¿DE QUÉ MODO CORONO MIS MOSAICOS?
PONIÉNDOLES EL RÓTULO A ESOS TEXTOS
“Ignoro si el futuro me deparará la dicha impar de compartir contigo, amada, durante varios lustros con lustre, colchón, sábanas y edredón; lo que sí me consta, de manera fehaciente, es cuánta felicidad me ha proporcionado el hecho incontrovertible e irrefutable de amarte todas las jornadas que han transcurrido desde la primera, cuando te conocí, hasta el día de la fecha en que ve la luz este escrito, y hasta donde me has dejado y/o he podido. Pues sabes que quien hace todo lo que puede no está obligado a hacer más”.
Emilio González, “Metomentodo”.
Cuando a mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, alguien, conocedor del percal, esto es, sabiendo de qué pie cojea el sujeto, un zumbón redomado, de marca mayor, intuye o sospecha la respuesta que va a dar a la cuestión que le va a plantear (¿de cuántas maneras se ha enamorado usted, a lo largo y ancho de su existencia?), de modo invariable, escucha su contestación habitual y lo hace de esta guisa o similar: “Grosso modo, de dos; una, de repente, al instante; y otra, gradual y paulatinamente”. A veces, no siempre, dependiendo de las circunstancias y su actual estado de ánimo, agrega: “Lo propio me suele acontecer a la hora de hacer el coito, que en ciertas ocasiones meto (o se introduce mi pareja) mi enhiesto dedo sin uña en su sanctasanctórum de una vez, en un santiamén; y en otras va entrando poco a poco; primero la cabeza, el bálano o balano (que no bala, no, porque no es una oveja, pero aparenta ser la cabeza de un carnero; y no estoy seguro de que, en cierto sentido, no sea una bala) y luego, el resto, hasta los dídimos (en algunas posturas)”.
Bueno, pues, mutatis mutandis, otro tanto me acostumbra a acaecer a mí a la hora de escribir; que unos textos, use en ellos la prosa o el verso, los trenzo en unos pocos minutos (las décimas, por ejemplo) y otros los voy madurando pausada y lentamente, hasta que decido acopiar las teselas desperdigadas y con ellas, a las que he ido dando oportuno remate y por buenas, formo un conjunto y, de esa insólita unión, resulta un mosaico original, verbigracia, este microrrelato.
Ángel Sáez García