¿EL HOMBRE LAS IDEAS SON QUE PARE?
¿SON LAS DECLARACIONES QUE EFECTÚA?
SOLO CUANTO HACE IDENTIFICA AL HOMBRE
El macrocosmos es tu microcosmos, como tu corazón el firmamento. Así que te aconsejo que no fardes, que no te enorgullezcas ni des pisto, y sigas el ejemplo/espejo de Quevedo, que cabe hallar en esta redondilla: “¿De qué sirve presumir, / rosal, de buen parecer, / si aun no acabas de nacer, / cuando empiezas a morir?”. Surge a cada momento una estrella; declina y muere a cada instante un astro. Eso acaece en cualquier lugar del espacio-tiempo; en cualquier cronotopo del orbe ocurre. Al sol, aunque nos pese, aunque les pese a las personas (si es que los hombres no se han cargado, cuando tal hecho acaezca, ya nuestro mundo) que pueblen entonces la faz del planeta Tierra, le acontecerá tres cuartas partes de lo mismo de lo que pronto le pasará a Nadal, Federer y Djokovic, que la luz con la que han brillado un día dejará de centellear, palpitar, rutilar, temblar, titilar.
Los diversos nombres reales de pila que merecieron ir acompañados por el sobrenombre latino que ideaste para tu amada musa, “Amanda”, la que debe ser amada, se han sucedido a lo largo de los años. ¿Beatriz será, por fin, el definitivo? Solo la doble circunstancia o el tándem que formen el mero hecho de seguir existiendo y de pulsar a diario su opinión a la realidad podrá dar respuesta a dicha pregunta, lo dirá.
¿Es justo dejar de amar a quien amaste, porque hoy amas a otra fémina? El peso y el poso que dejaron en tu alma y en tu piel las mujeres que amaste, que fueron las mejores para ti en los momentos en los que las amabas, hoy pueden ser polvo, pero, como las amaste de verdad, solo puede ser como el del famoso soneto que firmó don Francisco, enamorado.
Hoy (la fecha de la escritura de un texto firmado por servidor coincide pocas veces con la de su alumbramiento en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro) he empezado a pasar mi vista por la segunda novela que publicó (en puridad, que le publicaron al pacense) Jesús Carrasco Jaramilllo, “La tierra que pisamos” (2016). He leído “Intemperie” (2013), que me deslumbró, y “Llévame a casa” (2021), que me petó (agradó), o sea, la primera y la última (hasta el momento), tercera. Y, confieso, me he visto obligado por uno de los varios críticos literarios que acarreo a subrayar (mentalmente, no en el ejemplar que leo, que me ha cedido o dejado en préstamo la biblioteca municipal de Tudela, donde Pilar, Teresa y Luis, sus bibliotecarios competentes y responsables, me atienden, como al resto de los usuarios que acuden adonde esta tiene su sede, la calle Herrerías, con exquisita amabilidad) en la página 21 estas líneas: “El silencio es un lugar propicio para los enigmas y este hombre, con el suyo, me irrita y, de algún modo, me provoca”.
Sí, ya sé por qué ese hombre, del que desconozco casi todo, me ha subyugado, porque ha hecho que me acuerde de otro hombre sin nombre, en concreto, del que protagoniza el cuento con el que Jorge Luis Borges cierra y culmina el Epílogo de su obra “El hacedor” (1960), porque el pintor del mundo, al dar remate definitivo a la tela eterna de su diuturno cuadro, resuelve el enigma, ya que, cuando lo acaba, se da cuenta de que ha venido a realizar, de manera sorprendente, su propio autorretrato, es decir, a corroborar o ratificar la tesis que este menda lleva sosteniendo desde ni él mismo sabe cuánto tiempo y ha dejado escrita en letras de molde en el arranque de este texto, que, conforme va acercándose a su fin, va perdiendo paulatinamente inteligencia y lozanía: que el macrocosmos es el microcosmos (y a la inversa o viceversa, claro), y que, si algo es el hombre, no es lo que piensa ni es lo que dice, ya que lo único que realmente lo identifica es cuanto hace.
Ángel Sáez García