El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Queda alguna verdad irrefutable?

¿QUEDA ALGUNA VERDAD IRREFUTABLE?

LA JOVEN MARIPAZ LE ALEGRA EL DÍA

Aunque, según sostiene el imperante relativismo actual, no hay verdades absolutas, alguna sí que queda en pie sobre su peana y, por no haber sido refutada, puede ser reputada, por tanto, una tal; verbigracia, esta, que el hombre, en genérico, es un animal de costumbres y rutinas. Así las cosas, hay quien, apoyándose en una base, columna o pilar aristotélico, defiende la tesis de que una persona es prudente y honesta más por hábito que por plena convicción ética y estética. Y el mismo argumento sirve o vale para su opuesta, la incauta e indecente.

Como quien firma estos renglones torcidos se confiesa epígono o seguidor de fray Ejemplo, lo lógico y normal es preguntarme qué lance o trance me ha llevado a concluir dicha sentencia. Y, al instante, me contesto. Haber estado atento a cuanto me acaece, o sea, a mi propio devenir o discurrir diario.

Como suelo acudir, lunes tras lunes, a eso de las ocho y media de la mañana, al lugar de costumbre y hoy he llevado a cabo dicha acción con retraso sobre el horario previsto, aproximadamente tres cuartos de hora más tarde de lo asiduo, Milagros, “Mila”, una de las dos féminas que me suelen atender detrás del mostrador, quienes despachan el negocio, la tienda en la que he entrado, ha comentado: “¡Qué raro, verte por aquí a esta hora, Ángel!”. Y la apostilla era pertinente, distintiva y relevante, por la demora obvia en la coronación de mi proceder rutinario.

Bueno, pues, la anécdota narrada en el parágrafo precedente, el episodio concreto y veraz, me ha llevado, por guardar con él cierta concomitancia o paralelismo, a otro, este. Lucas suele comprar el pan en una panadería del centro, porque, a la hora que lo hace, las ocho de la mañana, le vende la habitual barra de pan provenzal la nínfula que hace que luzca más la mañana, nada más verla; basta con llevarse su venusta silueta a los ojos para que merezca la pena sacar el máximo partido o jugo a esa pieza de fruta y gozar la nueva jornada. La joven Maripaz le alegra el día.

Hace años, a Lucas le ocurrió tres cuartos de lo propio con una camarera, Begoña, que, mientras le preparaba un café cortado, después de haber comido él, sentía una sensación placentera, parecida a la que le daba por imaginar mientras gestionaba ella la petición hecha por él en el ínterin, que “Bego” le preparaba el desayuno, en la casa de ambos, un café con leche y dos tostadas, pero Lucas aún estaba soltero.

Cuando Lucas se enteró de que Begoña se casaba y se iba a vivir a otra ciudad, dejó de frecuentar el café, hasta que alguien le abrió los ojos y el apetito de nuevo, pues le dijo que Lucía, la hermana de “Bego”, dos años menor, la había sustituido y ocupaba ahora su puesto tras la barra, y volvió jubiloso a ser cliente habitual, y a tomarse allí su cortado tras comer.

Al cabo del tiempo, uno o dos años tal vez, ocurrió con Lucía lo mismo que sucedió con Begoña. Lucas necesitó esta vez ayuda psicológica para superar el revés. La terapeuta que lo trataba logró convencerle con un argumento que leyó en un libro sobre Baltasar Gracián, este: “Esta es la ordinaria carcoma de las cosas. La mayor satisfacción pierde por cotidiana y los hartazgos de ella enfadan la estimación, empalagan el aprecio”.

Nota bene

   Como el metete o metomentodo de mala fe es una especie humana de difícil erradicación y aun imposible extinción, no falta quien sostiene que Lucas se casó con Ruth, su psicóloga, para ahorrarse el dinero de la sesión, la minuta.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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