El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Las tijeras cortaron por lo sano

LAS TIJERAS CORTARON POR LO SANO

Segundo Puntazo Alegría, para sus alumnos mayores, de 17 años, estudiantes de Segundo de Bachillerato, a punto de alcanzar su ansiada mayoridad (qué error y qué horror, pronto descubrirán el busilis del asunto), era un faro, un guía, un gurú, un justo profesor de filosofía; para sus pupilos menores, de 9 años, discentes de Cuarto de Primaria, que van a cumplir o hacer realidad este año su sueño de celebrar con su familia y amigos su Primera Comunión, era su profe de religión, abierto, accesible, siempre dispuesto a escuchar, y a levantar o hacer viable hasta el plan o proyecto más descabellado, si este tenía como favorable fin y reto el mejorar la educación que se impartía en el colegio concertado donde él daba clase desde hacía una década.

Segundo, haciendo caso a su gracia de pila, era el segundo de los tres hijos de Joaquina Alegría y Juan Puntazo. Haciendo caso a su primer apellido, era una persona estupenda, un modelo actitudinal, pues todo quisque le echaba flores, halagaba, hablaba bien de él, sin excepción, como otro tanto denotará ese vocablo, puntazo, cuando se acepte una segunda entrada o acepción de dicha palabra en el Diccionario de la lengua española, DLE, que pide, a voz en grito, su ingreso, con el significado de notición: por ejemplo, en la frase “sería un puntazo que el equipo infantil venciera al cadete”. Su progenitor, durante un largo decenio, hasta que su hijo se ordenó sacerdote, tuvo en la boca este dicho: “Sería un puntazo que mi segundo retoño, Segundo, fuera cura”. A ese comentario renuente de Juan su hijo menor, Benjamín, solía agregar, en voz baja, prácticamente inaudible, para que su padre no se indignara con él y se pusiera como un basilisco, un ojalá, seguido de algo parecido a esto: no le ocurra lo mismo que al hermano de Tony Manero (John Travolta), Frank (Martin Shakar), en la película “Fiebre del sábado noche” (dirigida por John Badham en 1977, cuya banda sonora se ha hecho inolvidable gracias a varias y pegadizas canciones de los Bee Gees, grupo musical británico formado por los hermanos Barry, Robin y Maurice Gibbs en 1958), que cuelga la sotana, la camisa clériman y el alzacuello. Y, para rematar en un pispás su etopeya, como colofón, agregaré que, haciendo caso a su segundo apellido, era la alegría de la galería, que nunca se agriaba ni producía alergia, y, como todos abundaban en dicho parecer, juzgué que esa era la verdad pura y dura (o sea, aquí al revés, blanda, de una blandura sedosa).

No hay un solo alumno ni un solo profesor en el centro que acierte a explicar el porqué, pero los agentes de la policía científica, a quienes se les ha asignado la resolución del caso, ya están haciendo sus pesquisas, sus averiguaciones, para dar solución indubitable, satisfactoria, al cúmulo de incógnitas que hay sobre el asunto de marras. Nadie sabe por qué el religioso acudió al gimnasio del colegio, si nadie lo había visto por allí jamás. Nadie sabe quién acabó con su vida, porque suicidio no fue; eso, al menos, está descartado. Nadie sabe quién empuñó las tijeras y le asestó con ellas el golpe fatal en el pecho, que, presuntamente, le reventó el corazón.

Por el momento, las especulaciones son muchas; y cada día que pasa, desde el pasado viernes, día de autos, del asesinato u homicidio, más. Es necesario dar tiempo a los investigadores y que estos hagan su tarea concienzuda y, así, salgan a relucir las claves, los indicios, posibles móviles, sospechas…, que expliquen los numerosos misterios o secretos del affaire.

¿Por qué Segundo murió de un puntazo en el pecho? Hay dos teorías que, aunque todo quídam las calla, circulan y se siguen secreteando por los mentideros de Algaso con tanta rapidez o velocidad como corre un reguero de pólvora, una vez prendida. Al parecer, según una, Segundo hizo una proposición indecente, deshonesta, a un alumno suyo, de Bachillerato, que, presuntamente, era gay, y este lo rechazó, y, como Segundo insistió, el discente cerró todas las puertas a las tentaciones del docente, cortando por lo sano. Una segunda hipótesis, más verosímil, sostiene que Segundo daba clase a dos hermanos, uno de cada grupo. El pequeño se sintió acosado por su profe, Segundo, y el hermano mayor acabó con el problema, la pesadilla real de su hermano, pues puso fin, de manera expeditiva, sin contemplaciones, a dicho infierno.

Nota bene

Nunca, hasta el momento, había trascendido una sola denuncia de posible episodio de pederastia en el citado centro, ni en ningún otro, en el supuesto de que Segundo hubiera ejercido de profesor antes en otros, contra él, pero este acabó sus días con los ojos de las tijeras, objeto punzante, sin duda, señalando a su enfermo corazón (¿además de su mente?).

Post scriptum

Si, por una casualidad extrañísima, algún lector se llama Segundo Puntazo Alegría, le pido perdón por imaginar un personaje con sus mismos nombre y apellidos. Está claro que no me refiero a él, pues mi personaje es imaginado, literario, como toda la historia que cuento en esta urdidura de él.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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