¿PUDO SER UNA HORTENSIA LA ASESINA
DE LA PROGENITORA DE HANK PALMER?
Dedico el siguiente texto en prosa (que contiene al final, en su colofón o remate, cuatro versos endecasílabos sueltos) a los magníficos anfitriones que fueron el pasado domingo 27 de julio de 2025 Juan Luis Alegría, su denodada esposa María del Carmen y su solícita y laboriosa hija María; y, asimismo, a quienes fuimos invitados y acudimos a su casa a almorzar, a degustar un ágape exquisito y variopinto: su hermano menor, mi tocayo Ángel; su sobrina Susana, su estimado quinto Juan y sus amigos Diana, Pío, Manuel, Pablo y quien firma abajo estos renglones torcidos, servidor, porque pasamos en su grata compañía tres horas y media estupendas (si no fue en la gloria, le faltó poco, el canto de un euro, para poder tocarla con las yemas de nuestros dedos). Si las viandas con las que nos agasajaron fueron excepcionales, de una calidad sin parangón, los caldos no le fueron a la zaga; dándoles las más que merecidas gracias por el trato que nos dispensaron, ya que de bien nacidos es mostrarse agradecidos. En dicha ocasión volví a constatar cuanto ya sabía, que el paisanaje es fundamental, más importante e interesante que el paisaje, y que la calidad de las vituallas y vinos, cuanto se lleva uno a la boca, suele verse potenciada, optimizada, por la humana.
Son legión las personas que, sin ser expertas en flora, saben, por mero diletantismo, que la hortensia es un arbusto exótico, de la familia de las saxifragáceas, con tallos ramosos de un metro aproximado de altura, hojas elípticas de color verde brillante y flores hermosas de corola rosa o azulada, que va perdiendo color paulatinamente hasta devenir en casi blanca. Debe su nombre a la astrónoma y matemática francesa Hortense Lepaute, cónyuge del famoso relojero parisino Jean-André Lepaute, a quien le dedicó la susodicha flor el naturista Philibert Commerson, que la trajo de China, aunque esta es originaria de Japón.
Airea el adagio latino (y acierta, da de lleno en el blanco o centro de la diana) que “errare humanum est, sed perseverare diabolicum”, o sea, errar es humano, pero perseverar en el yerro diabólico. Que el ser humano falle más que una escopeta de feria nadie lo pone en tela de juicio; que el hombre, en genérico, ora sea o se sienta fémina, varón o no binario, es falible es una obviedad, una perogrullada, una verdad apodíctica, incontrovertible. Y que algunos incurrimos, una y otra vez, en el error, es vox populi.
Puede que sea la cuarta o la quinta vez que escribo a propósito de un yerro morrocotudo (que, en el caso que nos ocupa, son dos). EL PAÍS, excelente periódico, sigue cometiendo (porque dicho diario lo hacen personas), erre que erre, la misma metedura de pata (por no corregirla o enmendarla), al informar, de manera falaz, a los lectores que se llevan a sus ojos, en la penúltima página de EL DIARIO GLOBAL, la programación de televisión.
El pasado domingo (no he podido acceder a un ordenador hasta hoy, jueves 31 de julio de 2025, porque, al celebrar la ciudad de Tudela sus fiestas patronales, en honor de Santiago, santa Ana y san Joaquín, del 24 al 30 de dicho mes, la biblioteca pública “Yanguas y Miranda” ha permanecido cerrada) 27 de julio, en la página 55 del citado periódico, pude leer la siguiente información mendaz sobre la película “El juez” (dirigida en 2014 por David Dobkin, y protagonizada en sus principales papeles por Robert Downey Jr. , Robert Duvall, Vera Farmiga y Vincent D’Onofrio —el inolvidable “recluta Patoso” de “La chaqueta metálica“, de Stanley Kubrick—); que la emitía a las 17. 45 horas La Sexta (la emisión comenzó veinte minutos antes, a las 17. 25 horas); y esta sinopsis: “Hank Palmer es un abogado distanciado de su padre. La madre de Hank muere asesinada y Hank decide ser el abogado de su padre (en realidad, es el progenitor, el juez Palmer, quien lo determina), el principal sospechoso”.
Bueno, pues, a menos que nos imaginemos a una de las hortensias, que tanto le gustaban a Mary, la madre de Hank, esgrimiendo un arma de fuego humeante, de cuantas/os la hubieran visto antes o la vieran el pasado domingo, nadie daría por buena la sinopsis susodicha, que aparece en la información que recoge el citado diario.
Fue el propio juez Palmer el que, durante uno de los interrogatorios que le hace en el juicio o vista su hijo, narra qué le ocurrió a su esposa (y, supongo, le contó el médico que certificó su muerte), que, estando agachada, de rodillas, junto a las hortensias, se le formó un coágulo, émbolo o trombo en una pierna, le fue al corazón y este le produjo la muerte instantánea.
Si tomo en consideración los antecedentes (las cuatro o cinco veces que he escrito al respecto), me apostaría doble (café o caña) contra sencillo a que la próxima vez que alguna cadena televisiva vuelva a reponer “El juez”, y recoja esa información EL PAÍS, aparecerá la misma sinopsis errónea, sin corregir, en la programación. No creo que a la quinta o a la sexta vaya a ser la definitiva.
Lo escribo, aunque no me hagan ningún caso. A la progenitora de Hank Palmer no la mató, ¡menuda flor ingrata!, una hortensia asesina, sino un trombo.
Ángel Sáez García