DESPUÉS DE MEDITAR VEINTE MINUTOS
Vi cómo regresaba ilusionado,
Después de meditar veinte minutos,
Quien ayer recogió jugosos frutos,
Porque al silencio cerca tuvo, al lado.
Un montón reconozco que he mutado;
Hoy veo en esos veinte no los brutos,
Sino los apacibles; no los cutos,
Sino los redivivos, que he indultado.
Quien ve venir de lejos el absurdo
De la experiencia humana no está loco,
Sino más lúcido que el resto; y lo urdo.
En ninguna trinchera me coloco.
A nadie que me siga yo no obligo.
No puede ser la libertad castigo.
Ángel Sáez García