El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Velis nolis, no soy supersticioso

VELIS NOLIS, NO SOY SUPERSTICIOSO

PORQUE DEPARA MALA SUERTE SERLO

Antes de empezar a debatir sobre cualquier tema, conviene ponerse de acuerdo sobre los significados de las palabras. Y, así, si las tres personas que nos hemos juntado a fin de discutir sobre la superstición, verbigracia, abundamos, es decir, coincidimos, en que el cabal significado de dicha voz es este, “creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón”, como la define el Diccionario de la lengua española, DLE, ya hemos puesto la base, las tablas y, sobre ellas, el escenario, para que procedamos a intercambiar ideas sobre el mencionado asunto de marras, desde puntos de vistas diferentes, ora complementarios, ora opuestos.

Eso es, poco más o menos, lo que vinimos a hacer el otro día fray Ejemplo, Emilio González, “Metomentodo”, y servidor, en el lugar que pactamos los tres, de consuno, como neutral, el casino “La Fuerza”, de Algaso. La verdad es que podían haber sido cualesquiera otros sitios, una estancia del convento, el salón de la casa de Metomentodo o el de la mía.

Metomentodo, que no suele tener pelos en la lengua, se encargó de abrir el debate o el fuego (que para él es sinónimo de juego), al aseverar una obviedad: Velis nolis, no soy supersticioso, porque depara mala suerte serlo. Ahora bien, como lo afirmado por él era una verdad irrefutable, apodíctica, propia de Perogrullo, la escogí para que encabezara mi relato sobre dicha discusión amistosa. Convendría leer las narraciones que hayan hecho, a su vez, fray Ejemplo y Metomentodo, si es que se han dignado coronarlas, para tener una visión coral, de conjunto, sobre lo defendido por cada quien durante la controversia.

Tras coger la brocha, meter y empapar su escobilla en el bote de pintura y dar con ella el trazo inicial, Metomentodo se metió conmigo (no me cogió de improviso, por dos razones, porque es lo usual y porque lo conozco como si lo hubiera parido, bueno, sin el “como”), al preguntarme: “¿Por qué te has bajado, Otramotro, los pantalones, al avenirte a entender las razones aducidas por quienes sostienen que es una mera cuestión de justicia social dar cancha a las 37 (confío, deseo y espero no haberme olvidado de alguna) distintas identidades sexuales, aunque tú acostumbras a reducirlas a 3, ella, él y no binario?”. Y le contesté, sin tener que elaborar un discurso bien trabado y concienzudo: “Por eso mismo, precisamente”, por lo que acababa de referir él, “porque he hecho el esfuerzo de comprender esos criterios de peso, tan válidos como otros, siempre que se argumenten, claro, se pertenezca, o no, al clero.

La respuesta que le di le supo a poco, y siguió hurgando con el dedo en la herida que había abierto en mi piel. Pero esta vez dirigió su mirada y pregunta a fray Ejemplo: “¿Sabe usted, uno de sus dechados o modelos actitudinales, que, aunque Otramotro diga que no es supersticioso, lo es (a mí, al menos, no me cabe la menor duda al respecto, pues, cuando salimos a pasear por las tardes, le da por fijarse en las matrículas de los coches y, si logra pillar, en dicho recorrido, media docena en las que los cuatro números que las conforman llegan o superan el 5, cree que algo bueno le va a suceder, ya tenga que ver su resultado con algo dinerario, o sea, que va recibir un buen pellizco en un juego de azar, o sexual, que, por fin, lo va a meter en caliente, esto es, su enhiesto dedo sin uña va a gozar)?”. No lo negué; pero, agregué, tras admitir el hecho, que no era más que una estratagema o treta para empezar a hablar de cualquier asunto, siempre que no fuera de política o de fútbol, porque de esos dos temas estoy más que harto, hasta más arriba de la coronilla.

Aquí abrió la boca fray Ejemplo para decir que, como veía venir a Metomentodo, que hacía honor a su mote, antes de que le preguntara lo que seguramente tenía ya colocado en la punta de la lengua, a punto de soltar, si la religión era o no una superstición, le respondió acaso lo inesperado, que él se había visto reflejado en numerosas ocasiones en el ejemplo y espejo unamuniano de San Manuel Bueno, en su novela de dicho título, que agrega, tras la coma, una sola voz más, mártir.

Y, como constatamos que el tema tenía poco recorrido (los tres estábamos romos, embotados, atontados), volvimos por nuestros fueros, a retomar el asunto de la final de la Supercopa Española del pasado domingo 14 de los corrientes, el enésimo clásico, en el que el Real Madrid le pasó por encima al Fútbol Club Barcelona: 4-1, con hat-trick de Vinicius Júnior.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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