Fin de las largas vacaciones parlamentarias para sus señorías.
Y el regreso de las sesiones plenarias en el Congreso de los Diputados este 10 de septiembre de 2025 viene en el peor momento para Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno era sabedor de que le iban a sacar el asunto de la citación judicial de su mujer, Begoña Gómez, ante el juez Juan Carlos Peinado.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, fue a saco:
Señor Sánchez, usted llegó con su moción de censura defendida por el diputado Ábalos prometiendo ejemplaridad. Pues bien, ese ejemplaridad es ejemplar, respaldar al fiscal general bajo fianza y sentado en el banquillo del Tribunal Supremo. Es ejemplar haber autorizado a su número dos en el Gobierno a tener una reunión en el aeropuerto de Madrid con la vicepresidenta del petróleo venezolano para hablar de negocios. Es ejemplar que la esposa del señor Ábalos le informase de los desmanes y usted le volviese a incluir en las listas. Es ejemplar haber convertido la Moncloa en un centro de negocios con la mujer del presidente plurimputada y declarando hoy de nuevo en un juzgado por un presunto quinto delito, en este caso malversación. Señor Sánchez, si algún presidente se encontrase en alguno de estos supuestos, ¿usted le pediría la dimisión?
El jefe del Ejecutivo, como viene siendo costumbre, se fue por Peteneras:
Mire, señor Feijóo, yo sé por dónde quiere usted ir, sé lo que pretende, pero no nos va a provocar, no nos va a provocar. Y voy a responder a su pregunta. Efectivamente, estamos haciendo lo que exigíamos. Exigimos una política limpia y este es un Gobierno limpio. Exigimos un Gobierno comprometido. Con las causas sociales y, por ejemplo, esta semana que estamos empezando el curso educativo, 2.500 millones de euros para la igualdad de oportunidades en becas a nuestros jóvenes. Exigimos un Gobierno comprometido, por ejemplo, con el europeísmo, con las causas del derecho internacional humanitario y este Gobierno está en el lado correcto de la historia, condenando el genocidio en Gaza. Señoría, exigimos y, por supuesto, hacemos lo que exigíamos entonces.

El presidente del Partido Popular no se cortó en la réplica:
Curso nuevo, costumbres viejas. Sin contestar a ninguna de las preguntas que le he hecho, usted, señor presidente, está en todas las causas de dimisión que le acabo de referir. Para repartir carnes de moralidad, renueve primero el suyo. Usted está en un Gobierno que funciona, 22 ministerios, haciendas sin presupuestos, viviendas sin casas, interior sin solución para los ocupados, transportes sin trenes serios en nuestro país, sanidad sin planificación sanitaria exteriores, sin aliados decentes. Podría seguir uno y uno, pero no tengo tiempo. Mire, empieza este curso exactamente igual que lo terminó. Se escondió la mareta pensando que todos estos problemas de corrupción iban a taparse. La corrupción no se ha ido porque usted está aquí.
Sigue también. Sin tener un Gobierno que funcione, sin una mayoría parlamentaria y sin presupuestos. Se fue de vacaciones con una sonora derrota parlamentaria y es probable que hoy tenga más. Pero sabe una cosa. Usted ya no tiene en la cabeza los españoles. Usted ya solo tiene miedo. Solo le mueve el miedo. El miedo a los jueces por lo que saben. El miedo a los medios por lo que publiquen. El miedo a los socios que le dejen caer. El miedo a la gente que hable en las urnas.