En La Retaguardia de este jueves 13 de Noviembre, Eurico Campano analiza con Julián Salcedo y José Ramón Riera la penúltima grabación de Leire Díez que hemos conocido y que pertenece a la reunión que mantuvo el pasado mes de mayo con el fiscal Stampa para tratar de que le pasara información sobre la evolución de las investigaciones judiciales de los múltiples casos de corrupción que afectan a la familia del presidente, al Gobierno y al PSOE.
En la grabación, la jefa de la cloaca se refería a las conductas del exministro José Luis Ábalos y su exasesor Koldo García en la trama Koldo de esta manera: «Castración química o que me dejen a mí patear».
El contexto detrás de este episodio es significativo: Ábalos y su círculo cercano, especialmente el exasesor Koldo García, están siendo objeto de una investigación judicial relacionada con presunta corrupción, tráfico de influencias y obstrucción a la Justicia. Las indagaciones apuntan a contratos amañados y posible financiación irregular del PSOE. En esta trama se han visto involucrados dinero, comisiones y el uso de prostitutas en empresas públicas, lo cual ha manchado gravemente la imagen del partido y del propio presidente del Gobierno.
La reacción de Leire Díez va más allá de ser un simple comentario anecdótico; refleja el creciente malestar social ante la impunidad y los escándalos sexuales en la esfera pública. Su estilo directo ha reavivado el debate sobre los límites del discurso político y sobre cómo las mujeres pueden abordar la corrupción sin tapujos. En un país donde la castración química suele asociarse más con debates sobre delincuencia sexual que con cuestiones políticas, su propuesta ha generado tanto risas como críticas. Algunos han recordado casos históricos —como el del matemático Alan Turing— para resaltar lo surrealista de toda la situación.
La intervención de Leire no solo centra las miradas en Ábalos, sino que intensifica la crisis interna del PSOE. Las luchas por el poder y la presión mediática amenazan con fracturar aún más la unidad del partido. La solicitud para investigar a Leire por posible manipulación en defensa del PSOE añade otra capa al ya complicado panorama político, alimentando morbo e intensificando el debate sobre ética en política.
Entre las reacciones más destacadas, algunos diputados han reclamado respeto y alertado sobre el riesgo de trivializar temas graves. Por otro lado, otros han aprovechado esta oportunidad para criticar al Gobierno e insistir en la necesidad de transparencia. Este episodio ha consolidado la imagen de Leire como “fontanera” de la política; una figura capaz de sacar a relucir los temas más incómodos utilizando un lenguaje que combina dureza sindical con un toque de humor cañí.