El video, originalmente destinado a propietarios de elkhound noruego, arrasa

El perro más vago y menos motivado del mundo causa furor en redes sociales

Svein Erik Moe y Bente Forsberg son miembros de un grupo de Facebook para admiradores de la raza canina cazador de alces o elkhound noruego, considerado el perro nacional de Noruega.

Tras un paseo en esquí con Forsberg y su perro de esta raza, llamado Warro, Svein Erik Moe decidió compartir en el grupo un divertido video como recuerdo de aquel día.

En la grabación, se puede ver a Warro rodando en la nieve y aparentemente negándose a levantarse, mientras es arrastrado por su propietaria.

«¿Alguien reconoce este estilo?», preguntó bromeando el dueño del can.

Aunque algunos internautas tildan a Warro de un perro «desmotivado», otros insisten en que pueden ver que el can simplemente se está divirtiendo.

EL FAMILIAR ELKHOUND

El Cazador de Alces Noruego es un perro tipo Spitz de tamaño mediano-grande (con un pelaje denso, orejas erguidas y una cola que se curva hacia el lomo), además de un magnífico sabueso con una estructura más bien cuadrada y un cuerpo muy compacto. Los machos adultos miden unos 52 cm y pesan alrededor de 23 kg, y las hembras miden 49 cm de alto y pesan unos 20 kg.

Su pelaje tupido y profuso suele presentar varias tonalidades de gris, siendo las puntas del pelo de color negro.

El Elkhound Noruego es una raza antiquísima (los arqueólogos han hallado el esqueleto de un perro similar que databa del 4000-5000 a.C.), de perros de tipo Spitz que se empleaban para cazar alces.

El Elkhound seguía el rastro del alce y comenzaba a ladrar, acorralándolo hasta que llegara el cazador para matarlo. Participó por primera vez en una exposición canina en Noruega en 1877 y sigue empleándose para la caza en algunos países escandinavos.

La mirada ‘irresistible’ de los perros fue fruto de la domesticación

No es extraño ver a los perros poner esa irresistible cara, con los ojos bien abiertos y mirando fijamente como pidiendo algo o incluso suplicando clemencia tras una mala acción.

Pues bien, ese comportamiento es el resultado de la evolución, según un nuevo estudio publicado recientemente en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences.

La conclusión de los investigadores es que los músculos faciales implicados en ese movimiento son mucho más comunes y de mayor tamaño en los perros que en los lobos, su pariente salvaje, lo que sugiere que debió de adquirirse en algún momento durante el proceso de domesticación de estos animales.

Para llegar a esta conclusión, el equipo liderado por la la psicóloga Juliane Kaminski, de la Universidad de Porstmouth, (Reino Unido) diseccionó y analizó los músculos faciales de seis perros –incluyendo un ejemplar mestizo, un golden retriever, un sabueso, un husky siberiano, un chihuahua y un pastor alemán–, así como la de cuatro lobos grises (todos ellos habían sido donados para la ciencia).

Los científicos localizaron fácilmente un músculo situado encima del párpado llamado levator anguli oculi medialis, (músculo elevador del ángulo medial del ojo) en todos los perros del estudio, pero les costó mucho dar con él en el cadáver de los lobos. De hecho, en las pocas ocasiones en las que lo encontraron, se dieron cuenta de que era significativamente de menor tamaño, a excepción del husky siberiano, una raza mucho más antigua que las anteriores.

Comunicación con la mirada
“No hay pruebas científicas que indiquen que los perros muevan los músculos intencionadamente –dice Kaminski– pero sí podemos deducir que ese movimiento exagerado significa algo para los humanos”.

De alguna manera, los canes podrían deducir que cuando nos procuran esas miradas especiales no están comunicando algo, aunque sea de manera inconsciente, y que ello tiene algún tipo de consecuencia en nuestra relación con la mascota.

El equipo de Kaminski completó el estudio con la observación de ejemplares vivos, y descubrieron algo sorprendente: después de estar más de dos minutos junto a un humano, los canes levantaban sus cejas con mayor frecuencia y e intensidad que los lobos, lo cual daba a entender que existía algún tipo de vínculo comunicativo entre los perros domesticados a la hora de «levantar las cejas».

Los investigadores concluyeron que lo más probable es que este comportamiento, y esos músculos, se hubiesen desarrollado como consecuencia de un proceso de selección artificial inducido por las preferencias de los humanos durante el proceso de domesticación.

«Cada vez que un perro realiza este movimiento parece provocar en los humanos un fuerte deseo de cuidarlos, advierte Kaminski. Esto daría a los perros que mueven las cejas con más frecuencia una ventaja evolutiva sobre los demás ejemplares, lo cual serviría para reforzar esta característica de cara a las generaciones futuras».

Así pues, la próxima vez que regañes a tu mascota y esta se te quede mirando con ‘ojos de cachorrito’, no te culpes por ser demasiado blando si te rompe el corazón. La respuesta está en la evolución.

 

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