El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

De la paronomasia un hacha es Mona

DE LA PARONOMASIA UN HACHA ES MONA

Hoy he coincidido en el autobús que ha realizado el trayecto de Rosales a Algaso, entre las siete y las ocho menos cuarto de la tarde, con Mona, la madre de Toñi. Le he preguntado por ella y la excelente pintora me ha dado la buena nueva de que ya se encuentra como una rosa, totalmente recuperada, y, además, me ha susurrado lo que su retoño le había secretado por teléfono, hace escasas fechas, a ella, que se ha enamorado.

Tras darnos los ósculos y saludos de rigor, me ha preguntado:

—¿Por qué escribes, Otramotro? ¿Qué te impulsa a hacerlo, Ángel?

—El “utile dulci” horaciano, o su “delectando et prodesse”, o sea, deleitar y aprovechar. Escribo sobre lo que me importa e interesa, si barrunto que ese asunto también puede importar e interesar a mis posibles lectores. No escribo por encargo; así que rehúso hacerlo sobre un tema que alguien me señala que pudiera importar e interesar tanto a los demás como a mí.

—¿Qué te hizo pasar de creyente a ateo?

—Como sigo siendo un dubitante (alguna vez, como soy un lúdico pertinaz, he alegado lo que era una mentira cochina, que esa voz es la mera fusión de dos vocablos, dudoso y vacilante) o dubitativo empedernido, nunca fui un creyente completo, stricto sensu, ni ahora soy un ateo íntegro, sino un ser contradictorio, como cualquiera de mis congéneres o semejantes, supongo, tú misma, verbigracia. Hoy, por ejemplo, me apetece aducir que soy agnóstico, escéptico y ateo, pero agregaré lo que tal vez sobre, que no soy dogmático. Así que suelo añadir que, para mí, el único artículo de fe válido es que no hay artículos de fe.

—He leído que es un defensor a ultranza del perspectivismo y del relativismo.

—Sí, intento contemplar todas las facetas de la realidad, un poliedro, el que sea. Noto un montón de voces contradictorias gravitando, revoloteando o rondando por mi cacumen o caletre, que suelen depararme, como corolario o efecto colateral indeseado, la duda.

—Me gustaría sugerirte un juego.

—¿Cuál? Adelante. Soy todo oídos.

—Que invirtamos tres segundos en pedir un deseo. Y, cuando lleguemos a Algaso, antes de apearnos del bus, nos lo refiramos.

—Hecho. Pero, en mutua correspondencia, me apetece proponerte otro.

—Propón. Dispara.

—Que pensemos, durante dos o tres minutos, y formemos una frase que contenga una o dos agnominaciones o paronomasias.

—¿Agnomina… qué? ¿Parono… qué?

—Agnominaciones. Paronomasias, o sea, palabras con fonética o significante parecido, que se diferencien en una sola letra; por ejemplo, brazo y brezo.

—¿Vale usar palabrotas?

—Vale y, además, se valora y se premia.

Transcurridos dos minutos y medio, ha abierto la boca Mona y ha dicho:

—Pues ahí va mi frase: a mí, cuando ciño el ceño, noto cómo el coño se me vuelve caño de nuevo cuño. ¿Qué te parece?

—Frase genial, superior.

—¿Y la tuya?

—Conviene calmar la sed y el hambre del hombre sin colmar el buche; o sea, que hay que consumir caldos y viandas sin que eso te impida luego consumar el matrimonio, tras un buen rato de sobremesa en pareja o con amigos, antes o después de la siesta, a la que, si ha habido orgasmo, acaso sea lícito y lógico mudar el nombre por fiesta.

—¡Impresionante! ¡Inmenso!

Y como quedaban dos o tal vez tres minutos para llegar a Algaso, hemos procedido a alegar nuestros deseos. He sido un caballero y he dejado el trecho libre para que Mona se explayara:

—Me gustaría volver a ver en directo la Fontana di Trevi y lanzar a su estanque una o varias monedas; lo que, obviamente, implica viajar a Roma.

—El mío ahora es doble, porque se ha visto enriquecido con la conversación que hemos mantenido. Me gustaría volver a beber agua de la fuente de los Siete Caños, y que, durante unos minutos, su agua me hiciera soñar con que quien amo en silencio posee siete cuños, uno para cada día de la semana.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído