El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Amado, amador y amante, un diamante

AMADO, AMADOR Y AMANTE, UN DIAMANTE

(¿CÓMO LLEGAMOS TÚ Y YO A ESCRIBIR JUNTOS?)

Dilecta Isis (ambos, tanto tú como yo, sabemos, a ciencia cierta, que ese no es tu verdadero nombre, pero ya te advertí con bastante antelación de que esa era la gracia que iba a usar, a partir de entonces, cada vez que decidiera urdir sobre tu persona, vida y milagros —que los hubo, los hay y los habrá—):

Es una pena que no pueda estar físicamente a tu vera, para poder hablar largo y tendido contigo de los asuntos que sean (pertenezcan al ámbito de lo divino o de lo humano), sin restricciones, pero es algo que debo asumir cuanto antes. La realidad pura y dura ha cambiado, al mudar el sumatorio de las nuevas circunstancias, que contribuyen a su actual esencia y existencia. Ahora bien, eso no impide que no te recuerde con cariño y no incremente, a cada segundo, minuto u hora, mi admiración por ti. Considero que admirar, por ejemplo, es un verbo que se empieza a poner en práctica, a ejercitar con criterio apodíctico, cuando uno deja de mirar al sujeto y/o al objeto de su amor, siempre que rememore los hechos, los gestos y las pretéritas palabras proferidas por quien llena de paz sus días, ella o él, con una facilidad y una fidelidad pasmosas.

Algunas decisiones que se toman en la vida no tienen vuelta de hoja. El enunciado de esa paremia española que dice “a lo hecho, pecho” da cuenta cabal de ello. Yo, verbigracia, he dado un paso que va a dejar un poso con peso y acaso con piso en el archipiélago canario. Si la diosa Fortuna me favorece, sé que no viviré solo en la isla donde se yergue imponente y majestuoso el Teide. Y sueño con plausibles y posibles tiempos venideros en los que volveré a sentirme apasionado y eufórico, amado, amador y amante, un diamante.

Aún no ha acaecido, en sentido estricto, lo que los augures (ellas y ellos) han presagiado, las corazonadas que han presentido los videntes (ellas y ellos); y no faltan por doquier los románticos (ídem) que andan a la búsqueda y caza de cuanto sucedió, de cómo llegamos tú y yo a esto, a escribir juntos a cuatro manos. Aunque las diferencias entre nosotros eran muchas, incontables, llegamos al acuerdo, conclusión o consenso mancomunado de que no eran insalvables; nos pusimos a la tarea y funcionó. Trenzamos y firmamos al alimón, sin apenas roces, un montón de urdiduras. Fuimos fértiles; hay quien ha dado en llamarnos “unos magníficos prolíficos”.

Según los expertos más reputados en nosotros, esta breve epístola, que estoy a punto de culminar, fue el arranque o la causa que propició nuestra exitosa colaboración literaria.

Te abraza (porque tus abrazos crean unos lazos irrompibles), como te mereces y a mí me deja, amén de conforme, satisfecho, quien forma contigo tándem,

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Booking.com

Recibe nuestras noticias en tu correo

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído