YO NO LE TENGO MIEDO AL FOLIO EN BLANCO
Dedico este texto, la mitad del mismo escrito prosa, la otra mitad trenzado en verso, a mi sobrina Natalia, que hoy, sábado 16 de mayo de 2026, cumple años; así pues, con cariño a manos llenas, junto con estas líneas le envío mis ¡muchas felicidades!
He dicho más de mil veces este aserto (y no es una exageración o hipérbole; eso sí, puede que lo haya escrito alguna menos), que trenzo mis textos con bolígrafo BIC azul, y que la primera versión no la hago sobre el folio en blanco, sino que la vierto sobre una página de periódico que deja alguna parte libre o limpia para poder urdir. Así que, cuando alguien me pregunta si le tengo miedo al folio en blanco, suelo contestarle lo de siempre, que no; que el miedo se lo tengo a la mente en blanco. Si en mi cacumen o caletre tengo una idea sobre la que discurrir o disertar, tiro de ella hasta que el resultado se parece a lo que había pensado; y, si no es igual, se le semeja bastante. Supongo que corono tres cuartos de lo mismo que el músico (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) culmina sobre el papel pautado o el pintor (ídem) sobre la tela impoluta.
Cuanto acabo de escribir en prosa también se puede versear. Probemos a ver qué sale:
SÍ TENGO MIEDO A DEVENIR UN MANCO
Una hipérbole no uso cuando digo
Que no le tengo miedo al folio en blanco,
Mas sí a perder un brazo y verme manco,
Como Cervantes, mi mejor amigo.
Aunque no se tomó nunca conmigo
Un quinto en una barra ni en un banco;
Y no me acompañó a ningún estanco
A por tabaco, vicio que hoy maldigo.
Ahora bien, le tengo cerval miedo
A que, cual tabla rasa, halle mi mente,
Quiero decir, carente de simiente,
Ya que, como me veo muerto, hiedo.
La música se lee en el pentagrama.
¿Hay pintor que la puesta de sol no ama?
Ángel Sáez García