y aun carcajadas y otros de miedo y hasta pánico.

En muchas casas actuales, el hogar, ese lugar donde antes había fuego, cuyas llamas alumbraban mal la estancia (si era de noche) y, más o menos, la caldeaban, hoy lo ocupa un electrodoméstico, la tele.

Durante el lunes y el martes pasado, día festivo en Navarra, vi más tiempo del corriente o habitual los diversos programas que ofrecían a los espectadores (y oyentes) las distintas cadenas televisivas. La imagen que, de manera insistente, en plan bucle, guipé fue, si no se pone objeciones a la metáfora, la de un caracol azul, gigante. Esa fue, al menos, la que una y otra vez repitieron, como papagayos, hasta la saciedad más estomagante los diversos espacios. Un perro había encontrado dentro de un bidón azul a la madre de los dos angelitos que habían sido hallados muertos en Godella. Así que el asunto nada tenía que ver con la respuesta cínica que, según la leyenda, Diógenes de Sínope le dio a Alejandro Magno, cuando este acudió a donde vivía, en una barrica o tonel, y le preguntó qué podía hacer por él: que se hiciera a un lado, que le estaba quitando el beneficio de los rayos solares.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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