El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿De no haberte casado te arrepientes?

¿DE NO HABERTE CASADO TE ARREPIENTES?

FIEL JARDINERA DAME Y NO DINERO

Ayer, nada más abrir la puerta de la cocina que da al jardín de mi casa en Rosales, mi vecina Lourdes, que estaba mimando los suyos (no me extraña que los tenga inmejorables, inolvidables, tanto por sus vivos colores, una amplia gama de rojos, como por sus aromas o fragancias, inigualables), antes de darme los buenos días de rigor, que lo hizo luego, cuando le eché en cara lo obvio, que había perdido los exquisitos modales que la caracterizaban, me preguntó con cierto retintín:

—Otramotro, ¿te has vuelto a quedar seco, como el polvoriento olmo machadiano?

—No; echaba de menos nuestras amistosas y sutiles conversaciones y nuestros saludos matutinos; noto que has vuelto a dejarte, tú que eres, al unísono, arquetipo consensuado del respeto y dechado vivo de la urbanidad, olvidados, debajo del almohadón, los buenos días, Lourdes.

—Como tienes razón, Ángel, me pliego a ella, y ahí van —me los manda dando un soplo sobre la palma abierta de su mano izquierda— mis buenos días.

—Buenos días tengas tú también, Lourdes. Veo, vuelvo a constatar que sigues agasajando o halagando a tus rosales, que eres su ducha y regadera (barrunto que no faltará el lector perspicaz que advierta aquí un pleonasmo) cuidadora.

—Ahora, por favor, contéstame la verdad. ¿Qué te trae por estos lares?

—Me siento flojo, sin fuerzas. La semana pasada solicité cita en el centro de salud de Algaso y ayer estuve en la consulta de mi médica de atención primaria. Me dijo que, seguramente, lo mío sería, poco más o menos, lo mismo que venía diagnosticando, un día sí y otro también, a otros muchos pacientes suyos, astenia primaveral.

—La mía no debe ser estacional, sino perenne o perpetua (al menos, anual). Si te sirve de consuelo, Ángel, tengo un decaimiento parecido al tuyo.

—¿Has ido a tu galeno a que te echara un ojo, no mal del mismo, y auscultara o ahora te diagnosticas tú, sin haber cursado la carrera de Medicina?

—No he ido, porque intuyo que me soltará algo similar a lo que me espetó la última vez, que la crisis de astenia que padecía podía tomármela como una oportunidad para mejorar mi estado de ánimo. Eso es lo que sucedió la postrera ocasión que pisé el suelo de su consulta y se quedó, tras proferirlo, tan fresco.

—Está claro, cristalino, que todas las rutinas, sean vicios o virtudes, se contagian. Qué manía ha adquirido la gente. Parece que todo quisque es versado en el asunto de marras, en soltar por su sinhueso o mui idéntica especie a la que ha escuchado decir a un amigo o familiar, que la situación negativa que, a todas luces, vive, y sufre a diario sus consecuencias, si acierta a quitarle o restarle la patología que acarrea, puede hallar en ella un terreno fértil, fecundo, para conseguir la metamorfosis o transformación deseada, que, con otras palabras, acaso algo más bonitas, quiere decir, en esencia, lo mismo que acabas de referir tú, que toda situación crítica puede ser vista como una oportunidad para remontar el vuelo. Y es que no está huera de alguna fetén o verdad. Desde el suelo (salvo que se trate de una depresión de caballo, que entonces tal vez sientas que te encuentras en el fondo de un pozo), solo se puede ascender, a no ser que a uno le dé por arrastrarse como un ofidio.

—Recuerdo perfectamente qué me dijo por teléfono una compañera de mi hermana Ángela, que, si no he olvidado su nombre, se llama Renata (ignoro si es el nombre de pila o el de sor), y era psicóloga o psiquiatra, que la astenia, en numerosos casos femeninos, es una mera consecuencia del climaterio, de la menopausia. “Como no tienes hijos ni te has casado, ahora te encuentras más carente de ánimos que de fuerzas”, me dijo; y, a renglón seguido, me preguntó: “¿Has dejado de recolectar moras y de tomarlas con yogur?”.

—¿Te arrepientes de no haberte casado?

—No.

—Yo tampoco de haber contraído nupcias con Literatura. Tú, de alguna forma, has hecho lo propio con tus rosales.

—Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio…, dice la copla popular.

—Y Soren Kierkegaard escribió en letras de molde: “Cásate, y te arrepentirás; no te cases, también te arrepentirás; cásate o no te cases, de cualquier manera, te arrepentirás. Ríete de la tontería del mundo, te arrepentirás; llora por ella, también te arrepentirás; ríete de la tontería del mundo o llora por ella, te arrepentirás de ambas cosas. Cree a una mujer, te arrepentirás; no la creas, también te arrepentirás… Ahorcaos, os arrepentiréis; no os ahorquéis, y también os arrepentiréis; ahorcaos o no os ahorquéis, os arrepentiréis de cualquier manera; tanto si os ahorcáis como si no os ahorcáis, os arrepentiréis de ambas cosas. Esto, señores, es la esencia de toda filosofía”.

Nota bene

Nada más poner el punto final al texto, antes de colocar mi firma, me ha brotado la sensación refractaria de que no había trenzado todo lo que tenía que haber urdido. ¿Por qué jamás había procedido a caer en la tentación, o sea, a tirarle los tejos a Lourdes? Al instante, me ha dado por imaginar que podía haber sido tan único y exclusivo como uno de sus rosales. Si ella me cuidara, como hace con sus hijos adoptivos, inolvidables, ¿no me podría haber convertido a mí en otro de sus excelsas características? Soñando despierto, he fantaseado con que le besaba las palmas de sus manos, donde, según mi profesor de Anatomía, el catedrático José Escolar, cabía hallar, por descansar, estribar o radicar en las susodichas, la creatividad del ser humano.

Y, antes de dar remate a la urdidura, haya mediado o no mi amada musa, me susurra alguien este endecasílabo, que habrá de aparecer como subtítulo: Fiel jardinera dame y no dinero.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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