El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Aquiles no se llaman nuestros héroes

AQUILES NO SE LLAMAN NUESTROS HÉROES

SUS NOMBRES RAFAEL Y CARLOS SON

Fray Ejemplo ha sido invitado media docena o decena de veces a la decana e inveterada tertulia que se celebra los viernes en el casino “La Fuerza”, de Algaso. A la actual y primera presidenta de la historia (pues ahora a las féminas se les permite ser socias del mencionado y, por ende, aspirar a poder presidirlo; ya era hora de que llegara la igualdad efectiva a cualesquiera ámbitos, incluidos los rincones más recónditos de la sociedad) de la citada institución, Pilar Teresa Lucas, le cabe el honor de tomar la palabra con el único propósito de dar inicio a la misma, nada más oír cómo acaban de dar las ocho de la tarde en las dos campanas visibles de la espadaña que corona la colegiata de los Santos Arcángeles (Gabriel, Miguel y Rafael).

Recuerdo, como si hubiera acaecido ayer, el día en el que le escuché hablar en la última, por el momento, que unos aseveran que fue la quinta y otros, no hay manera de que se pongan de acuerdo tirios y troyanos, la sexta; en la que, por supuesto, tomé apuntes. Tendría que haber llevado una grabadora, para, de ese modo, haber disfrutado el doble o el triple. Tras darle la bienvenida y agradecerle la asistencia don Gervasio, uno de los tertulianos titulares de la susodicha, este, el mismo, animó y exhortó a fray Ejemplo a que hiciera uso de la palabra, y esto, poco más o menos, fue cuanto adujo mi maestro y mentor en su primera intervención, y a mí me dio tiempo de anotar en mi libreta:

—Muchas gracias, don Gervasio, por la acogida y el saludo, y por concederme la palabra. Aprovecharé mi primer turno para afirmar cuanto considero obvio, ignoro qué pensarán ustedes al respecto, esto: que toda persona que desee ser admirada por otra/s ha de promover sin falta, a machamartillo, incluso a ultranza, entre todos sus congéneres, la libertad de pensamiento, de expresión y de cátedra, pues en cualquiera de ellas podrá hallar y/o ver a un probable o hipotético admirador suyo. Ahora, tras escuchar con atención cuanto les he brindado, mi declaración de principios, lo lógico y normal es que uno de ustedes me pregunte, a renglón seguido, ¿por qué?

Don Gervasio, como el mismo rayo, se animó a plantearle la sugerida cuestión:

—Pues sí, ¿por qué?

—Porque de la libertad de elegir, entre las diversas opciones o varillas del abanico abierto, nace la capacidad de poder mirar y, como consecuencia, corolario o correlato, admirar, ya que, si se le impone al elector o selector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) un criterio, el que sea, este sujeto deviene, irremediablemente, en objeto; y de un objeto, aunque tenga almacenadas en su memoria diez bibliotecas repletas de volúmenes, o sea, ni se sabe, a ciencia cierta, cuánta información en su base de datos, nadie espera y menos él, el objeto, sin alas ni alma, que tenga la facultad de volar ni la habilidad de admirar.

—Estoy de acuerdo con lo que he colegido de cuanto acaba de aseverar fray Ejemplo. Ahora bien, he de reconocer, sin ambages ni requilorios, que no sé si he deducido cuanto convenía que servidor infiriera, es decir, bien o mal. Luego, si estima pertinente decir algo en lo concerniente al caso, don Eusebio dirá. Hoy, está claro, no tenemos héroes como los que aparecen en los clásicos relatos homéricos, la “Ilíada” y la “Odisea”. En los tiempos que corren los varones españoles no se llaman Aquiles, Héctor, Ulises o Eneas (aunque no falte algún devoto o adicto a los mismos que se haya visto impelido a llamar así a alguno de sus retoños), sino que sus nombres son Rafael y/o Carlos, verbigracia. Y es que hace unos días —confesó don Gervasio, que era quien daba la réplica a fray Ejemplo— escuché en una radio —no diré cuál, siguiendo la estratagema cervantina, para que todos los atentos y desocupados lectores que tenga esta urdidura o “urdiblanda” piensen que fue la que ellos escuchan asiduamente— que Nadal y Alcaraz iban a formar pareja de tenis en los Juegos Olímpicos de París 2024, y esta madrugada he soñado (no sé si el sueño será profético o no; la mayoría de los que he tenido no se han cumplido luego; lo aviso para no crear ni dar falsas esperanzas) que ganaban la presea de oro en dicha disciplina olímpica. Y todo español (insisto; ella, él o no binario) que he visto por la calle se enorgullecía de ser compatriota de ambos titanes.

Nota bene

   He pulsado la opinión de varios asistentes, porque, al terminar la tertulia, había discrepancias entre unos y otros, los tirios y los troyanos. Esta es la opción mayoritaria, que se ha impuesto al resto, de cuanto adujo fray Ejemplo:

—Abundo, don Gervasio, con usted, aunque no faltará entre los presentes quien llegue a casa y le cuente a su parienta que le he llamado a usted Abundio.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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