SOY ‘DONANTE DE SEMEN CINCO ESTRELLAS’
En mi cerebro resonaban, como suelen hacer los golpes dados por el martillo, cuando el herrero impacta con él sobre cualquier objeto que mantiene apoyado en el yunque de su fragua, las palabras que acababa de escucharle proferir a mi sensata y seria hermana, Claudia: “Te ruego encarecidamente, Sofía, que, si el varón que te ha tocado en suerte, te dice, al inicio de la cita, en los prolegómenos de la misma, que es ‘Donante de semen cinco estrellas’, recuerda esas cinco palabras diabólicas, una detrás de la otra, no se te ocurra olvidarlas, salvo que haya echado mano del recurso retórico de la ironía, figura o modo de decir que, acompañado de gestos y un tono coñón, permite afirmar (y, por ende, colegir) lo contrario de lo que se asevera, circunstancia que no conviene echar en saco roto o pasar por alto, y, para saber si eso es así, deberás promover que siga dándole a la sinhueso, hasta que adviertas o averigües, de manera fidedigna, sin un ápice de duda razonable, o sea, que te cerciores de que habla de veras o burlonamente, como suele hacer el zumbón, y a ti te conste cuál es el verdadero terreno que pisa, que no te dejes engatusar por su planta magnífica, su belleza insólita, sin igual, porque esta menda cayó, qué tonta fui, rendida, nada más verlo, a sus pies; te aviso de que se parece, como una gota de miel a otra gota de miel, a Brad Pitt (poco importa, porque tú vas poco al cine, que sea el de hace dos décadas o el de ahora) o a cualquier modelo que hayas podido contemplar en un cuadro o cartel colgado en la pared de una peluquería de caballero o unisex”.
Así que, cuando he llegado a la cafetería Eza, lugar elegido por el moderador (ella, él o no binario) del Chat “Singles” (“Solteras/os”, en inglés) para el encuentro, nuestra primera cita, he mirado a través del cristal del ventanal que da a la calle Mayor, y, aunque en principio no iba a entrar, porque, he visto al mismo demonio, tal y como me lo había pintado mi hermana, hasta he imaginado que portaba cola, en la mesa 7, la mía, la nuestra, sí, al mismo Brad Pitt en persona, he caído, como eso mismo recomienda hacer el escritor irlandés Oscar Wilde en su novela “El retrato de Dorian Gray”, en la tentación: “La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal”; y he entrado en la cafetería y me he dirigido directamente a la mesa tentadora, me he sentado en la silla que quedaba frente a Brad o Satán, lo he saludado y me he presentado: “Hola, buenas tardes; soy Sofía, la ‘Prejuiciosa’ del chat” y le he largado mi diestra. Cuando él ha hecho lo propio y mi piel ha acariciado la suya (y, mutua o recíprocamente, él la mía), he tenido la sensación de que me derretía o regalaba, y he pensado que me iba a desmayar, pero he decidido guardar al instante la lipotimia para mejor ocasión; y he escuchado su presentación: “Soy Lucas, el ‘Donante de semen cinco estrellas’ del chat”.
De los hechos acaecidos a posteriori, de madrugada, en la cama y en el baño de la habitación del hotel, al que acudimos tras cenar, solo tenemos noticia y los conocemos dos personas, Luis y servidora. Y, como cabe catalogarlos de porno (la calificación de duro o blando la pondrá cada quien, según hayan sido sus experiencias y gustos), por no utilizar otro sintagma más sicalíptico, los guardo en el tintero, no por autocensurarme, de veras; ahora bien, podéis imaginároslos, perfecta y personalmente, si tenéis, atentos y desocupados lectores, sea cual sea vuestra identidad sexual, capacidad para fantasear, que, sospecho, no os falta.
Sofía, la que pronto se rehace.
Ángel Sáez García