Así es, me reitero: no hay armario del que salir, porque no hay armario en el que esconderse. No caigamos en el error de normalizar la diferenciación y el estigma.
Todos deberíamos tener derecho a vivir con naturalidad cualquier etapa de nuestro proceso evolutivo. El despertar sexual forma parte del proceso de desarrollo madurativo de todo individuo, ya se denomine esa condición sexual que hemos de desarrollar de una manera o de otra. Lamentablemente no todos vivimos desde proceso de manera igualitaria y lo que debería ser un sano proceso de descubrimiento personal se convierte en demasiadas ocasiones (solo una ya es demasiado) en un tormento que marcará la vida (con suerte, solo la adolescencia o algunos años de vida) de aquellos cuyo desarrollo vital se aleje de lo que se considera normotípico.
Es en la adolescencia cuando más sufrimos el rechazo social, cuando más necesitamos la referencia del grupo de iguales y cuando más acusamos el hecho de considerarnos «diferentes» o distintos de la norma. Y esto es así porque es en este periodo vital en el que va culminando la construcción de nuestra personalidad de nuestra identidad y de nuestra autoestima. Esta, la autoestima, cuando somos solo unos adolescentes, depende en gran medida de la imagen y la opinión que otros nos devuelven acerca de nosotros mismos, y es tremendamente fácil que ese reflejo que recibimos del entorno sea negativo o pueda ser interpretado en términos peyorativos, máxime cuando .
También es en el inicio de la adolescencia, coincidiendo con la pubertad, cuando se marca un hito importantísimo en nuestro proceso de desarrollo y de diferenciación de nuestra identidad sexual. Por ello, en una edad tan delicada y en la que tan vulnerables somos a influencias y presiones externas, la familia juega un papel fundamental. En realidad la familia es fundamental desde el principio, pues a estas alturas ya tiene que haber liderado nuestro proceso de socialización desde el momento mismo en el que llegamos al mundo, ya tiene que haber contribuido a la formación de una sana autoestima, y está llamada a ser un imprescindible factor de protección en la adolescencia y en el inicio de la edad adulta. Todo proceso de cambio o de desarrollo al que nos enfrentemos, como puede ser, por ejemplo, la denominada “salida del armario”, debe empezar a normalizarse y acompañarse con madurez y comprensión desde casa, y debe tratarse siempre desde las bases del respeto y de la aceptación incondicional.
Cualquier experiencia de rechazo en edades tempranas, cuando somos especialmente vulnerables, se vive con intenso sufrimiento. Especialmente si proviene de nuestras figuras de apego, en el seno de la unidad familiar, o de otras figuras de referencia o de mínima vinculación, que normalmente encontramos en el grupo de iguales.
Por desgracia, en el mundo que les espera a los jóvenes que hoy descubren su homosexualidad todavía no está garantizada la igualdad, no al 100 por 100. Es un hecho, y mientras sigan dándose situaciones de discriminación así va a seguir siendo. Por eso es tan importante que, en proceso de transformación social que ya se ha iniciado, la persona que se enfrente al descubrimiento de una condición sexual distinta de la heterosexualidad se sienta suficientemente arropada, protegida, segura y digna. ¿Evitará esto que se enfrente a presiones y juicios sociales? No, por desgracia no. Pero sí afrontará todo lo que tenga por delante con más herramientas y desde un lugar más protegido.
En el año 2011 mucho más de la mitad de las personas homosexuales no habían reconocido públicamente su orientación sexual, aun queriendo hacerlo, en muchos de sus ámbitos de vida más relevantes y frecuentes como el de la familia o el entorno social más cercano. ¿Acaso eso no es sinónimo de vivir censurando una parte de la identidad personal? Por cierto, pequeño apunte para otra futura reflexión: las cifras de 2011 dicen que son el 64,9% de las mujeres y el 55,4% de los hombres los que no han podido verbalizar su condición de homosexuales… ¿No parece que las mujeres aquí también lo tiene difícil. se enfrentan quizá una doble discriminación?
En cualquiera de los casos, desde el punto de vista psicológico no hay duda: privar a alguien de la libre expresión de su orientación sexual es acotar su libertad de movimiento en el día a día y censurar una parte de su identidad. Es más, en el establecimiento de cualquier relación de pareja, es importante tener en cuenta que el compromiso de una pareja pasa, necesariamente, por hacerla visible frente a los demás y reivindicarla abiertamente. En una sociedad sana, nadie debería tener que vivir de espaldas a sí mismo a causa de la tiranía de la discriminación, la inflexibilidad o el desconocimiento.
*** Por centrar el tema y por hacer el texto más sencillo nos hemos referido a lo largo de estas reflexiones al descubrimiento y la aceptación de la homosexualidad, sabiendo que la realidad es mucho más compleja y que mucho más puede y debe aportarse para presentar la realidad a la que se enfrenta cualquier persona que se sienta identificada en el colectivo LGTBIQ.***

