El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Recipiente de cuero para puros?

¿RECIPIENTE DE CUERO PARA PUROS?

¿ES UNA TONTERÍA MANIFIESTA?

Parece una petaca de cuero para puros (así que no me extraña nada que quien me conoce y ve, por primera vez, cómo la extraigo del bolsillo de la camisa que visto ese día, indefectiblemente y con el ceño fruncido, horrorizado, me pregunte: Pero, Ángel, ¿es que has vuelto a fumar?; a dicha interrogación suelo contestar, poco más o menos, esto: por supuesto que no; no me reputes tan leo, necio o sandio; pues fueron bastantes los dos cánceres que padecí y me extirparon en un quirófano del HRS, Hospital “Reina Sofía”, de Tudela, otrora, y luego el colon restante en otro del Hospital “Virgen del Camino”, de Pamplona; que casi casi me llevan (estuvieron a punto de hacerlo), de manera precipitada o prematura, al nicho o a la tumba, como para no haber escarmentado en cabeza propia y no haber aprendido del error diuturno cometido, al haber sido antaño un fumador empedernido, y no haber extraído de él la mejor lección, desterrar de mi vida el tabaquismo), y puede que alguna prima hermana o carnal de dicha petaca ejerciera alguna vez para tal fin; así que no cabe ni conviene descartar esa posibilidad, pero es mi plumier, al menos, funge de lo dicho. En él llevo, además de dos bolígrafos BIC azules, mi pluma suiza, hecha en Ginebra, una Caran d’ Ache, con la que he escrito, si no todas las epístolas de amor que he mandado (hay dos o tres que no las remití) a las féminas que he venerado (a algunas de ellas solo por haberme escuchado con atención y paciencia, pues a la postre, acabaron dándome calabazas, aunque coronadas con un inopinado abrazo; y, alguna si no me lo dio, sentí que sus palabras, lenitivas, hacían las veces de tal) a lo largo de mi vida. Y, asimismo, con la que he trenzado los catorce versos endecasílabos (dieciséis o más, si portaban estrambote) de cuantos sonetos he compuesto.

Como el hombre (en genérico, hembra o varón) es un animal de costumbres, empecé a urdir las cartas susodichas con la pluma que me regalaron mis padres con la grata ocasión de mi décimo no(ve)no cumpleaños (entonces estaba este menda cursando Primero de Medicina en la Facultad de Zaragoza); y desde entonces, echo mano de ella. Aunque su tinta sea distinta (no he pretendido hacer una rima interna; puede y debe creerme, atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario, de estos renglones torcidos), lo hago con idéntica intención y el mismo pretexto, que la mujer de la que esté enamorado hasta los mismos tuétanos (¿acaso se puede estar, verdaderamente, de otro modo?) en ese momento concreto no se sienta menospreciada, minusvalorada o perjudicada por la actitud que el abajo firmante tuvo con las anteriores, asimismo amadas con devoción y pasión ilimitadas o infinitas por este menda.

Soy dueño, entre otros objetos personales, de unas gafas graduadas (pues tengo miopía y astigmatismo) y de una cartera, en cuyos diversos compartimentos guardo el carné de identidad y la tarjeta de crédito, que me han hurtado o he perdido en varias ocasiones, pero mi pluma Caran d’ Ache jamás de los jamases la he extraviado. Un sábado, que estaba invitado servidor a una boda, me la dejé olvidada en la camisa que me tuve que cambiar, porque la había manchado, sin querer, durante el desayuno. Bueno, pues, cuando, al final del banquete, me di cuenta de que no iba conmigo, de que no la portaba donde esperaba hallarla, en el bolsillo de la camisa, cas casi me da un soponcio.

Seguramente, es una tontería manifiesta cuanto me dispongo a escribir a continuación, y usted, atento y desocupado lector, a leer, pero puede que mi apreciada pluma, mutatis mutandis, sea una parte constitutiva de mi personalidad, así como los smartphones lo son del grueso de la población mundial (mis teléfonos móviles son sencillos, quiero decir, acéptese la hipérbole, antediluvianos, quiero decir, antiquísimos), o como lo son otras de la parafernalia habitual de una vedete, que enaltecen o realzan su venusta figura.

   Nota bene

Olvidábaseme de decir que los smartphones, los teléfonos inteligentes, de nada les sirven a sus usuarios si estos demuestran ser unos sandios, al no haber logrado sacarles el máximo partido o provecho apetecido a esas herramientas o útiles, que devienen, por la impericia inconcusa de sus dueños, en baladíes, fútiles, inútiles.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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