GLORIA SCOLA

Martin Provost: «Muchas mujeres mayores, a la muerte de sus maridos, parecen renacer»

El cineasta francés Martin Provost dirige a Juliette Binoche en Manual de la Buena Esposa, una comedia sobre un centro de formación de amas de casa en la Francia de finales de los 60.

Martin Provost: "Muchas mujeres mayores, a la muerte de sus maridos, parecen renacer"
Juliette Binoche. PD

En plena pandemia y desde su casa en el campo en el Vexin francés, el director Martin Provost (Finisterre, Bretaña, 1957) habla por videoconferencia con PERIODISTA DIGITAL sobre su nueva película,  Manual de la Buena Esposa.

Encantada de saludarle. Tengo entendido que Manual de la Buena Esposa surgió a raíz de su encuentro con una señora de 80 años que le contó que había ido a una escuela de amas de casa porque prefería quedarse con sus amigas que irse a estudiar.

Sí. Yo alquilé un sitio para escribir. Era un espacio en una casa muy grande de una mujer encantadora que vivía sola. Una señora muy activa que, con el estilo de vida de una granja, todos los días se levantaba a las cinco de la mañana para ocuparse de los animales, del jardín… Poco a poco, me acabó contando su vida. A los 15 años decidió ingresar en una escuela de amas de casa para no tener que separarse de sus amigas. Se notaba que había tenido una vida muy protegida y, sí, era feliz, pero también se veía que tenía una herida por no haber estudiado, ya que eso le habría abierto las puertas a un mundo más intelectual, y, también, más afectivo. Se había casado y había tenido hijos, pero, hablando con ella, comprendí que no había tenido el gran descubrimiento del amor. Parece que el amor no había llegado a su puerta, pero era porque había sido educada así, como lo muestro en la película, con esta idea de que la mujer tenía que servir a su marido, casi como una esclava, y eso es lo que aprendían en las escuelas de amas de casa. Si profundizaba en ella, veía que tenía esa herida por no haber podido desarrollarse en todos estos aspectos. Es una mujer formidable y le tengo mucho cariño, pero había algo en ella que la había dejado tocada. Siempre he pensado, a la vista de todas estas mujeres mayores viudas, y también lo veo en mi madre, que, a la muerte de sus maridos, parecen renacer, y que por fin pueden vivir a su manera. Es también el caso de Albane, que ha tenido una vejez quizá más feliz de la que hubiera tenido en otras circunstancias, porque ha sido al quedarse viuda cuando ha empezado a vivir, en cierta forma, la vida que a ella le hubiese gustado tener.

¿Quizá a veces habría que aplicar un programa de buenas maneras a ambos sexos?

(Ríe). Evidentemente. Pero es increíble que solo se les enseñara a las  mujeres. Eran las mujeres las que encarnaban la moralidad, la buena conducta. Y yo recuerdo que, en mi juventud, mis padres estaban obsesionados con la idea de que mi hermana se casara virgen. Yo tampoco soy tan viejo, así que parece aberrante que esto se exigiera a las mujeres, pero no a los hombres. De hecho, al contrario. A los hombres se les pedía que hubieran tenido otras experiencias antes de llegar al matrimonio. Y las mujeres no se realizaban si no era a través de un hombre, y esto es una aberración. Por supuesto, hablo de la norma. Siempre he visto mujeres libres e increíbles, pero para hacer cambiar la norma, para la liberación general de las mujeres, ¡Dios mío!, qué trabajo y qué dificultades ha habido para cambiar la mentalidad de la gente, de la sociedad. En Francia hemos tenido muchas dificultades con el idioma, (con el género gramatical) ya que hay términos femeninos y masculinos, pero no existe el neutro. Y nos damos cuenta a través de la lengua, del lenguaje, de que todo ha sido construido para mostrar que el sexo dominante es el masculino.

No le voy a preguntar si sus padres consiguieron su objetivo respecto a su hermana… En cualquier caso, usted nació en 1957, en Finisterre, Bretaña, y la película termina con el movimiento de Mayo del 68. Aunque era muy pequeño, ¿qué recuerdos tiene del Mayo del 68?

