El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

A las tres y cuarenta de la tarde

A LAS TRES Y CUARENTA DE LA TARDE

Ahora mismo, a las tres y cuarenta de la tarde del viernes 11 de julio de 2025, no cambiaría la presente y notoria percepción de observar cómo la punta del bolígrafo BIC azul, que empuñan los dedos pulgar, índice y corazón de mi diestra, se desliza sobre la media cuartilla amarilla por otra, salvo que esta consistiera en acariciar y besar con mis labios y recorrer con mi lengua la piel de la anatomía desnuda de una fémina veinteañera (y hasta de treinta primaveras), como, felizmente, eso ocurrió otrora. Son tantos los años, más de dos décadas, los que han pasado desde la última vez en que ese suceso portentoso acaeció, que casi me he olvidado de las benéficas impresiones que me dejaron en mis terminaciones nerviosas ese cúmulo o rosario de hechos milagrosos.

Hace lustros, decidí (no sé si acerté en más ocasiones de las que marré morrocotudamente) que no iba a leer muchos libros, pero que no dejaría de releer los que me agradaron sobremanera, mis clásicos (que quizá no coincidan con todos los tuyos, lector). Eso es lo mismo que ahora, que no follo, hago con las churris que tuve antaño, que prefiero rememorar detalles y pormenores de aquellos polvos, antes de que devenga servidor en polvo o cenizas, a estar con nuevas (acaso usadas en exceso, porque entraron en ellas a saco) féminas. Y, por si tú no entiendes mi criterio, procedo a aclarártelo en un pispás. En mis sesenta y tres años de existencia quizá haya hecho el amor con mujeres hechas y derechas menos veces que algún clérigo regular, apenas unos cuarenta “eroskikis”, no más, acaso alguno menos.

A ti, atento y desocupado lector, ora seas o te sientas ella, él o no binario, de estos renglones torcidos, ¿te ha pasado tres cuartos de lo propio que me ha sucedido y su anagrama, seducido, a mí, que echo de menos o extraño más los libros leídos y las hembras amadas que los volúmenes por leer y las mujeres por conocer y admirar?

Reconozco, sin ambages ni requilorios, que me petaría (con el significado de placería) un montón o gustaría más perderme entre las páginas escogidas de algunas de las más de mil novelas o cuentos leídos y entre los atributos y prendas de las diez féminas miradas y remiradas (aunque luego fueran detestadas por este menda) que terminar de leer el “Ulises”, de James Joyce, porque, aunque lo empecé a leer no menos de cincuenta veces, lo dejé de leer otras tantas. Aunque nosotros nos empeñamos en pensar que la cosa no fue así, al final, concluimos que acaso estuviéramos equivocados y que, ciertamente, tal vez haya libros que no se escribieron para que nosotros los leyéramos; y hembras que no nacieron para que nos casásemos con ellas, pero tampoco para que nos cansáramos de recordar los buenos momentos que pasamos juntos, disfrutando de lo lindo.

A las cuatro y cincuenta de la tarde, prefiero volver a sentir los fogonazos que me produjeron leer algunos párrafos de “El hacedor”, de “El perseguidor”, de “El llano en llamas”, de “El principito”, de “La Regenta”, de “El Lazarillo”, o de “El Quijote” cervantino (o sea, volver a sentir espasmos u orgasmos, tras recordar los que acontecieron, tras besar y eyacular en las entrañas de Carlota, Delia, Nieves, Paz, Toñi, …) que llevarme a los ojos los que me dejaron impasible, porque no contienen lo imposible, que fue lo que me llevó a enamorarme de ellas/os, aunque luego abominara de sus comportamientos indecentes.

   Nota bene

En “Charlas de café” (1920), Santiago Ramón y Cajal hizo acopio de varias perlas preciosas. Hoy me apetece recordar una de ellas, esta: “Se ha dicho muchas veces que nada hay más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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