El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Carta abierta a Berna González Harbour

CARTA ABIERTA A BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

En los tiempos que corren, que parece que vuelan (o que se las pelan, las pezuñas, sí, o los cascos, los animales ungulados; así tradujo, literariamente, otrora, en Navarrete, un postulante el latinajo “cervus currit ut volet”, “el ciervo corre que se las pela”), en el país donde tanto se ha mentado y comentado últimamente sobre el controvertido asunto del necesario consentimiento en las relaciones sexuales (para que nadie sea perseguido judicialmente, tras haberlas mantenido), si hay algo que me solivianta, que me molesta un montón, es que alguien, sin haberme solicitado la preceptiva, inexcusable, imprescindible y correspondiente anuencia, me quiera tomar impunemente el pelo, sí, sin habérsela concedido servidor con la debida antelación, es decir, me quiera hacer comulgar con ruedas de aceña o molino de agua sin haberle otorgado previamente mi aquiescencia para poder llevar a cabo dicho fin.

Acabo de leer, en la página 15 de la edición de papel del prestigioso diario EL PAÍS del sábado 30 de septiembre de 2023, el artículo titulado “¿La amnistía o los obispos?”, que lleva la firma de su autora, Berna González Harbour, usted. Desconozco si eso, lo que aparece en el párrafo precedente, es lo que ha pretendido. Quizá haya contribuido a ello este otro hecho, que lleve el abajo firmante (paciente que ha devenido impaciente, por el notorio retraso), que sufre una insuficiencia renal crónica, esperando casi un año, exactamente, desde el 10 de octubre de 2022 (de esa fecha es, sí, pásmese usted, el volante peticionario que obra en mi poder y del que he hecho oportuna copia, para probar documentalmente la veracidad de cuanto aquí asevero; en julio me puse en contacto telefónico con el servicio de citas previas para advertirle a quien me atendió de la evidente demora), día en el que me lo entregó la doctora Estévez Rodríguez, especialista en nefrología del Hospital “Reina Sofía” (HRS), de Tudela, para cuando me citara, a fin de hacerme con una semana de antelación nuevos análisis de sangre y de orina, y me comentara ella los resultados de los mismos en su consulta. Ahora bien, si cuanto he colegido no es así y me he equivocado, le ruego con especial encarecimiento que no siga leyendo, porque servidor es un zumbón redomado, empedernido, de marca mayor, y podría molestarle alguna de las ironías a las que es tan adicto y en este escrito ha vertido. Si ha atinado, tal vez alguna de las líneas que contenga este texto le haga sonreír.

Está claro, cristalino, que en un Estado de derecho (y España lo es, sin ninguna duda, no como arguyen algunos, de desecho; aunque, considerando los pasos que vamos dando por la senda que pisamos, no es extraño que alguno lo piense así) cualquier ciudadano, sea ella, él o no binario, periodista, trapecista, oculista o dentista, puede formular en público (y en privado, asimismo, con idéntica razón) las preguntas que considere pertinentes. Sin embargo, ¿no cree que debería de haber superado la “despersonalizadora” disyuntiva de Aitor Esteban? ¿No considera que tendría que haber optado por este rótulo alternativo “¿Los diputados que apoyan al Gobierno en funciones o los obispos?”, por ser la interrogación más cabal, oportuna y ponderada? Los dos miembros de la disyuntiva hubieran quedado, según mi parecer, a la misma altura. ¿Acaso no hacen o están dispuestos a hacer los unos y los otros, en el ejercicio de sus funciones, tareas parecidas, similares? Y como en el convento sigue sin haber maestro que aventaje a fray Ejemplo, pondré uno que sea aleccionador, clarificador.

