El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Breve y pendiente ensayo sobre Emilio

BREVE Y PENDIENTE ENSAYO SOBRE EMILIO

Ahora, al fin, ya sé lo que (me) pasa. Cada vez que me encuentro en un aprieto, mi difunto hermano José Javier se encarga de hacer los trámites necesarios en el cielo, donde mora, para que una de mis más dilectas fuentes de inspiración, el tristemente finado padre camilo Pedro María Piérola García, que también reside en la gloria, consiga abrirse paso, mientras duermo, en la trama de alguno de los sueños que mi inconsciente o subconsciente va urdiendo para brindarme la mejor solución, la que me libra/e del brete.

Como mi amigo, colega y sombra, Emilio González, “Metomentodo”, ocupa un lugar preeminente entre mis heterónimos (hembras y varones), hace algún tiempo decidí que, como estaba en deuda con él, le debía, al menos, un opúsculo sobre su extensa obra, prácticamente inédita; pero, por una razón, abandono, dejadez o falta de compromiso (al lector, sea ella o él, le toca eligir entre la terna propuesta), o por otra, flojera, negligencia o pereza (ídem), jamás de los jamases había encontrado el momento adecuado, oportuno y propicio para ponerme en serio a ello y, cuando menos, arrancarlo; siempre había procrastinado dicha obligación o tarea.

Esta noche he soñado que todavía era (o volvía a ser) el adolescente que fui en octavo, el último año de la EGB, que cursé, como los dos anteriores, en el seminario menor de Navarrete (La Rioja). Nos hallábamos en clase de lengua castellana y literatura y, en ese preciso instante, el profesor, Piérola, le ha mandado a mi recordado amigo y condiscípulo José Luis Álvarez Santaolalla que leyera en voz alta a partir de la quinta línea de la página 11 del manual que usábamos como apoyo en dicha asignatura: “En una carta que escribió y remitió a la que entonces era su amada novia, Edurne Gotor, ‘Metonimia’, González le refería, entre otras cosas, esta, que ‘quien dice que me conoce, porque ha leído todo lo que he publicado (poco, poquísimo) hasta el momento, no me conoce’. Está claro, cristalino, que ‘Metomentodo’ con esas concretas palabras quería dar a entender lo obvio, que el grueso de su obra aún no había visto la luz”.

Cuando ha terminado de leer el párrafo, Piérola le ha dado las gracias, ha pronunciado mi primer apellido y me ha pedido que acudiera al inicio del tercer párrafo de la página 62 e hiciera lo propio, leer en voz alta: “González, aunque ha escrito mucho, ha publicado poco. En este aspecto, se parece como una gota de agua a otra gota de agua al luso (que no iluso) Fernando Pessoa, de quien cuantos han estudiado a conciencia su lata (que no da la tal lata) producción literaria, afirman, poco más o menos, lo mismo, que, del baúl repleto de papeles que dejó, siguen saliendo obras y más obras, que tienen un no sé qué o un qué sé yo que las hace inconfundibles e inmarchitables, en definitiva, memorables”.

Esta mañana, nada más abrir los ojos y darle los buenos días a la nueva jornada, me he dado cuenta de que algo extraordinario, inaudito, insólito, me había acaecido, porque recordaba con fidelidad, de memoria, tanto el parágrafo que había leído Santaolalla como el que había proferido mi mui en el sueño. Así que soy de la doble opinión de que en esta ocasión no tendré que devanarme los sesos; y de que la cadena, al estar conformada por eslabones resistentes, de excelente calidad, y al haber quedado engarzado cada eslabón, de modo seguro, con los vecinos, el que le precedía y el que le seguía, ha favorecido que el prodigio haya sucedido. Nadie podrá objetar que la Providencia me ha concedido en dicho sueño dos gracias, dos hilos de los que solo debía tirar para, sin aparente denuedo, coronar, de manera airosa, el breve y pendiente ensayo sobre “Metomentodo”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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