En La Retaguardia de este viernes 24 de octubre, Eurico Campano analiza con Juanma Cepeda, José Ramón Riera y Eduardo García Serrano el penúltimo chantaje de los golpistas a Pedro Sánchez para conseguir que ceda a todas sus demandas. Como si Sánchez no hubiera hecho otra cosa que malvender instituciones, leyes y lo que haga falta por tener los votos de los golpistas que le permiten seguir usurpando el poder, puesto que no ganó las elecciones generales de 2023.
Al prófugo Puigdemont no le es suficiente con que el Gobierno indultase y excarcelase a todos los condenados por el golpe de Estado de 2017 en Cataluña. Tampoco le parece suficiente que Sánchez adaptase el Código Penal a las necesidades delictivas de los nacionalistas rebajando las penas por el delito de malversación y eliminando el delito de sedición. Tampoco le resulta suficiente al delincuente que se haya roto la Agencia Tributaria para crear una oficina de recaudación de impuestos regional en Cataluña. Por no hablar de la aprobación de la Ley de Amnistía que tanto Sánchez como el resto de ministros y miembros del PSOE juraban y perjuraban que no tenía encaje en la Constitución. Y aún quedan otras muchas cesiones ya hechas como, por ejemplo, las relativas a Policia y Guardia Civil. El Gobierno ha entregado el control de el aeropuerto de El Prat pero sin sacar a la Guardia Civil y lo mismo con la tarea de patrullaje marítimo, donde ha dado autorización para que la policía regional de Cataluña se solape con la Benemérita.
Así que ahora, como no obtienen todo lo que quieren pese a que le han sacado a Sánchez muchos higadillos, los golpistas de Junts parecen haber decidido escenificar un teatrillo reuniéndose en Perpiñán para decidir si somenten a sus militantes la decisión de romper con el Gobierno. Esta fórmula ya se utilizó en 2023 para respaldar a Sánchez, pero ahora se invoca en sentido contrario. La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, ha expresado lo que sienten: «La gente está hasta las narices de todo, y después dirán que es culpa nuestra que venga la derecha». Es evidente el malestar entre las bases y la presión sobre Puigdemont es máxima.
Entre las opciones que contempla Junts está la denominada «moción de censura instrumental». Esta consistiría en pactar con el PP y Vox para presentar una moción con un candidato independiente —nunca Alberto Núñez Feijóo— cuya única misión sería convocar elecciones generales inmediatamente. Ha sonado incluso el nombre de Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución, como figura consensuada para llevar a cabo esta transición.
No obstante, Puigdemont ha prometido al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero que no apoyaría una moción contra Sánchez bajo condiciones convencionales. Este matiz es relevante: Junts no se considera aliado ni del PP ni del PSOE; más bien defienden lo que creen que es «lo mejor para Cataluña». Sin embargo, la amenaza de una moción —ya sea real o táctica— actúa como palanca para presionar y provoca nerviosismo en La Moncloa.
Mientras tanto, Pedro Sánchez solicita «tiempo, dedicación y esfuerzos» para cumplir con los pactos. Aunque también insinúa que no todo depende únicamente del Gobierno y advierte sobre los peligros de una «involución» si la derecha llega al poder. La situación del PSOE es complicada: perder el apoyo de Junts significaría no solo un obstáculo insalvable para aprobar los Presupuestos, sino caer en una minoría absoluta frente a cualquier iniciativa legislativa importante. En esencia, la legislatura podría estar condenada.
El presidente ya comienza a mover fichas pensando en las elecciones. Polariza el debate recurriendo a temas divisivos como la política internacional o la memoria histórica. Todo ello con el objetivo de reagrupar a su electorado ante lo que parece un inminente naufragio parlamentario.