El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

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Dilecta Pilar:

Te entiendo, amiga, porque he comprobado que mis reflexiones, intelectualmente impecables, según mi criterio o parecer (pero acepto discrepancias o disensiones; soy un librepensador y, aunque acostumbro a enorgullecerme de tener en todo momento y lugar opinión, no suelo jactarme de dar de lleno a la primera en el centro de la diana casi nunca), resulta que no me sirven ni siquiera a mí. Para convencerme de la escasa eficacia y validez de mi tesis me argumento, por ejemplo, de esta guisa: si el asunto o problema tiene solución, y por ahora, al menos, en tu caso, lo tiene (pero no bajes la guardia, porque el virus se cuela por la mínima rendija que dejes o quede al descubierto), convendría que no estuvieras triste; si no lo tiene, ¿por qué estarlo? Las personas vivimos en sociedad, no solas en una ínsula (aunque sí muchas en casa); y la tristeza de los demás, si somos empáticos, solidarios, nos llega a los poros de la piel y nos afecta.

Sé que eres muy trabajadora, como yo, que no paro. Todavía no he podido escribir en el ordenador todos los poemas que trencé durante el primer confinamiento, porque sigo, erre que erre, enarbolando y ondeando la bandera del mismo procedimiento: intento culminar cada día la nueva idea que me ha brotado o he logrado aprehender. Escribe; cuanto más puedas, mejor; y sácalo a la luz siempre que haya quedado el texto en condiciones (cada quien pone el límite de lo publicable a lo suyo).

Ayer estuve con mi hermano Jesús María, “el Chichas”. Le está costando bastante recuperarse. Le di en la calle 20 euros para mi sobrino Jorge (que cumple diecinueve años hoy, viernes, 18, ¡felicidades!; mismo día en el que, si hubiera seguido viviendo mi progenitora, Iluminada, hubiera cumplido 87; pero ya hace más de un lustro que no se halla entre nosotros; yo la sigo viendo a diario, porque tengo un montón de fotografías de ella en casa).

Pues extrema tus cuidados, porque, como decía arriba, el SARS-CoV-2 es un patógeno experto en colarse de rondón por cualquier grieta y arma la de Dios es Cristo (dando o sin dar la voz de alarma) en un santiamén.

Contestando a una lectora espontánea (que acaso sea él; en Internet poco de lo que parece es; o, si lo prefieres, casi nada es lo que aparenta ser), que dijo llamarse como firmó, Pilar, pero nada lo confirmó, había olvidado decirte en el anterior “emilio” o correo electrónico, que había escrito un texto hablando de las dos Pilares a las que os solía escribir hace tiempo epístolas, mi amada (la gallega) y mi dilecta (tú). No recuerdo qué día lo urdí ni cuándo lo subí al blog (ni, menos aún, cuándo lo publicaré, pero considero que es mi obligación advertirte con antelación del hecho).

Seguimos entonces en contacto hasta que quieras. No tengo el propósito de darte más trabajo del que ya te impones tú misma a diario. Ya sabes que yo sigo disponiendo de una hora de uso en la biblioteca pública, pero también te consta que Pilar y José Carlos (sustituto de María Ángeles, que se jubiló) se portan muy bien conmigo.

¡Feliz Navidad (aunque sea tan infeliz desde hace cuarenta y dos años)!

Otro (de tu amigo Otramotro).

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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