El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

El mundo se comprime en un pañuelo

EL MUNDO SE COMPRIME EN UN PAÑUELO

LA VIDA SE CONCENTRA EN UNAS LÁGRIMAS

(DE FELICIDAD UNAS, DE PENA OTRAS)

Seguramente, al atento y desocupado lector de estos renglones torcidos, ora sea o se sienta ella, él o no binario, grosso modo, le ha ocurrido o puede pasar alguna vez otro tanto de lo que me sucedió recientemente a mí, que algunas frases geniales o píldoras cuerdas de autores de (más o menos) renombre nos gustaron o llaman la atención la primera vez que nos las llevamos a los ojos, tras haberlas leído, negro sobre blanco, estampadas sobre el papel, pero las empezamos a apreciar o catalogar en su justa medida, y hasta nos apropiamos de ellas o hacemos nuestras, cuando comprobamos que hubo, hay y habrá, mientras el mundo siga siendo (in)mundo, razón bastante para airearlas, propagarlas y propalarlas, por ser verdades inconcusas.

Durante una semana cabal, del miércoles 7 al ídem 14 del mes en curso, en la grata compañía de mi amigo del alma Luis de Pablo Jiménez, he disfrutado de unas inesperadas (cuando me las propuso) vacaciones en Almería; y he vuelto a constatar que una ocurrencia aguda de Albert Camus (en concreto, esta: “No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo”) sigue vigente, teniendo todo su sensato sentido.

Hoy, por la sencilla razón de que me apetece, me apresto a narrar una anécdota de dicho tiempo de asueto. Aquella tarde habíamos llegado a Bédar, tras habernos detenido previamente en Los Gallardos (que éramos Luis y yo, dos, sin duda ni presunción; y puede que nos tomara por tales el lugareño al que le pregunté qué no debíamos perdernos de contemplar en dicha localidad). Nuestro solícito informante nos recomendó ir a Bédar, que fue cuanto hicimos, aunque nosotros ya teníamos previsto hacer dicha cosa, tal viaje. El folleto que nos dieron en la oficina de turismo de Mojácar (con diez rutas posibles) lo aconsejaba. Así que, después de aparcar Luis su coche en el lugar habilitado para tal menester (una excepción, porque en el grueso de los pueblos y villas almerienses que visitamos nos resultó dificultosa llevar a cabo dicha acción), ascendimos el poblado a pie para ver la iglesia. En Almería la mayor parte de los poblados que recorrimos son primos hermanos o carnales de Cornago (localidad riojana donde nació mi progenitor, Eusebio), pues, para conocerlos, debes subir, y subir, y subir…

Habíamos ascendido un buen tramo o trecho, cuando a un señor con el que nos dimos de bruces, que venía en dirección opuesta a la que nosotros llevábamos, me brotó preguntarle por dónde llegaríamos antes al recinto religioso, pues allí el camino se bifurcaba. Nos contestó lo apodíctico (“incondicionalmente cierto, necesariamente válido”; así define dicho vocablo el Diccionario de la lengua española), pero también me preguntó de dónde éramos; y yo le respondí lo cierto y verdad, que de Tudela (Navarra). Bueno, pues, nada más contestarle, nos confesó que él había aprendido música con un método y tratado de otro navarro ilustre, el burladés (no pretendo hacer burla, no) Miguel Hilarión Eslava y Elizondo (1807-1878), que ingresó de niño en la escolanía de la catedral de Pamplona, donde fue infante de coro y violín. Armonizó o concertó los estudios musicales con la carrera eclesiástica. Fue maestro de capilla en El Burgo de Osma, Sevilla (donde, por cierto, fue ordenado sacerdote en 1832) y Madrid (donde fue nombrado director del Real Conservatorio de Música). Compuso entre otras obras musicales, 30 óperas y más de 140 composiciones religiosas, entre las que destaca su “Miserere”. Fue autor de varios métodos de solfeo, composición y armonía.

Yo le comenté al que nos confesó que no había sido músico profesional que Eslava es uno de los cuatro apellidos que se pueden leer en el quiosco musical de la tudelana Plaza de los Fueros, bajo su cubierta, inscritos sobre sendas placas. Los otros tres apellidos son los del pamplonés Pablo Sarasate, virtuoso del violín (1844-1908), el compositor tudelano Joaquín Gaztambide (1822-1870), famoso compositor de zarzuelas (entre las que cabe destacar “El valle de Andorra”, “El juramento” y “La conquista de Madrid”), y el tenor roncalés Julián Gayarre (1844-1890).

Está claro, cristalino, que, donde menos se piensa, salta la liebre (como se lee en “El Lazarillo de Tormes”) y que el mundo es un pañuelo (y sus cuatro puntas pueden asemejarse o equivaler a los cuatro puntos cardinales). Una mera suma de las dos locuciones expresadas da cuenta de la auténtica anécdota algarrobera o bedarense relatada.

Nota bene

   Olvidábaseme de decir que esa tarde llegamos a Lubrín (tras tener la sensación refractaria de haber ascendido dos veces seguidas de Cervera del Río Alhama a Cabretón, patria chica de mi madre, Iluminada, y de aquí a Valverde, en La Rioja, por las numerosas vueltas y revueltas de la carretera que nos llevó a dicho lugar; felizmente, a la vuelta, no hicimos el recorrido a la inversa, sino que optamos por otra vía alternativa), pero no pudimos contemplar cuanto anhelábamos hacer, los tres Abrigos de las Piedras de Cera, donde, según afirmaba el folleto de marras, cabía observar pinturas rupestres del Paleolítico Superior. ¡Qué chasco más morrocotudo nos llevamos!

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído