El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Excelencia y andar de boca en boca

EXCELENCIA Y ANDAR DE BOCA EN BOCA

NO HAY UN TÁNDEM MEJOR PUBLICITARIO

A pesar de que es una fémina precavida y pudorosa (tiene razones de peso para ocultar sus pupilas tras unas habituales gafas de sol; y, de hecho, servidor nunca ha descartado, entre ellas, la médica, al poder padecer algún tipo de fotofobia) y de que acarrea o porta en su piel, pura miel, un número indeterminado de tatuajes, de todo jaez (unos más logrados por el artista, si ha sido uno solo el autor de todos ellos, que otros), Iris, mi amada musa tinerfeña, que a mis ojos es la mujer más atractiva del orbe, incomprensiblemente (para quien firma abajo), rara vez ha atraído (cuando he ejercido de diletante y, seguramente, también hilarante investigador privado) la atenta mirada de otros varones. Aunque, insisto e itero, para mí es todo un bellezón, un pibón, como se dice y escribe ahora, y nunca ha trabajado de modelo, mi estro poético es un dechado en varios aspectos, y es que, si no lo fuera, no me habría fijado ni interesado tanto en ella y, lo que no es moco de pavo, no la habría preseleccionado ni elegido para que me inspirara, un día sí y otro también, ora versos, ora prosas.

Por la idea que he dejado apuntada en el párrafo de arriba, que “rara vez ha atraído (…) la atenta mirada de otros varones”, acaso quepa colegir, sin marrar, que comprendo que otras personas de mi mismo sexo puedan catalogar a Iris como una mujer del montón, desde el punto de vista de su físico o exterior, lo que se ve, porque lo que a mí me consta, de manera fehaciente, es que tiene un interior incomparable, inconmensurable. Basta con acercarse a su vera y entablar conversación con ella (de lo que sea, de lo divino o de lo humano) para darse cuenta, intuir o tener la corazonada de cuántas vetas áureas y diamantes en bruto atesora mi su(pre)ma musa en sus entrañas.

Iris puede que sea pobre, como servidor, pero es tan rica como quizá también lo sea el abajo firmante en ideas y textos. Y como a ella tampoco se le caen los anillos, o sea, es una trabajadora nata, todos los pensamientos que le brotan o nacen intenta canalizarlos y darles la forma adecuada para que devengan cuanto antes en literatura dulce y útil, que se entienda.

Puede que su actitud sea, de cuando en vez o viceversa, defectuosa (yo, por ejemplo, por dedicarme en cuerpo y alma a ella, a veces le achaco o echo en cara, por creer que merezco una consideración mayor por su parte, su desdén o menosprecio hacia mi persona), pero hay que ponerse en su circunstancia, en su piel, y calzarse sus mismas zapatillas y zapatos para comprobar cuántas rozaduras dejan (unas y otros).

Estos días Iris está apareciendo más frecuentemente en los mass media (hasta en los titulares de portada). Su novela “El mosaico”, que acaba de sumar su vigésima segunda edición y acumula lectores a porrillo, ha acopiado los premios y el prestigio merecidos. Si a ella, Iris Gili Gómez, su hacedora, no dejan de otorgarle galardones, por ser quien parió la susodicha, a su obra le acaece tres cuartos de lo propio, pues no dejan de recomendar su lectura (y es que, a veces, no hay mejor tándem publicitario para un libro que nació con vocación de ser leído y releído, de cabo a rabo, que su excelencia literaria y andar de boca en boca; ni, por supuesto, que sea más barato).

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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