YO, EL PESAROSO HURTADOR
Hoy, jueves, 18 de octubre de 2012, en la página 14 de Diario de Navarra acabo de leer, bajo el rótulo de Apuntes, la gacetilla titulada “Ciudadano arrepentido”, que arranca de esta guisa: “Los dueños de la perfumería Salvia de la avenida Barañáin de Pamplona recibieron ayer una carta inusual. Dentro de un sobre sin fecha ni firma un ciudadano les devolvía un abanico que robó del escaparate, después de que unos ladrones lo hubieran destrozado con anterioridad”.
La lectura completa del susodicho apunte me ha impelido a trenzar, adoptando la contrita personalidad del pesaroso hurtador (que, para evitar malentendidos, reconozco aquí, sin ambages, que no, que no fui yo) la décima que sigue:
“Muestro mi arrepentimiento.
Aquel día iba bebido,
Pero el dislate no olvido.
Marré en mi comportamiento.
Os pido perdón; no os miento.
“Otrora fui un botarate.
Robé del escaparate
Lo que os devuelvo en el sobre.
Soy hombre honrado, aunque pobre.
Disculpadme el disparate”.
Yo, el pesaroso hurtador
Ángel Sáez García
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