Pasaban las 5.33 horas en Irak cuando comenzó a oírse cómo caían las bombas sobre Bagdad.
Era ya la mañana del 20 de marzo de 2003.
Desde ese preciso momento hasta junio de 2011, murió medio millón de personas a causa de la guerra. Porque la guerra mata.
Un epíteto que puede sonar absurdo pero precisamente damos noticia de un estudio que trata de llamar la atención sobre ese sencillo detalle: en cuanto comienzan a caer las bombas, la muerte se desata y no deja de causar víctimas, incluso una vez superado el efecto de la onda expansiva, la metralla y las balas.
Este estudio señala que del medio millón de muertes que dejó la guerra de Irak el 60% son directamente atribuibles a la violencia y el resto se derivan del colapso de las infraestructuras y otros problemas asociados a la guerra, como el desmantelamiento de la sanidad, la ausencia de salubridad y la pérdida de medios de transporte y comunicación.