Tengo un recuerdo muy preciso que no se aleja mucho de la película. Estábamos en Bretaña, en Finisterre, el fin del mundo, y recuerdo que mi madre nos llevó al campo, con amigos, y nos encerramos allí. Mi madre empezó a hacer acopio de harina, de pasta, de huevos, ya que lo que escuchábamos por la radio es que lo que estaba ocurriendo en París era la guerra. Yo tenía once años y era la revolución… Para nosotros, que éramos niños, era una maravilla. No íbamos al colegio y aquello representaba la libertad, pero tenía conciencia de que algo muy importante estaba ocurriendo. Y para mi hermana, que era cuatro años mayor que yo, sí que fue un cambio; tuvo una gran repercusión en su vida. Por supuesto. También recuerdo que en esa época había un gran antagonismo entre la URSS y Estados Unidos, y, tal y como se dice en la película, oía a mi madre decir: “Que vienen los comunistas”. Era el miedo a que llegaran los rusos. Ese antagonismo entre la URSS y Estados Unidos estaba inseparablemente unido al Mayo del 68.

¿Cómo ha sido su trabajo con Juliette Binoche? He leído que escribió el guion pensando en ella. Por cierto, que me encantó su película Séraphine (sobre la pintora francesa Séraphine de Senlis), protagonizada por Yolande Moureau, que en Manual de la Buena Esposa hace de cuñada de Juliette Binoche

Sí. Este guion lo escribí para Juliette y para el resto de actrices y actores. Siempre escribo directamente para actores determinados, ya que así puedo conectar directamente con su forma de recitar el diálogo. Con Juliette Binoche iba a hacer otro proyecto, una película sobre un pintor desconocido muy interesante, pero finalmente no se hizo por falta de financiación, así que rápidamente escribí este guion para ella. Cuando se lo propuse, me dijo que el guion era formidable y que aceptaba hacerlo. Mi relación con ella ha sido muy afectuosa y cargada de entusiasmo, pero reconozco que, al empezar, ya desde el vestuario, no teníamos la misma visión del personaje. Juliette tiene un carácter fuerte, autoritario, y cuando tiene una idea, la lleva hasta el final. Y yo también. Pero, con los actores y con las actrices, he aprendido a encontrar el compromiso necesario para que sean lo más libres posibles, y así exprimir todo su potencial. Para que un actor pueda interpretar un papel es necesario que lo entienda, y lo importante es encontrar ese punto entre director y actor. La visión de Juliette sobre el personaje no era la mía, pero hemos bailado juntos, y ha sido estupendo.

Por último, incluso el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se ha contagiado del coronavirus. ¿Cómo cree que se está gestionando la pandemia en Francia?

Es una pregunta muy difícil, porque es muy fácil juzgar. Yo tengo una madre mayor, que vive en la casa de al lado, y estoy muy preocupado. Tengo mucho cuidado y tomo muchas precauciones porque no quiero que mi madre muera de esto. Por otro lado, me parece una aberración que se abran las iglesias y se cierren los teatros. Me resulta incomprensible. Cines cerrados y supermercados abiertos. Creo que hay un punto de cinismo en todo esto. Se tiene en cuenta la economía, pero todo lo cultural o artístico parece que no forma parte de la economía, o que no es imprescindible. Y, al mismo tiempo, no puedo evitar pensar que en el mundo hay 3.000 millones de personas que no comen. También siento tristeza por no poder entrar en una librería, a pesar de que me solidarizo con los libreros y con todos los que sufren. Tenemos que entender que hay muertes, que hay que proteger la vida, y que el gobierno, aunque, a veces, no hace lo que debería hacer, hace lo que puede. Hoy en día la información va rapidísima, y en cuanto hay algo, es juzgado en la prensa, en las redes sociales… Y no hay la distancia suficiente que necesita cualquier información para verla con mayor exactitud. Yo tengo la suerte de tener una casa en el campo, y aquí puedo salir, ocuparme de cosas, pero hay gente que vive en casas pequeñas y estoy seguro de que el confinamiento para ellos es un horror. Y también me da la impresión de que en Francia, no sé en España, con esta tragedia no nos damos cuenta de lo importante que es la cultura para la gente. Este es un momento difícil, pero como cineasta y escritor, por experiencia, sé que tras estas etapas desérticas, siempre hay un renacimiento. Tenemos que empezar a pensar en esta salida del túnel.

Por último, ¿puedo preguntarle donde está exactamente?

Vivo en el Vexin, una región al oeste de París. Es el lugar de los impresionistas. A tres kilómetros está Giverny, donde vivía el pintor Claude Monet, y aquí rodé Séraphine.

Qué bonito. Gracias y mucha suerte con todo.

Gracias a ti.

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