Hablaremos hoy y mañana de dos vinos muy diferentes pero que cuentan con un denominador común. Además de proceder del mismo grupo empresarial, gozan de la opción de ser degustados con verduras de temporada, lo cual los hace muy apetecibles en estos tiempos de primavera que vivimos. Lo celebraremos hoy con Santiago Ruiz 2020, el icónico vino blanco gallego elaborado por el considerado «Padre del albariño» al que tuve el honor de conocer en los pasados 90 en su propia bodega, y mañana con un elegante tinto, LAN D-12 2017, nacido del depósito favorito de los bodegueros de LAN, amantes de la huerta y de las tradiciones riojanas. Y así, de paso, rendimos un homenaje al trabajo en el campo, a la naturaleza y a la tierra de la que proceden.
Elaborado con albariño (72%), loureiro (13%), treixadura (6%), caiño blanco (5%) y godello (4%), procedentes de viñedo propio de 38 hectáreas ubicado en Tomiño (subzona de O Rosal), próximo a la desembocadura del río Miño, a una altitud de 50- 75 metros sobre el nivel del mar, de cepas de 15-20 años conducidas en espaldera que garantizan una óptima aireación e insolación, este Santiago Ruiz 2020 se presenta tras más de 30 años de historia como un vino «joven pero no recién nacido», en su óptimo momento de disfrute, como solía decir su creador Santiago Ruiz, reconocido como «Padre del albariño». Como es característico en Santiago Ruiz, la añada 2020 aúna la esencia de las variedades autóctonas con las que se elabora que proceden de su viñedo propio de 38 hectáreas. Allí se llevan a cabo prácticas de viticultura sostenibles para proteger su ecosistema nativo, fomentando el desarrollo de la flora nativa y preservando la vida silvestre eliminando pesticidas y herbicidas.
Su singular etiqueta fue creada hace más de 30 años por Isabel Ruiz, la hija mayor de Santiago. Celebraba su boda en la finca familiar, y para ayudar a los invitados a llegar hasta la bodega de San Miguel de Tabagón, decidió dibujar un mapa, que ha quedado para la posteridad como etiqueta de Santiago Ruiz. Un vino emblemático que, bajo la atenta supervisión de Rosa Ruiz, hija del fundador, continúa transmitiendo el espíritu de su creador en cada añada.
De color amarillo pajizo con reflejos verdosos, resulta en nariz intenso, fresco y complejo, combinando las notas de fruta blanca (pera de agua, manzana, pera, chirimoya) y cítricos (limón, pomelo) con toques balsámicos, anisados y minerales. En boca es complejo, de entrada golosa, con cuerpo y predominio de las notas cítricas. La combinación de las cinco variedades autóctonas le aporta una extraordinaria complejidad. Evolucionará en botella muy positivamente en los próximos meses y acompaña muy bien a mariscos y pescados en general, así como a arroces, comida asiática y carnes blancas. Ideal como aperitivo y para disfrutar con quesos frescos y postres ligeros. Servir entre 10 y 11 º C. Su PVP es de 13,45 €.
Y como prometíamos al principio, mañana hablaremos del LAN D-12 2017

