Intimidad ¿qué intimidad?
El robo de unas fotografías de la oscarizada Jennifer Lawrence, en las que aparecía como Dios la trajo al mundo, debería hacer recapacitar a quienes amparándose en el derecho a su privacidad o en la buena fe de los usuarios de las redes sociales, guardan en sus ordenadores todo tipo de documentos y fotografías. Una actitud un tanto infantil