El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Piérola y Arteaga, fray Ejemplo

PIÉROLA Y ARTEAGA, FRAY EJEMPLO

Desconozco si hubo alguna vez, de verdad, un tal Juan Lanas (don nadie, pelanas, pelele), o un tal Juan Palomo (chapuzas más que factótum), o un tal Pero/Pedro Grullo (aireador de obviedades inútiles, del que, lo reconozco, aunque no se llame así, yo también huyo), cuyas actitudes propiciaron que sus nombres y primeros apellidos se lexicalizaran y entraran a formar parte del acervo cultural español. No lo sé, pero tampoco me preocupa, ni ocupa, ni importa un bledo no saberlo. Me limito a constatar el hecho, que es innegable, irrefutable.

Ignoro, asimismo, si existió un tal Ireneo Funes, que sirviera de arquetipo o modelo real para que el fértil magín de Jorge Luis Borges pariera su famoso personaje literario y lo hiciera imperecedero, inmortal. Igualmente, cabe decir y escribir que puede que existiera un fraile a quien llamaran sus compañeros de convento así, fray Ejemplo, por ser el denominado de este modo ejemplar en sus dichos sensatos y en sus hechos consecuentes, o sea, tanto en sus reflexiones enjundiosas como en sus comportamientos o procederes edificantes. Ahora bien, cuando yo echo mano de fray Ejemplo en mis urdiduras o “urdiblandas” este personaje (existiera o no, poco importa este extremo), que no conocí, es porque un día procedí a crearlo, fundiendo dos personalidades ciertas, que conocí y traté del verano del 74 al estío del 77 (y he de reconocer que fue una suerte hacerlo), sobre todo, Jesús Arteaga Romero y Pedro María Piérola García; así pues, he de confesarle al atento y desocupado lector (sea ella, él o no binario) de estos renglones torcidos que mi fray Ejemplo es un ser ficticio, una mezcla de lo mejor de las dos personas reales citadas, quienes, junto con otros religiosos camilos, fueron fundamentales en mi educación, en el seminario menor de Navarrete (La Rioja), donde fui tan feliz y, durante los tres cursos académicos de mi adolescencia que permanecí allí, entre todos, docentes y colegas o émulos, me desasnaron.

Fray Ejemplo es para mí, qué va a decir su hacedor (la culpa de mis hipérboles la sigue teniendo el mismo, el río Ebro, del que no me río, no, cuyas aguas, aunque no las bebo, me lavan la piel, la ropa y el pelo), el maestro vivo o muerto más famoso de España, desde que Antonio Machado alumbrara a su Juan de Mairena, eterno y apócrifo profesor de gimnasia y retórica; como le acaecía a aquel, que su estimación le precedía, a este también le adelantaba su predicamento antes de que sus huesos arribaran al puerto o lugar que fuera y demostrara que se había ganado a pulso su prestigio, o sea, que este era merecido. En Algaso, hoy en día, es un icono local, tan sólido como la colegiata de San Miguel (y otros arcángeles). Si dejamos a un lado sus creencias religiosas, es otro José Ortega y Gasset laico; siempre se reconoció discípulo y propagador de su perspectivismo, pues había aprendido mucho de cuantas personas escuchaba, y para quitarse de encima o rebajar la importancia que le otorgaban los demás, cuántas veces le he oído proferir aquel adagio de Diógenes Laercio: “Callando se aprende a escuchar, escuchando se aprende a hablar y hablando se aprende a callar”.

Mi fray Ejemplo es una persona dotada de un conjunto, lista o serie de facultades o habilidades que son las que le permiten realizar su labor con un especial cuidado, esmero y finura, o sea, con primor. Si acudes a su presencia, comprobarás qué te dice: relájate y cuenta. Te obliga con dulzura a hablar. Puede que, si te callas y el silencio se prolonga más de un minuto, para sacarte del apuro y seguir sonsacándote, te pregunte sobre lo dicho o por lo que, deliberadamente o no, has silenciado, para que no enmudezcas y él tenga todas las claves o teselas. Aunque tu discurso haya sido deslavazado, él, mentalmente, tiene la virtud de ordenarlo, de organizarlo, de tal manera que, cuando consigue completar el mosaico o puzle, te da en un santiamén su interpretación y a ti se te abre el cielo, pues adviertes, ya que la coloca delante de tus ojos, la solución a tu problema.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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