El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

No fue un amanecer de primavera

NO FUE UN AMANECER DE PRIMAVERA

NI TAMPOCO UN OCASO DE VERANO

Muchos excompañeros de carrera, profesores de lengua y de su hermana (a la literatura me refiero), ya jubilados, o de hacerlo a punto, me formulan preguntas pertinentes sobre el hecho crucial, la epifanía. Qué día, de qué mes y de qué añada ese mago, de raudos movimientos, que sobre un hombro porto o acarreo y, asimismo, soporto, cual estoico, como se han encargado de llamarme, mancomunadamente y de continuo, ellos y de que así me consideren, tuvo plena conciencia de que el truco del verso de once sílabas servía para escribir, en aparente prosa, metamorfoseando sus hechuras, como procedimiento literario, sin trampa ni cartón u otra añagaza, y hallaba en urdiduras o “urdiblandas”.

No fue un amanecer de primavera ni tampoco un ocaso de verano, como hubiera augurado acaso el grueso, la inmensa mayoría de los tales, encima de la mesa de madera, teniendo el codo de mi brazo izquierdo, apoyado sobre ella, y sosteniendo los dedos de esa mano mi cabeza, cuando el secreto fue desmenuzado.

Puede que hubiera algún aviso previo, ganas de versear lo que es efímero, para que quede en un pispás fijado (las yemas de los dedos de mi diestra no golpearon, no, las blancas teclas de ordenador o piano ni las negras) en alguna neurona del cerebro. Y todo sucedió con precisión, como con un metrónomo eso pasa.

Al computar los versos con los dedos, hallando en cada golpe el recto acento, las voces revelaron sus secretos y el arte con que fueron cincelados:

Del cristal se ha hecho amiga mi nariz

Y Carlota no pasa por la calle.

La nereida del Ebro, amado valle,

Me chifla incluso más que el regaliz.

Ocasionó el hallazgo de la pócima espasmo, escalofrío y hasta orgasmo. Las piezas encajaban en el puzle, como en la frase hacían las palabras por Euterpe inspiradas, susurradas.

La lectura constante de los clásicos y el hábito de andar rumiando ideas habían hecho su labor callada de ir anfractuosidades, sí, labrando y circunvoluciones en mi seso, mecidos por el verso de once sílabas, cuyo eco por doquier reverberaba.

Cuando el descubrimiento se hizo público no faltó quien se quiso aprovechar y de la innovación ser el padrastro. Todos reconocemos al guripa.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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