El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Por qué a la de escribir labor me aferro?

¿POR QUÉ A LA DE ESCRIBIR LABOR ME AFERRO?

ESTE OTRAMOTRO ES MI INSACIABLE SOMBRA

Si no recuerdo mal, fue el pasado miércoles 21 de mayo de 2025, en el programa “El hormiguero”, de Antena 3, donde al invitado de turno, el expresidente del Gobierno Felipe González, le escuché pedir encarecidamente a los actuales representantes políticos de los ciudadanos españoles, ora sean o se sientan ellas, ellos o no binarios, que, durante dos meses, dejaran de lanzarse insultos, pullas. No soy augur (o lo soy como mi irónico amigo Agustín, con quien, al día siguiente, jueves, a las nueve menos cuarto de la mañana, en la tudelana Plaza de los Fueros, a punto de llegar al arco de la calle Yanguas y Miranda, me di de bruces, yendo este menda de camino a la biblioteca, a pasar a ordenador lo que había escrito por la tarde a bolígrafo en casa, y le formulé la siguiente cuestión: “Agustín, ¿crees que lloverá hoy?”, porque estaba el cielo completamente cubierto, nublado, y me contestó, de manera prudente y sarcástica, así: “Mañana, de modo seguro, te lo digo”), pero, como la polarización se ha enquistado, me temo que la sabia recomendación del más afiliado y militante socialista que simpatizante (según se confesó y deduje; ignoro si fue lo correcto) exdirigente, de pelo blanco (más sabe el diablo por viejo que por diablo; o “a los viejos les gusta dar buenos consejos para consolarse de no poder dar malos ejemplos”, sentenció François de La Rochefoucauld), va a caer en el saco roto de los oídos de los “hunos” y de los “hotros”, sí, con hache, como juzgó oportuno diferenciarlos Unamuno, mi guía y mentor; pues las diatribas, invectivas y sátiras (pocas, porque no estamos en la España de los siglos XVI y XVII, dorados en literatura, con los escritores Quevedo, Lope de Vega y Góngora en la cresta de la ola, cuando el conceptismo y el culteranismo echaron raíces y dieron lo mejor de sí mismos) no pararán, es más, seguirán sin ponerse de acuerdo en nada, aunque, stricto sensu, no lo estén.

Si no rememoro mal, fue Luis de Góngora y Argote quien se mofó de Lope de Vega con esta quintilla: “Dicen que ha escrito Lopico, / contra mí versos adversos; / mas, si yo vuelvo mi pico, / con el pico de mis versos, / a ese Lopico lo pico”. Y del susodicho y Quevedo con esta mordaz redondilla, en la que los motejaba de pimplar, de ser unos dipsómanos: “Hoy hacen amistad nueva /, más por Baco que por Febo, / don Francisco de Quebebo / y Félix Lope de Beba”. Aunque no falta quien asevera, no sin razón, que la escribió un tal Tomé de Burguillos, seudónimo de, sorpréndase, como me admiré yo al enterarme, el mismísimo Lope de Vega, tras, al parecer, reconciliarse este con el genial autor del “Buscón”.

A la inmensa mayoría de los escritores que han logrado publicar algunos de sus libros les han formulado en alguna de las muchas interviús que les han hecho, bien en prensa, bien en radio, bien en televisión, esta pregunta: ¿Por qué escribe/s? Yo lo tengo claro, cristalino; lo hago a diario porque, desde que, en el verano de 1974, fui a hacer el “cursillo” preparatorio al seminario menor de Navarrete (La Rioja), me he sentido, a ratos, ayuno de cariño. Entonces, durante esas jornadas estivales, fui el único de los cursillistas desplazados al colegio de la citada localidad riojana que no recibió una carta de su familia. ¿Por qué? Porque esa era su forma de vivir el duelo, de guardar luto, por haber fallecido mi abuela paterna “Goya”, que ya me advirtió, proféticamente, al despedirme de ella, que no nos volveríamos a ver nunca más, horas antes de que servidor emprendiera viaje en autobús al mencionado seminario.

Así que, si me formularan la pregunta de marras, sé qué contestaría, siendo veraz, al ciento por ciento, esto: yo escribo, por padecer un intermitente e inveterado déficit de cariño, para que los que no me quieren me quieran (que fue la respuesta que dio otrora “Gabo”, Gabriel García Márquez, cuando fue interrogado al respecto, pero se quedó aquí) y para que los que ya me quieren me quieran más. Y es que, en materia de amor, para este Otramotro, mi sombra insaciable, demasiado es todavía poco. Lo idéntico adujo, muchos años antes, Pierre-Augustin de Beaumarchais.

Quienes llevamos más de dos décadas y media sin hacer el amor con una fémina hermosa, atractiva y lozana nos hemos tenido que buscar una fuente alternativa o sustituta, donde, por lo menos, podamos beber a morro en uno de sus caños, del que no deje de manar agua que curse con satisfacción personal. Como, últimamente, solo hallo ese gozo coronando la idea o Costanza que he cazado al vuelo o pescado sin anzuelo, estampando mi firma y mi rúbrica en esa urdidura o “urdiblanda”, y, como noto que esa fuente de placer me hace sumo bien, sigo, erre que erre, perseverando en esa misma dinámica o mecánica procedimental de escribir todos los días un texto en prosa, de entre setecientas y mil palabras. Puede haber escritos que sean más largos y más cortos de los límites dados, máximo y mínimo, de esa horquilla.

Nota bene

   De José Luis Sampedro siempre recuerdo dos frases: “Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada” y “Uno escribe a base de ser minero de sí mismo”. Me place esta metáfora de la mina referida a la actividad literaria, que, por cierto, me ha hecho rememorar, a su vez, el pico de los versos de Góngora que tanto debieron picar a Lope, “monstruo de la naturaleza y fénix de los ingenios”, según lo llamó, de manera laudatoria, Cervantes.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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