El arte de parar: cuando hacer menos significa vivir más
El verano nos vende una paradoja. Mientras las redes se inundan de imágenes de playas idílicas, viajes relámpago y sonrisas forzadas bajo el sol, muchas personas terminan agosto más agotadas que en junio.
«El problema no es el calor, sino la presión por exprimir cada minuto», advierte Javier García Campayo, psiquiatra, experto en mindfulness y autor del libro «Parar para vivir mejor».
Su propuesta es tan simple como transgresora: «Dejar de correr. Permitirse no hacer nada. Respirar».
Hablamos con él en un momento en el que el «síndrome del verano perfecto» —esa ansiedad por cumplir expectativas irreales— se ha convertido en un malestar silencioso. «Las vacaciones deberían ser un espacio para reconectar, no una maratón de planes», insiste. Y tiene razón: según un estudio de la Universidad de Groningen, el 30% de los españoles regresa de sus días libres con niveles de estrés iguales o superiores a los previos.
La trampa de la felicidad obligatoria
García Campayo lo explica con la claridad de quien ha dedicado décadas a estudiar la mente humana:
«Vivimos en una cultura que idolatra la productividad. Incluso en vacaciones, nos exigimos ser felices a toda costa. Si no publicamos una foto en Instagram, casi parece que no hemos disfrutado».
El resultado es una paradoja moderna: escapamos del trabajo para caer en otra jaula, la de la autoexigencia lúdica.
«El primer paso es cuestionar esa narrativa. ¿Realmente necesitamos llenar cada hora con actividades? ¿O podemos permitirnos el lujo de aburrirnos?».
Aquí es donde entra el mindfulness, una práctica que él enseña no como una técnica esotérica, sino como un gesto cotidiano. «No se trata de meditar dos horas al día en una cueva. Basta con caminar sintiendo la brisa, comer sin mirar el móvil o escuchar el mar sin juzgar».
Claves para un verano consciente (sin listados rígidos)
El libro de García Campayo no es un manual de instrucciones, sino una invitación a replantear nuestra relación con el tiempo. Entre sus sugerencias, destaca la desconexión digital. «El móvil es el mayor ladrón de vacaciones. Nos mantiene en modo alerta, incluso frente al mar». Su recomendación: dejar el teléfono en modo avión durante tramos del día, o mejor aún, guardarlo en un cajón hasta la noche.
Otra idea poderosa es «caminar sin rumbo». «Cuando paseamos sin objetivo, el cerebro entra en un estado creativo. Es en esos momentos cuando surgen las mejores ideas, o simplemente, la paz». Si puede ser en la naturaleza —un bosque, una playa vacía—, el efecto se multiplica.
El silencio, dice él, es otra medicina infravalorada. «No hablo de retiros espirituales. Basta con sentarse cinco minutos en el balcón, sin música ni podcasts, observando cómo se mueven las hojas de un árbol».
Y luego está el permiso para no planificar. «Dejar huecos al azar nos devuelve la espontaneidad. ¿Qué tal si un día no miramos la hora y nos dejamos llevar?».
El verano como entrenamiento para el año
Lo fascinante del enfoque de García Campayo es que no se limita a julio y agosto. «Estas semanas son un laboratorio. Si aprendemos a parar ahora, podemos llevar ese hábito al resto del año».
Él mismo lo aplica: aunque dirige investigaciones, da clases y escribe libros, reserva «horas de nada» en su agenda. «Al principio cuesta. Nos sentimos culpables. Pero el cerebro necesita esos espacios en blanco para funcionar mejor».
¿Su mensaje final? «El descanso no es un lujo, sino una necesidad biológica. Y el verano, la excusa perfecta para recordarlo».
Sobre el autor:
Javier García Campayo es psiquiatra en el Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, catedrático de la Universidad de Zaragoza y uno de los mayores expertos en mindfulness de España. Dirige la revista Cuadernos de Medicina Psicosomática y ha publicado una decena de libros sobre bienestar emocional.