Unos, los componentes del Gobierno y sus epígonos, si hacemos caso a lo que airean en sus manifestaciones los representantes de los partidos independentistas, ERC y Junts, están dispuestos a conceder una amnistía a los de su cuerda, quienes delinquieron, tuvieron un juicio justo y fueron penados. Esa medida ¿qué lleva aparejada? Borrar los delitos y las penas impuestas por los tribunales de justicia a quienes cometieron esos ilícitos. El Gobierno ya se encargó de promover que el Congreso, mayoritariamente, lo secundara y suprimiera del Código Penal el delito de sedición y rebajara la pena del delito de malversación de caudales públicos. ¿Qué hacen los obispos, en tanto que son sacerdotes, en el supuesto de que confiesen a alguna/o/s de sus fieles? Otro tanto. Tres cuartas partes de lo propio, pero en este caso, en principio, no se trata de delitos, sino de faltas, hacen los pastores de la Iglesia, borrar, a cambio de unas oraciones, la pena impuesta, los pecados. La única diferencia que encuentro entre los unos y los otros es que los delincuentes del procés han dicho y redicho, hasta el hartazgo, por voz activa, pasiva y neutra, que volverán a hacer lo que hicieron, o sea, que tienen la intención de reincidir. Como el Estado, habiéndose abolido el delito de sedición, está ahora indefenso, ante una posible y nueva intentona, ¿de quién sería la culpa? ¿Exclusivamente de los secesionistas? ¿No cabrá achacar una parte alícuota de la tal a quienes facilitaron la cosa, el caso, si esta/e no acaba en fracaso? Extinta la sedición, no se les podría imputar dicho delito, pues ha dejado de ser tal.

El Ejecutivo que diga amén a la amnistía, además de haber dejado con el culo al aire a los magistrados del Supremo, que cumplieron con su cometido constitucional, habrá distinguido entre quienes se comportaron de manera intachable, cívicamente, y quienes delinquieron, entre ciudadanos de segunda y de primera, por tanto, por una sola causa o razón de peso, por el interés (como quiere Estefanía a Andrés, o viceversa, Andrés a Estefanía), por seguir ostentado el Gobierno de la nación.

Le agradezco, Berna, su idea o el resultado de su jugada, pues me ha dejado las bolas sobre el tapete verde para hacer, lo quiera o no, carambola: ¿Acaso el Gobierno, si se decanta por la amnistía, cual intruso, no va aplicar el perdón cristiano, invadiendo, de manera no autorizada, el ámbito o terreno de la Iglesia? ¿Tal vez Carles Puigdemont se ha confesado y ha recibido la absolución social del dios terreno, Pedro Sánchez? Podría ser.

Mi difunto padre, Eusebio, como era un hombre cabal, justo, ante su disyuntiva, Berna, de amnistía u obispos, aunque era creyente, hubiera optado por una decisión sabia, decir, seguramente, esto: “Ni lo ‘juno’ ni lo ‘jotro’” (sin haber leído a Unamuno, que hubiera optado por la misma determinación, me temo: “Ni la que promueven los ‘hunos’ ni lo que dejan de hacer los ‘hotros’”).

Nota bene

Karl Marx dejó dicho y escrito que la religión era el opio del pueblo. Como esta devino un fraude (influyeron, de manera decisiva, sobremanera, los comportamientos indecentes de diversos religiosos de los dos sexos, que afearon su prístina belleza), algunos fieles descontentos, defraudados, desanimados, se decantaron por una droga alternativa, la política. Y como esta terminó enseñando, de modo fraudurrápido, su patita fraudulenta, también fue desechada. Ahora la gente se ha enganchado o se ha vuelto adicta a las redes sociales y al porno, por no mencionar otro tema; así que, por favor, ruego que nadie me ponga en la tesitura de (y menos me obligue a) elegir entre (representantes de) la religión (me consta que hay verdaderos soles empáticos, por el calor y la luz que irradian) o (representantes de) la política (ídem), porque ambas patuleas (pataleen o no en el Congreso) hieden, pues son embelecos, negocios, zurullos de, si no idéntica, parecida (pido perdón por haber tenido que echar mano de la escatología) mierda.

Adenda

   Acabo de llevarme a los ojos la columna de la derecha de la portada de EL PAÍS del domingo 1 de octubre de 2023, y de leer el primer párrafo de la noticia (sigue en las páginas 28 y 29) que firma Patricia Ortega Dolz, donde me entero de que la novia del cura Fran tomó la decisión de denunciarle “al descubrir que él tenía una relación con otra mujer”. Además de Fran, por supuesto, la mentada novia queda mal parada, porque, si todo hubiera seguido igual (o sea, despechugándose ante Fran, sin ningún problema, sin estar despechada con él) su relación con el cura Fran, francamente fantástica, eso es al menos lo que colijo, hubiera continuado sine die.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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