El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Ahí va una lección inmarchitable

AHÍ VA UNA LECCIÓN INMARCHITABLE

De la tertulia hodierna del casino “La Fuerza”, de Algaso, he entresacado en el día de la fecha una lección, amén de inmarcesible, inolvidable. Sobre todo, cuando le he escuchado argumentar a uno de los seis tertulianos (de los ocho presentes) que ha tomado la palabra discurrir de esta guisa (poco más o menos):

—¿Por qué hay que cumplir, a rajatabla, ciertas normas, como, por ejemplo, esta, que aquí ningún contertulio ni ningún oyente porte, visible u oculta, una grabadora? Porque las consecuencias que pudieran derivarse de ese hecho concreto acaso fueran funestas para alguno de los habituales, presentes o no. Imaginaos que alguno de vosotros, mediante el uso sibilino de la palabra, conseguís vuestro propósito y me hacéis aseverar lo que no quería afirmar por nada del mundo, verbigracia, que el presunto buenismo (o magnanimidad, ¡menuda añagaza!) del presidente del Gobierno es interesado y, por ende, falso, tanto como un billete de curso legal de quince euros; pero hay un documento sonoro en el que se pueden escrutar voces y escuchar, sin duda alguna, la mía, y probar, por tanto, de manera fehaciente, que aduje lo que dije. Una de dos, o  me retracto o, si vivo en un país donde la libertad de expresión no es un derecho inalienable, me expongo a ser denunciado y puedo verme metido en un embrollo o lío mayúsculo, morrocotudo, con juicio incluido y posible sentencia condenatoria (y hasta de cárcel).

Así que, a partir de hoy, los desarrollos que haga de las notas que tome durante la tertulia irán sin hacer referencia explícita a la persona que sostuvo lo que profirió, a fin de salvaguardar al máximo la integridad e intimidad de todos los tertulianos.

Como eso mismo sucedió en las sesiones anteriores (y es lección que acarrea y puede colegir quien lea con atención “El coloquio de los perros”, de Cervantes, cuando a uno de ellos, Cipión, le hace decir al otro, Berganza, lo que sigue: “Otra cosa te quiero advertir: que los cuentos unos tienen gracia en sí mismos; otros, en el modo de contarlos. Unos dan gusto aunque se cuenten sin ornamentos, otros es menester vestirlos con gestos del rostro y de las manos y con cambios en la voz para que se vuelvan sabrosos”), ha habido hoy varios momentos especiales. Algunos relatos de los contertulios me han gustado por la forma o el modo, o sea, por cómo han argumentado lo narrado; y otros por el contenido o el fondo, esto es, qué han razonado; uno, por ambos motivos. Daré, a continuación, un ejemplo de cada:

—Gracias a Dios, a la Natura(leza) o al azar (dios endemoniado), no he padecido la desgracia de tener que lamentar la pérdida de un deudo o ser allegado y muy querido durante (o por culpa de) la pandemia de la covid-19, pero varios de mis amigos sí; y, como es lógico y normal, me he mostrado empático y solidario con ellos. ¡Cómo no iba a acompañarles en ese crudo momento de duelo, trago tan extraño (en algunos casos), que se han visto, obligados por las circunstancias, terribles, a vivir!, ¡hubiera sido hasta inhumano no hacerlo!

—Eso mismo me ocurrió a mí. Me sentí un ente vulnerable, y de una fragilidad pasmosa. Así que me quedé de una pieza, horrorizado, cuando por la tele vi, atónito, una serie de imágenes que hubiera preferido no tener que llevarme a los ojos u observar, y que vinieron a confirmar o ratificar cuanto ya me constaba, que el hombre, en genérico, es capaz de lo mejor, dar la vida, de manera altruista, por un semejante, y de lo peor, hacérsela perder, por una clamorosa falta de respeto (a los demás y a sí mismo), es decir, por un comportamiento imbécil o un proceder idiota.

—Entiendo el agravio comparativo que esgrimen ahora, como argumento irrefutable, otros avispados presos. ¿Por qué el Gobierno, que anda haciendo con sus argumentos (meras bolitas de prestidigitador) piruetas en el aire y raros equilibrios sobre una cuerda, nos brinda como razón bastante o suficiente de interés público la recuperación de la convivencia en Cataluña, va a indultar, según todos los indicios, parcialmente, a los líderes del procés, que fueron, precisamente, los causantes de que en Cataluña se quebrara la convivencia existente, por los hechos que los susodichos gerifaltes protagonizaron, que quebrantaron varias leyes vigentes (¿acaso no se les avisó, en una y en otra y en otra… en ene ocasiones, con antelación, qué les ocurriría, y adónde les acarrearía o conduciría pasarse de la raya, como varias veces la cruzaron?); y no a ellos, que hicieron tres cuartos de lo propio, conculcar leyes en vigor? ¿No fueron unos y otros juzgados con todas las garantías y condenados por tribunales de justicia? ¿No firmaron las sentencias de unos y otros procedimientos judiciales jueces y magistrados, especialmente habilitados por la Constitución y su desarrollo legal, el resto del Estado de derecho, para ello? ¿Qué interés privado los diferencia? He ahí el quid de la cuestión.

   Eladio Golosinas, “Metaplasmo”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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